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Crítica / Brillante “Falla imaginado” de Moisés Sánchez - por Esther Martín

Madrid - 25/03/2026

El pasado sábado 21 de marzo caía la tarde, casi soleada, sobre la Sala de Cámara del Auditorio Nacional y los últimos asistentes al concierto de Moisés Sánchez, programado dentro del ciclo fronteras del CNDM con el título de Falla Imaginado, andaban más rápido de lo acostumbrado y con un objetivo firme, sentarse en sus butacas antes de que las señales sonoras anunciaran el comienzo del concierto. Días antes se habían agotado las entradas y la expectación era grande, las revisiones de la música de Falla en clave de jazz junto a obras de Moisés Sánchez conformaban el programa y representaban exigencia técnica y libertad creativa, o lo que es lo mismo, un concierto tan atractivo de ver como de escuchar.

Ya dentro, en la sala, bajo las magníficas lámparas y frente al órgano, el público diseccionaba con la mirada los elocuentes elementos que ocupaban el escenario, y mientras, su conversación se convertía en un murmullo cada vez más silencioso. El piano de cola con su banqueta, el contrabajo y dos atriles con sendos dispositivos electrónicos esperaron poco hasta recibir a los que serían sus beneficiarios aquella tarde. Moisés Sánchez al piano como maestro de ceremonias, Ana María Valderrama al violín y Pablo Martín Caminero al contrabajo tardaron apenas unos instantes en afinar e iniciar el concierto.

La primera parte comenzó con la Mazurca en do menor, que abrió la velada con energía, una pieza poco interpretada que destila folklore en el ritmo y melodía y que puso el contexto necesario para el resto de piezas. Tras las presentaciones de los integrantes del trío y una breve explicación del programa, llegó el turno de la Suite española, una obra en la que Falla adaptó siete canciones populares para voz y piano, de los que aquí se interpretaron seis y donde se pudo apreciar con claridad la mano de Moisés Sánchez en la partitura. Desde El paño moruno, una asturiana enraizada en la tradición, hasta Nana, una dulce canción de cuna, la revisión de estas canciones resalta el carácter de cada una y las convierte en obras del siglo XXI gracias a la preservación de su esencia y el uso del ritmo como elemento expresivo y de anclaje auditivo. Terminó este bloque con el Nocturno, un giro al Impresionismo del maestro de Cádiz, que se fusionó a la perfección con la libertad formal del jazz y en la que se hizo palpable la idiosincrasia del contrabajista Pablo Martín Caminero y su complicidad con el piano de Moisés Sánchez, ambos crearon un maravilloso momento de musicalidad al que acompañó una iluminación muy intimista.

Tras esto, no hubo descanso, nadie avisó de que habría dos partes ni se concedieron al público unos minutos de descanso, pero es cierto que lo que venía a continuación sí suponía un cambio de rumbo, y de ahí que se pueda hablar de la segunda parte del concierto. Pues bien, esta estuvo protagonizada por la Suite imaginada, una obra de Moisés Sánchez dividida en cuatro movimientos que inspira el nombre de este proyecto y con la que rinde homenaje al compositor gaditano. Su presentación estuvo llena de expectación pues los últimos trabajos de Moisés han recibido grandes elogios y suponen un soplo de aire fresco para el repertorio.

Esta suite comienza con un tempo calmado, un andante cargado de ritmo a través de acentos muy marcados y poderosas dinámicas guiadas por el violín, continúa con el allegro, que imprime vivacidad y denota el folklore originario, se contrarresta con el lento convertido en un canto violinístico y acaba con un presto tan vivo que el público apenas se podía mantener sentado en la silla.

El resultado es un conjunto de movimientos muy equilibrado que termina en un poderoso diálogo a tres: por un lado, el violín de Ana María Valderrama que funcionó como un imán en un juego magnético de enorme atracción, por otro, el contrabajo de Pablo Caminero marcó las bases de la melodía que debíamos recordar, y por último, el piano de Moisés Sánchez fijó la senda por la que discurrir, avivando dinámicas y rítmicas vertiginosas y buscando la contestación de sus compañeros. Funcionó muy bien que a esta suite le siguiera una revisión de la Danza ritual del fuego, una de las piezas integradas en El amor brujo más conocidas de Manuel de Falla y que sirvió para cerrar el programa. Convenció a los pocos escépticos que quedaban de que Falla iluminado es un proyecto que combina una enorme calidad musical de indudable valor escénico, a la vez que denota una brillante inteligencia por parte de su creador y un gusto excelente por las buenas compañías.

Con todo el aforo en pie, unánime en su ovación, hubo bis de Falla y agradecimientos cruzados, de músicos a público y viceversa.

Esther Martín

 

Ciclo Fronteras del CNDM

Moisés P. Sánchez, piano, composición y arreglos libres
Ana María Valderrama, violín
Pablo Martín Caminero, contrabajo

Auditorio Nacional, sala de cámara; 21/03/2026, 19.30 h

 

Foto © Rafa Martín

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