La Pequeña misa solemne de Rossini fue la música coral (una imaginada “banda sonora” compartida con cantatas y motetes de Bach entre obras y autores varios) con la que, partícipe activo, entré en los Madriles, refugiado de la imponente magnitud de la capital… He de reconocer que esta obra tiene, ha tenido así, cierta relación personal conmigo, al menos hasta donde su paradójico y genial autor permite.
Y sí, ésta fue la página elegida en el ciclo de cámara y polifonía Satélites de la OCNE, para, en la sala sinfónica de “su” Auditorio, confeccionar un concierto del Coro Nacional de España dirigido por Ángel García Cañamero, con el elenco vocal solista formado por: Ariadna Martínez, soprano; Maria Morellà, contralto; Francisco Díaz-Carrillo, tenor; y Pedro Llarena, bajo; junto con el trío instrumental: Sergio Espejo y Sebastián Mariné, pianos; y Daniel Oyarzabal, armonio.
Tres músicos, estos últimos, que también tuvieron sus momentos individuales de lucimiento solista, al margen de sus menesteres de acompañamiento.
Y es que ya en la entrada coral, Kyrie, iniciada con sutileza y continencia vocal, se adivinaba en su compacta parte instrumental, un efectivo puente hacia la naturaleza y recursos del más celebrado Gioachino Rossini.
Tras éste, un Gloria de gran variedad e inspiración, reservado para lucimiento de los solistas vocales, tras el puntual exordio del coro; un coro hoy especialmente generoso en cantidad y calidad.
En la memoria, el empoderado Domine Deus de tenor, el Qui tollis para duo, soprano y contralto, o el Quoniam de bajo… y, tiempo después, el O salutaris de soprano, ya casi a los postres.
Volvimos al coro en el final del Gloria y arranque del Credo, con todos los ingredientes en liza y robusto final. Como en el Sanctus que, por cierto, contara en esta versión, con un Benedictus especialmente delicado y calmo.
Una espléndida ocasión de escuchar con sus ingredientes en comunión técnica, proyección vocal equilibrada, solistas y nutrido coro, concentración y entrega, esta obra de título tan modesto y enigmático (¿Pequeña… y solemne?), como propio, también, de un autor, una celebrity de la época, que destacó en su vida más productiva, por otro tipo de géneros, si no siempre jacarandosos, al menos más épicos y asertivos.
Con la circunspección del Agnus Del, (Cordero de Dios) y la contralto en un sobresaliente papel, con melodías que mezclaban lo que sólo Rossini supo hacer al final de su vida, texturas y gestos de ascendencia operística manifestados en la línea solista e instrumental, con los más espirituales y recogidos del coro, siempre formal, hoy en un destacado contraste, efecto y virtud.
Un contraste que se fundió en un final algo más pasional y cromático de un satélite-Rossini, aquí estrella de un firmamento que extendía lo trascendente y beethoveniano en unión al espíritu más clasicista, con ese incomparable humor freudiano, como sólo él puede elevar desde la obviedad de la forma y, rematar con control y certeza.
Luis Mazorra Incera
Coro Nacional de España / Miguel Ángel García Cañamero.
Ariadna Martínez, soprano; Maria Morellà, contralto; Francisco Díaz-Carrillo, tenor; Pedro Llarena, bajo; Sergio Espejo y Sebastián Mariné, pianos; y Daniel Oyarzabal, armonio.
Pequeña misa solemne de Rossini.
Satélites-OCNE. Auditorio Nacional de Música. Madrid.
Foto © Rafa Martín