Música clásica desde 1929

 

Críticas seleccionadas de conciertos y otras actividades musicales

 

Crítica / Koopman y Ferrández debutan con la Filarmónica de Gran Canaria- por Juan F. Román

Las Palmas de Gran Canaria - 23/02/2026

El primer programa de abono de 2026 de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria recogió el debut del director Ton Koopman y el cellista Pablo Ferrández con el conjunto isleño, en un programa que aunaba barroco francés, Rameau y clasicismo centroeuropeo, Haydn.

La Suite de “Las Indias Galantes” de Rameau fue la encargada de abrir la velada. Primer gran éxito teatral de su autor, inscrita en el género de ópera-ballet, tan apreciado en la Francia de la época, narra diferentes peripecias amorosas inscritas en los exóticos ambientes de Turquía, el Perú incaico, Persia y Luisiana. La suite compilada por Koopman incluye la Obertura y una serie de danzas, con el estilo tan particular del barroco francés, de marcado carácter danzable sustentado en un destacado componente rítmico, que el director holandés dirigió con ligereza y contornos bien modulados,, haciendo sonar con limpieza y claridad de planos a una Filarmónica de Gran Canaria poco avezada en este repertorio de la que obtuvo un sonido empastado y con suficiente carácter, aunque no habría venido mal algo más de incisividad en los contornos que individualizara mejor cada una de las danzas.

El Concierto para violonchelo nº 1 de Haydn, el único de los 3 que se conservan del que tenemos la certeza de su autoría, es pieza de toque para todo violonchelista que se precie, desde su redescubrimiento en 1961 en el Museo Nacional de Praga. De carácter clasicista, indaga en las posibilidades del instrumento y su relación con la orquesta con la que el solista entabla un diálogo ampliamente desarrollado. Pablo Ferrández nos ofreció una lectura a la vez temperamental e íntima, muy trabajada en el fraseo, con un uso muy moderado del vibrato, extrayendo de su Stradivarius Archinto de 1689 un sonido cálido y sin fisuras, siempre dentro una visión contenida en el volumen sonoro, con un movimiento lento de auténtica filigrana, contando con la colaboración de Koopman, siempre atento a refrenar el sonido orquestal para que el solista pudiera escucharse con claridad incluso en los pasajes en piano.

El colofón vino con otra pieza de Haydn, la Sinfonía nº 100 “Militar”, llamada así por las intervenciones de trompetas y percusión incluidas en el segundo movimiento y la coda del cuarto, integrando una rica orquestación con maderas completas, clarinetes incluidos, y una amplia sección de percusión: bombo, platillos y triángulo de influencia turca.  La obra se inscribe en el conjunto de sus últimas 12 sinfonías conocidas como de Londres por haber sido compuestas a instancias del organizador de conciertos Johann Peter Salomon y estrenadas en la capital británica con gran éxito para su autor.

La pieza presenta la estructura habitual de las sinfonías clásicas en cuatro movimientos. Koopman ofreció una interpretación muy contrastada en la dinámica, jugando acertadamente con la oposición piano-forte, de sustrato rítmico bien marcado, lo que no evitó imprecisiones especialmente en el primer movimiento, y unas trompetas de época no siempre acertadas, reconduciendo el movimiento tras un adagio introductorio algo gris, hacia un desarrollo de los dos temas principales certeramente delineados.

El holandés jugó con el elemento sorpresa y las bromas, que tanto apreciaba Haydn, situando la percusión turca en uno de los palcos que rodean el escenario durante el segundo movimiento que plasmó con carácter muy relajado y una percusión sonoramente ajustada. El tercer movimiento, los dos habituales minuetos separados por un trio, aportaron el esperado contraste bailable, resaltando la atmósfera más serena del trío, para desembocar en el finale en forma de rondó, expuesto con finura en las sucesivas apariciones del tema principal, que culminó en una coda donde los tres músicos de la percusión turca se incorporaron a la orquesta cruzando el pasillo central de la platea disfrazados, en sintonía con  el carnaval que estos días se celebra en la ciudad, de manera que lo perdido en precisión y ajuste se ganó en teatralidad y complicidad entre los músicos y el público.

Juan Francisco Román Rodríguez

 

Pablo Ferrández, cello.

Orquesta Filarmónica de Gran Canaria / Ton Koopman.

Obras de Rameau y Haydn.

Auditorio Alfredo Kraus. Las Palmas de Gran Canaria.

31
Anterior Crítica / Lluvia, Amor y Esther Yoo, violinista extraordinaria - por José M. Morate Moyano
Siguiente Crítica / Rossini: Un satélite que se vuelve estrella - por Luis Mazorra Incera