En memoria de las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz, ofrecieron la Orquesta y Coro Nacionales de España, junto con los solistas vocales Katharina Konradi y José Antonio López, todos dirigidos por Josep Pons, el concierto de temporada que llevaba en programa una obra pensada en su día, precisamente, como bálsamo universal del dolor ante la muerte: Un réquiem alemán de Johannes Brahms.
La dirección estuvo centrada de inicio en el acentuado contraste entre las dinámicas y texturas de orquesta y coro, con una marcada articulación instrumental hasta su eclosión dinámica. Una concisión técnica que ofrece siempre frutos a largo plazo.
De resultas, un cabal “Bienaventurados los que sufren”, no en vano, fue espontáneamente aplaudido.
El más enérgico, con ese extraño carácter de marcha (¡en ternario!): “Porque toda carne es como hierba…”, presentó características y formalidad similares que, en su rigor métrico y dinámico, tuvieron un cincelado perfil hasta la aclamación exultante: “eterna alegría reinará entre ellos… alegría y felicidad les colmarán…”, que ya no pudo recoger velas.
José Antonio López, con una dicción especialmente cuidadosa, timbre característico y adecuada proyección vocal afrontó “Señor, enséñame que debo tener un final” aportando el carácter y expresividad solistas precisos, manteniendo el punto dinámico adicional de proyección vocal, con un coro siempre protagonista, mención a la cuerda de tenores dispuesta originalmente por el del Hamburgo que, por cierto, todo sea dicho, en la monumental fuga sobre pedal quedó tapada en su enunciado del sujeto por una orquesta un tanto desahogada, al igual que las entradas que se sucedieron en las otras tres voces, en un forte sin paliativos que sólo encontró cierto balance en los últimos compases.
Con “Cuán deliciosas son tus moradas, Señor Sabaoth” la plasticidad del coro tomó las riendas de un logrado equilibrio dinámico junto a la definida articulación en la orquesta, hasta llegar los episodios del movimiento más asertivos y exultantes (“Dichosos los que habitan…”).
Imaginado eje de simetría macroformal de la obra que nos llevó a “Ahora estáis tristes” con la soprano Katharina Konradi. Voz, al igual, con buena proyección y dinamismo en todo su rango vocal, y, también, un característico vibrato (del que tampoco estaba exento el barítono citado). Una voz que no tuvo, pues, problema alguno en competir, siempre destacada y expresiva, con el resto de fuerzas puestas en juego por Brahms, coro y orquesta (con una sección de cuerda, dicho sea de paso, dimensionada sobre la base de seis contrabajos).
Con barítono solista de nuevo, “Puesto que aquí no tenemos una morada permanente”, que daba réplica al coro o lo incoaba con eficacia: “La muerte ha sido destruida por la victoria”.
Con “Bienaventurados son los difuntos que mueren en el Señor” volvimos a casa en lo que respecta a la textura coral y el sentido de cierre simétrico de toda la obra, en si con un neto, conceptual y aclamado a la postre, protagonismo coral.
Luis Mazorra Incera
Katharina Konradi, soprano, y José Antonio López, barítono.
Orquesta y Coro Nacionales de España / Josep Pons.
Un réquiem alemán de Johannes Brahms.
OCNE. Auditorio Nacional de Música. Madrid.
Foto © Rafa Martín