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Críticas seleccionadas de conciertos y otras actividades musicales

 

Crítica / Recortando la barba - por Jorge Binaghi

Hamburgo - 25/06/2026

O ‘rizando el rizo’. El caso es que aquí, tal vez por contagio con otros ámbitos, han intervenido las tijeras, y no creo que haya sido el título el que lo haya inspirado. Veamos. Cuando se visita Hamburgo hay que ir a la ElbPhilarmonie (imposible conseguir entrada) y a la Ópera, donde sí pude ver -gracias a una gentilísima oficina de prensa- la más popular - obra maestra incuestionable- de las óperas de Rossini.

El público (muy numeroso) se divirtió a más y mejor, servidor mucho menos. O alguien está equivocado o. más probablemente, se valoran cosas muy distintas y hasta antagónicas. La nueva producción lleva la firma de Tatjana Gürbaca, pero lo más que se le puede reprochar a una escenografía minimalista- bien usada y con ritmo- es que casi todo el mundo está presente casi todo el tiempo, y si eso es chocante durante las arias u otros momentos en que la atención debe concentrarse, se podría aceptar si tuviera algún sentido, cosa que no ocurre o se transforma en un sinsentido (considerando otras producciones de la misma directora, ésta no ha sido la peor).

Es de desear que a Fiorello, Berta, y hasta un guitarrista y el oficial les hayan pagado por el tiempo de presencia y de actuación que supera de lejos aquél en que cantan y son en realidad necesarios.

En otros tiempos, el director (y más si se trataba del director musical de la casa, como ahora) intervenía. Claro que no debía dirigir Omer Meir Wellber, pero al final fue él en casi todas las funciones. La orquesta le respondió muy bien, pero además de sus improvisaciones al ‘clave’ (que poco tenían que ver con el mundo de Rossini) alternó tiempos vertiginosos con otros en que predominó el ‘forte’ y no todos los cantantes tenían las posibilidades de superar la barrera de sonido. Claro que aquí parece que más que al cantante se valora al artista, y en esto eran todos muy buenos, flexibles, dinámicos, rápidos. Pero me parece que hasta en Alemania hay que prestar atención al canto, y si estamos en uno de los padres del belcanto, más.

Que se haya aplaudido el aria de Berta, una Hellen Kwon que sin duda es de la casa y en sus principios cantaba bien, con unas variaciones inauditas y gritadas, escapa a mi voluntad de comprensión. El canto de coloratura, como debe ser y sin deslizarse sobre las agilidades, no estuvo muy presente en el simpático Lindoro/Almaviva de Jonah Hoskins, que tendría material para hacerlo, y sí bastante más, pero no del todo, en la dipsómana y ninfómana Rosina (no parece exactamente el personaje de la obra) de Lilly Joerstad. Mattia Olivieri sí cumple con todos los requisitos (voz bella, sin límites, estilo perfecto, técnica límpida), pero Fígaro sólo no puede salvar la ópera, y mucho menos si se le suprimen recitativos a mansalva (como a los otros: la escena de la lección de música, convertida en clase de yoga para Don Basilio, corta por supuesto la intervención de éste sobre la música de otros tiempos, esencial para el personaje). Todavía me estoy preguntando por qué la primera escena (con el coro en calzoncillos y Fiorello y Lindoro con algo así como pijamas) precede a la obertura que luego sigue, sin interrupción, con ‘Ecco ridente in cielo’.

Muy correctos, o si se quiere buenos, el Bartolo de Johannes Martin Kränzle (un personaje muy alto y muy baritonal para lo que tiene que cantar, pero que no llegó nunca a recordar a sus papeles alemanes, en particular algún Wagner), y el mucho menos exigido bajobarítono Ilia Kazakov, de buenos graves en Don Basilio (lástima que su descripción de la calumnia sea arruinada porque todos intervienen ilustrando el progreso del rumor, pero el afectado termina siendo el tutor, o sea exactamente al revés de lo que pretende el maestro de música).

William Desbiens es un Fiorello hiperactivo y dispuesto a hacerse oír cada vez que puede. Correctos los demás y el coro. Una última cosa: si destrozar los recitativos era para agilizar y terminar antes, no sé a qué venían ciertas repeticiones de gestos o exclamaciones que volvían a alargar lo que se ‘ganaba’ supuestamente con dichos cortes.

Por otro lado, el rondó final del Conde sí que se podría (y solía) cortar si no se está seguro de conseguir una versión espectacular del mismo (aunque para ‘distraernos’ Fígaro y sobre todo Rosina se enfadan con él y la pirueta para el final feliz no superaría ningún examen).

Jorge Binaghi

 

Mattia Olivieri, Lilly Joerstad, Jonah Hoskins, Johannes Martin Kränzle, Ilia Kazakov, y otros.

Coro y Orquesta del Teatro / Omer Meir Wellber.

Escena: Tatjana Gürbaca.

Il barbiere di Siviglia, de Rossini

Hamburgische Staatsoper.

 

Foto © Tanja Dorendorf

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