Música clásica desde 1929

 

Críticas seleccionadas de conciertos y otras actividades musicales

 

Crítica / Qué día aquel - por Gonzalo Pérez Chamorro

Madrid - 01/03/2026

Hay días que el Cuarteto Belcea rompe barreras estilísticas y se embarca en programas que conjugan un breve Mendelssohn escasamente transitado, uno de los creadores de cuartetos del siglo XX menos reconocidos como Britten y un quinteto con piano delirante que apenas tiene cobijo en los atriles de pianistas y ensembles de cámara, el de Weinberg. Ese día fue el que nos tocó “vivir” en el ciclo Liceo de Cámara del Centro Nacional de Difusión Musical. Y qué día aquel...

Acostumbrados a un Belcea que se reúne de estrellas como la violista Tabea Zimmermann (Quintetos de Mozart) o pianistas como Chamayou (Quinteto de Franck) o Anderszewski (Quinteto de Shostakovich), la elección de la rusa Yulianna Avdeeva responde a dos cosas: una, evidente, ya está en lo más alto de los pianistas actuales, aunque con un repertorio bien característico; y dos, que es una defensora y gran conocedora de Mieczysław Weinberg (1919-1996), un compositor a la estela constante de Shostakovich, una música como un susurro por su poca difusión, que atraviesa el siglo XX con la dignidad de quien ha visto el horror y, aun así, decide expresarlo con valentía.

En el Quinteto Op. 57 la música parece hablar en voz baja, como si temiera despertar temidos fantasmas, pero, sin embargo, ofrece una cara delirante por momentos, encontrando precisamente su verdadera naturaleza en el delirio, que se acomoda en el oyente hasta hacerse comprensible (especialmente en los dos movimientos más logrados, el Largo y el Allegro agitato final). Hablar de una interpretación colosal es quedarse cortos; el Belcea y Avdeeva filmaron la primera gran película de la historia de este Quinteto en España.

Antes, en una extraña (menudo día) primera parte, las dos piezas de Mendelssohn que exploran la figura de Bach en sus fugas (Capriccio y Fuga del Op. 81) mostraron la grandeza de sonido de este Cuarteto, pasando a la elegía que es el Segundo Cuarteto de Britten, apoteósico en su purcelliana Chacony final, emocionante en unos unísonos que parecían trascender más allá del espacio en el que los Belcea los tocaron. Solo por estos casi diecisiete minutos de la mejor música del Orpheus Britannicus del siglo XX, el Belcea justificó el caprichoso programa de aquel día.

Gonzalo Pérez Chamorro

 

Cuarteto Belcea

Yulianna Avdeeva, piano

Obras de Mendelssohn, Britten y Weinberg.

Auditorio Nacional de Música | Sala de Cámara

Liceo de Cámara, Centro Nacional de Difusión Musical

 

Foto © Elvira Megías

7
Anterior Crítica / Locus amoenus - por Luis Mazorra Incera