La dirección de la Sociedad de Conciertos de Alicante ha considerado más que interesante terminar la temporada organizando un concierto protagonizado por el ganador del XLI Premio de Interpretación Sociedad de Conciertos de Alicante-Oftalvist del presente año, el joven violonchelista nacido en Ponferrada Luis Aracama, con el deseo de que su arte terminara siendo disfrutado por una mayoría de abonados de la Sociedad lo más pronto posible, secundado para tal ocasión por la pianista coreana Shinyoung Lee, con un programa muy interesante en cuanto a tres de sus obras, cada una de ellas de las más significativas del repertorio de cámara de los destacados compositores escogidos: la Segunda sonata para violonchelo y piano en Fa mayor, Op. 99 de Johannes Brahms, la Sonata en Re menor, CD 144 de Claude Debussy y la Sonata en Re menor, Op. 40 de Dmitri Shostakovich, para concluir con las atractivas Variaciones sobre un tema de Rossini, H.290 de Bohuslav Martinů.
Con un nivel de concentración que se apreciaba desde su entrada en el escenario, Luis Aracama afrontó el temperamento y la audacia que requiere la ejecución de la pieza de Brahms, contraponiéndose al lenguaje sinfónico del piano que lleva a que haya que abordar su interpretación con una frescura que se hizo patente desde los primeros compases del Allegro vivace con el que se inicia. El violonchelo realizaba su canto saltando sobre los tremolados sonidos pianísticos, antes de que Shinyoung Lee presentara el segundo tema de manera tan apasionada que llegaba a desequilibrar el pulso ternario de su compás. Éste sirvió para impulsar que el desarrollo manifestara un cierto grado de dramatismo cuando se sumergían en los pasajes circunstanciales de tonalidades menores que iban apareciendo en el discurso, previos a la necesaria tensión que requería la recapitulación. En el segundo tiempo, Adagio affetuoso, procuraron ambos intérpretes discernir sus particulares cometidos con segura distinción, llamando la atención cómo el violonchelista acompañaba con especial dulzura hasta llegar a la sección central, más apasionada antes de volver al inicio y a la conclusiva coda, en la que fundieron los temas que sustancian este movimiento realzando su equilibrado diálogo. La agitación se hizo patente en el tercer movimiento, Allegro passionato, apareciendo ese carácter rapsódico tan propio de Brahms, que tuvo su momento de serenidad en el dulce trío con el que Aracama demostraba su cuidada y limpia técnica de arco. El aire de rondó del allegro final fue presentado como un momento liberador de las tensiones de los tiempos anteriores, realzando el contenido folclórico que contiene su primer motivo después de los intercambios de protagonismo que plantea su desarrollo. El momento decisivo fue la coda con el desvanecimiento dinámico progresivo que platearon ambos intérpretes, para estallar repentinamente en una sucesión de acordes mayores que llevaban la interpretación a su conclusión con una afirmación exultante de vida.
La actuación tuvo su continuidad con la sustancial sonata de Debussy, en la que el violonchelo tiene especial protagonismo a resultas de la recomendación de la nota manuscrita del autor: “Que el pianista no olvide jamás que no se trata de luchar contra el violonchelo, sino de acompañarlo”. Siguiendo esta consideración y predisponiendo al oyente en tal sentido, fue muy bien expresado por la pianista el Prólogo a modo de obertura a la francesa, haciendo un uso delicado del pedal al que el violonchelista respondía con un definido sonido ornamental que se mezclaba con la polifónica línea melódica expuesta por Shinyoung Lee. Supieron desentrañar la saturación que supone la Sérenade, marcada Modérément animé, desde los curiosos pizicatti del violonchelo hasta los staccati en la zona grave del piano, que sirvieron para hacer que las ocasionales inserciones melódicas en legato fueran aún más expresivas hasta la disolución misteriosa del movimiento. De inmediato abordaron el Finale de la sonata con ese aire ligero y nervioso que deriva de su indicación de carácter. Ambos intérpretes fueron fieles a esa particular estrategia estética de Debussy de generar varios clímax de inminente decaimiento hasta llegar al suplicante planteamiento que Aracama expuso con una breve cadencia antes de que los dos intérpretes concluyeran en una explosión de manifiesta intensidad persusiva. Se terminaba así la primera parte del concierto para beneplácito del auditorio.
La segunda inició su andadura con la tercera gran obra del programa; la Sonata, Op. 40 de Shostakovich. Adaptándose a los cánones estructurales que abren la sonata ambos intérpretes fueron fieles a la calidad lírica de los dos temas que se suceden en su desarrollo, exponiendo con detalle la diluida recapitulación del primero y de manera diáfana la reformulación del segundo antes de llegar a la conclusión de manera inquietante y mesteriosa. En el segundo, Allegro, el violonchlista enfatizó desde la penetrante sonoridad de su instrumento, construido el año 2005 por el lutier polaco Wojciech Topa y que perteneció al gran maestro ruso Iván Monighetti, el reivindicativo rasgueo tosco y repetitivo que propone el autor como reafirmando su muy personal calidad de músico genial, tan criticado por la corriente artística del “realismo socialista” que imperaba en la Unión Soviética en los años treinta, quedando plenamente manifiesto en el sentido satírico que le dieron a la coda. En el Largo que ocupa el tercer lugar de la sonata, se adentraron en su carácter lírico con un prefecta adaptación vocal del violonchelo que, desde su articulado canto, manifestaba una desesperación pausada a la vez que densa, reconvertida en apasionada esperanza antes de desvanecerse en un profundo silencio. Hicieron una lectura grosera y cómicamente siniestra del Allegro final generando un tremendo impulso, para terminar con un último risoluto de forma abrupta y poco ceremoniosa que, pese a lo inesperado, provocó los mejores aplausos.
Terminaron su actuación con las Variaciones sobre un tema de Rossini, H.290 de Bohuslav Martinů, que sirvieron para aligerar la densidad de las obras anteriores del programa dándole un tratamiento distendido, siendo en todo instante fieles al propósito del compositor checo de rendir un homenaje al gran operista italiano sin caer en la imitación, haciendo que se pudiera disfrutar de su ingenio estético personal reinterpretando la tradición clásica desde su fina sensibilidad musical. Ante el reconocimiento del público traducido en un merecidísimo aplauso, este dúo ofreció una exquisita adaptación para violonchelo del lied Wie Melodien zieht es mir, Op. 105-1 de Johannes Brahms que daba un toque de distinción al concierto, obra muy propicia para demostrar una vez más la musicalidad y proyección artística de estos dos jóvenes intérpretes, temperamentales valores emergentes.
José Antonio Cantón
SOCIEDAD DE CONCIERTOS DE ALICANTE
Dúo: LUIS ARACAMA (violonchelo)) y SHINYOUNG LEE (piano).
Obras de Brahms, Debussy, Shostakovich y Martinů.
Auditorio de la Fundación Mediterráneo Alicante. 04-VI-2026
Foto © Angel Yuste