Ravenna ha vuelto a poner este año sus monumentales lugares históricos, desde la Basílica de San Vitale hasta la restaurada fortaleza veneciana de Rocca Brancaleone, al servicio de un festival veraniego de variadísimas actividades con Riccardo Muti como figura central. La decisión de este decano de la interpretación orquestal de reducir su carrera internacional para afianzar en Italia el legado de Toscanini, Votto y Gui entre otros, se ha convertido hoy en una misión prioritaria de calidad acreditada por el éxito de dos instituciones por él fundadas: la Orquesta Juvenil Luigi Cherubini y la Academia de Ópera Italiana que lleva su nombre.
RITMO asistió a una inusual convocatoria de Muti que tuvo lugar en la Pala de Andrè, la enorme arena cubierta en las afueras de la ciudad, donde dirigió una multitudinaria aglomeración de coristas (3546 entre profesionales y aficionados) de toda Italia a lo largo de dos días de ensayos. Las obras escogidas fueron el Ave Verum de Mozart, Ave Signor de Boito, Casta Diva de Bellini, y el Requiem de Verdi. Frente a todas ellas el público recibió de su Maestro (en Ravena jamás se lo llama por su nombre y apellido), explicaciones históricas sobre cada obra, arengas de filosofía artística, e instrucciones que dirigió desde un piano que compartió con Davide Cavalli, un excelente solista acompañante. Todo ello ocurrió bajo el auspicio de Cantare amantis est, un adagio de San Agustín que asocia el canto con el amor y la plegaria; y todo fue dedicado a la memoria de Don Giovanni Minzoni, un cura promotor de las artes y el activismo artístico juvenil martirizado a golpes por fascistas locales en1923. “La felicidad de vuestros rostros es grito de vida” reza una frase de Don Minzoni estampada en la camiseta azul distribuida por el Festival y usada por todos los coristas en el estadio y en las calles y locales de la ciudad durante las dos jornadas que abarcó esta convocatoria.
La extroversión pedagógica de Muti como maestro de ceremonias de este multitudinario ejercicio asombrará a tal vez a quienes se limitan a seguir la carrera internacional de este director de orquesta de gesto severo en Londres, Viena o Salzburgo. Pero ocurre que en Italia y en Ravenna nos encontramos ante un artista abiertamente inspirado. En medio de sus compatriotas, es posible advertir el humor sardónico e irresistible escondido detrás de esta aparente severidad, y también participar de una comunicatividad rebosante de entusiasmo.
El ensayo de Casta Diva se centró en numerosas repeticiones del pasaje coral de Casta diva che in argenti, con enfáticas instrucciones rítmicas para evitar lo que el Maestro execra como el marcado estilo “organillo de plaza” que tan erradamente muchos creen ver en la ópera italiana. El mega coro, unas veces al unísono, y otras dividido según la cuerda, tuvo que esforzarse para pronunciar el “Ca” en la primera palabra marcando bien la “C” pero sin abrir mucho la “A”, o la necesidad de graduar dinámicas evitando tendencias al “forte”, y distinguiendo el “sottovoce” de la “mezzavoce”. “¡No olviden que las dinámicas son el fundamento de la música! Y esta pieza es un ejemplo de cómo la música italiana está intrínsecamente asociada con cada sílaba de la palabra, sin sinfonismos paralelos o independientes. Y es una pieza particularmente original, porque expresa una cierta melancolía pastoral en clave mayor. Pero por favor… ¡no hagan ralentandos que no están en la partitura y que a veces salen por culpa de algunos directores que por ser muy viejos no pueden mover la batuta en tiempo!”.
En el Ave signor de Mefistofele, el director dedicó varios minutos al coro de niños (la corista más joven tenía seis años), instruyó por separado a los coros de sopranos a cargo de las dos falanges celestiales, e insistió en el marcado staccato aún en los balbuceos en piano para marcar bien los crescendos culminantes. La soprano Maria Grazia Schiavo, que había acompañado al coro en Casta Diva volvió a integrarse a él para el Andante final del Requiem de Verdi. Muti advirtió que los pianísimos marcados como ppp no deben ser inducir pasividad coral sino ser acompañados vocalmente con claro énfasis de aprehensión y petición: “El Requiem de Brahms es fundamentalmente consolación, beatitud, certeza de la felicidad de los muertos. El de Verdi es en cambio una pregunta y un pedido y es la palabra la que guía el cambio de tonalidad. Aquí la música está al servicio de la palabra”.
Ninguna crónica sobre esta multitudinaria experiencia coral no puede eludir lo que tal vez sea lo más importante, a saber, una atmósfera de vivacidad e intercomunicación masiva similar a la de un evento deportivo. Mientras esperaban a su Maestro, los coros, con la espontaneidad típica de las hinchadas de fútbol culminaron su griterío de saludos recíprocos con una gloriosa entrega del Volare de Domenico Modugno para contrastar abrupta y conmovedoramente minutos después con el Ave Verum mozartiano impuesto por Muti como comienzo de programa: “Canten adentro de cada nota, ascendiendo al comienzo a través de esos dos Ave… un poco pensando que son toda la humanidad… En el ‘esto nobis’ redondear bien la ‘o’ ¡Si nos sale bien se lo mandamos al Papa!”. Sobre el final de las dos jornadas Muti ensambló todas las piezas en un “Concerto” a través del cual éstas se sucedieron sin interrupción.
La segunda jornada, que coincidió con la celebración de los ochenta años de la actual República Italiana fue aprovechada por el Maestro de Ravenna para enviar uno de sus consabidos desafíos a esos poderes gubernamentales que tanto critica por su falta de apoyo a la instrucción musical y el desarrollo cultural en general. Roma celebró la fecha con un rampante militarismo durante la cual el himno nacional fue entonado por un tenor con voz de trompeta, un poco en la tradición norteamericana. “¿Por qué un solista? ¿Por qué imitar los americanos, eligiendo una especie de Tribuno de la Plebe, cuando se trata de un himno expresivo de una masa coral que deber representar a todo un pueblo?”, preguntó Muti a su multitud con su invariable socarronería. “¿Y por qué este tiempo de marcha?”, continuó. “Esta pieza no es una de esas marchitas que dan mal nombre a la música italiana con ritmo de ‘zumpa zum´ o ‘taratatá’… Esto es un Himno, a redondear con legatissimo y sin apuros. Y así se los hizo redondear a sus coristas, a través de diversas repeticiones que transformaron la pieza en una especie de asertivo y trascendente coro a lo Verdi.
Al día siguiente varios medios de prensa aseguraron que la intimación cultural de Muti figurara en un lugar destacado.
Agustín Blanco Bazán
Festival de Ravenna, Pala de Andrè, 1 y 2 de junio de 2026.
Cantare amantis est. Segundo viaje a través de la música coral guiado por Riccardo Muti.
Obras de Mozart, Bellini, Boito y Verdi.
Riccardo Muti y Davide Cavalli (piano), Maria Grazia Schiavo (soprano).
Ravenna, junio de 2026.
Foto © Marco Borrelli