Sabor y regusto del otro lado del Atlántico con Jeromita Linares de Carlos Guastavino para guitarra y cuarteto. Fue la gustosa (“Guastosísima”...) entrada en materia del concierto del Poética ensamble cuyos miembros se citan en el faldón, en la segunda entrega de este curso del ciclo de cámara y polifonía Satélites de la OCNE. Y bien es verdad que este programa tenía de todo el… de cámara y de polifonía, quiero decir… y en este orden de inicio… y luego, alternado además.
Gustosa entrada, ganando puntos según pasaban los minutos, rompiendo el hielo de este frío peninsular (no demasiado por el momento, por cierto, en este largo, larguísimo veranillo de San Miguel… ampliado a octubre…) para ir adquiriendo poco a poco otra húmeda calidez que adjudicamos sin demasiada precisión ni sentido, a aquellos parajes.
Una calidez gestual que tuvo su definida estructura con sus solistas bien surtidos de bellas melodías partiendo de un expresivo y sonoro violonchelo y el carácter que siempre imprime con su sola presencia, la guitarra. Para terminar con un definido contrapunto casi vocal de un autor, por otro lado, bien conocido, especialmente en el mundo coral, con una atractiva producción en este ámbito.
Las Canciones populares argentinas nos mantuvieron en las gratas manos de Guastavino, pero ya para el cuarteto vocal a cappella. Mi garganta, de rítmica muy bien definida y ofrecida con carácter y afinación. En los surcos del amor su contraste lírico. Manteniendo de fondo, este impulso rítmico hasta “donde se siembran los celos…” (sic). Desde que te conocí, de nuevo rítmica, más compleja con un entrelazado contrapunto a comprometida velocidad y dinamismo. El Cañaveral, una mezcla de ambos mundos en el sufrido corsé de ajustada brevedad de las anteriores canciones.
La Canción del atardecer de las Tres piezas para cuarteto de cuerda de Alicia Terzian, nos devolvía de la polifonía a la cámara… Desde una sonoridad ambigua y expectante a una intensidad más… “progresiva” (?), polirrítmica por momentos, obstinada y misteriosa siempre… en busca al fin, de su simetría formal.
Volvimos de nuevo a la polifonía con Luz de mundos de Irma Urteaga. Armonías aún más arriesgadas en su conjunción a cappella, cercanas al universo estético “occidental” contemporáneo aunque sin perder aquel sabor melódico y lineal, y un trasfondo tonal con su rotunda cadencia, brillante en este contexto.
El Cancionero de Lampião nos acercó el Brasil del otrora premio Tomás Luis de Victoria, Marlos Nobre. Una característica Muié Rendêra generó una natural salva espontánea de aplausos sin esperar a la conclusión de esta suite. Como, con mayor lirismo y guitarra, en É Lamp, é lamp, é lampa, o, para terminar, con Las Cantigas de Lampião… también con sus simetrías, siempre eficaces formalmente.
La breve Marcha del inca de Cuatro cantos incaicos de Luis Gianneo nos devolvió a la cámara del cuarteto de cuerda en una sencilla partitura llena de humor y vitalidad, a modo de breve scherzo de programa
La Zamba de Juan Panadero de Gustavo Leguizamón cerraba este compacta velada transoceánica, con todos sobre las tablas de la sala de cámara del Auditorio Nacional de Música.
Un cierre que se prolongaba con el arreglo de la chacarera Juan del Monte del mismo autor. Una obra que respiraba por los cuatro costados aires de ida y vuelta…
Aires lejanos, quizás… aires nuestros, también… buenos aires, sin duda… de un mundo quizás distante que, por estas fechas (justas controversias históricas aparte), es de ley recordar y sentir con sus bellezas musicales de ida, vuelta y… revuelta… Bellezas ofrecidas y recibidas con empatía, entusiasmo y fe, como en el día de hoy.
Luis Mazorra Incera
Poética ensamble:
Gloria Londoño, soprano; Laura Godoy, mezzosoprano; Daniel Rey-Grimau, tenor y guitarra; y Francisco Santiago, bajo.
Laura Balboa y Jone de la Fuente, violines; Martí Varela, viola; y Gabriel Sevilla, violonchelo.
Obras de Gianneo, Guastavino, Leguizamón, Nobre, Terzian y Urteaga.
Satélites-OCNE. Auditorio Nacional de Música. Madrid.
Foto © Rafa Martín