En 1970, año en que se celebró el bicentenario del nacimiento de Ludwig van Beethoven con una enorme profusión de conciertos sinfónicos y recitales dedicados a su música, María Tipo, la gran pianista italiana, habría dicho que el mejor homenaje que se le podría hacer a Beethoven consistiría en no interpretar su música durante un año. Si la cita fuera auténtica, cabe suponer que Tipo quiso expresar su preocupación por el peligro de que la interpretación excesivamente frecuente de sus obras pudiera perjudicar la percepción de su trascendencia. En tal caso, su intención habría sido subrayar la importancia de preservar la inmensa originalidad de la creación beethoveniana.
Sin embargo, esta reflexión, de ser cierta, resultaría discutible. La música de Beethoven, sobre todo la contenida en sus dos grandes ciclos —los 16 cuartetos de cuerda y las 32 sonatas para piano—, pero también en el resto de su producción camerística, posee una riqueza musical e intelectual tan extraordinaria que resulta imposible reducir su impacto en el público interesado por la mera superabundancia de interpretaciones, buenas o malas. Cabe recordar que estas 32 sonatas corresponden a las obras publicadas con número de opus, a las que deben añadirse algunas composiciones pianísticas juveniles que no forman parte del ciclo tradicional.
En 2027 se conmemorará el bicentenario de la muerte del maestro. Esta efeméride ha propiciado, ya en la presente temporada, numerosos conciertos y ciclos dedicados a su obra. La Sociedad de Amigos de la Música de Viena, una de las principales instituciones promotoras de la vida musical de la ciudad, ha organizado en dos etapas una integral de las sonatas para piano, confiada al alemán Igor Levit, uno de los pianistas más destacados de la actualidad.
Levit nació en Nizhni Nóvgorod, ciudad rusa que en 1987, año de su nacimiento, llevaba el nombre de Gorki, en homenaje al gran escritor. A los ocho años emigró con su familia a Hannover, donde completó su formación pianística en la Universidad de Música, Teatro y Medios de Comunicación de dicha ciudad, de la que es actualmente profesor.
Igor Levit destaca por su impresionante musicalidad y por un virtuosismo puesto enteramente al servicio de sus interpretaciones. Estas se caracterizan tanto por su intensidad emocional como por un profundo enfoque intelectual de las obras abordadas. En el panorama pianístico actual, en el que abundan los jóvenes intérpretes dotados de asombrosas capacidades técnicas, resulta reconfortante encontrarse con un artista que concede a las partituras una lectura musical e intelectual de semejante profundidad.
En la Gran Sala Dorada del Musikverein de Viena, Levit acaba de completar la primera parte de esta integral de las sonatas para piano de Beethoven, distribuida en cuatro recitales celebrados los días 2, 4, 6 y 7 de octubre. Los programas fueron los siguientes:
I. Sonata en fa menor, op. 2 n.º 1; Sonata en la bemol mayor, op. 26; Sonata en sol mayor, op. 79; y Sonata en do mayor, op. 53, Waldstein.
II. Sonata en fa sostenido mayor, op. 78; Sonata en mi bemol mayor, op. 7; Sonatas en mi mayor y en sol mayor, op. 14 n.º 1 y n.º 2, respectivamente; y Sonata en mi bemol mayor, op. 81a, Los adioses.
III. Sonata en do menor, op. 10 n.º 1; Sonatas en sol menor y en sol mayor, op. 49 n.º 1 y n.º 2, respectivamente; Sonata en fa mayor, op. 54; y Sonata en fa menor, op. 57, Appassionata.
IV. Sonata en re menor, op. 31 n.º 2, La tempestad; Sonata en si bemol mayor, op. 22; Sonata en do mayor, op. 2 n.º 3; y Sonata en do menor, op. 13, Patética.
Entrar a analizar individualmente cada una de estas interpretaciones resultaría tedioso para el lector. No obstante, merece la pena señalar algunos rasgos esenciales del enfoque de Levit.
En primer lugar, cabe destacar su seriedad interpretativa, rigurosamente fundamentada en el texto musical. Levit busca en la partitura aquello que el compositor quiso transmitir y, dentro de la inevitable libertad que caracteriza toda interpretación, consigue hacerlo con notable convicción.
Entre otros aspectos, el pianista se muestra extremadamente riguroso en la elección de los tempi. Por supuesto, no es el único intérprete que concede tanta importancia a este aspecto. Sin embargo, en un mundo pianístico en el que a menudo parece imponerse un virtuosismo casi exacerbado, resulta especialmente valioso encontrar una concepción en la que todos los tiempos, desde los más lentos hasta los más rápidos, mantienen una relación lógica y coherente entre sí.
Esta rigurosidad no limita, en absoluto, el empleo de la agógica allí donde resulta necesaria. Por el contrario, permite que las fluctuaciones expresivas se integren de manera natural en el discurso musical, sin comprometer su coherencia estructural.
Pero la principal característica de las interpretaciones de Levit es, sin duda, el rigor musical con el que aborda las obras. Dicho de otro modo, en un panorama en el que el virtuosismo parece primar con frecuencia, resulta especialmente gratificante escuchar a un pianista cuya extraordinaria técnica está puesta al servicio de la interpretación y no de la mera exhibición destinada a suscitar la admiración del público: la técnica adquiere su verdadero valor cuando está al servicio de la música.
Gerardo Leyser
Igor Levit, piano
Primera parte de una integral de las Sonatas para piano de Beethoven
Gran Sala dorada del Musikverein, Viena (octubre de 2026)
Foto © Igor Ripak