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Crítica / Nueva Ariadne auf Naxos en Glyndebourne - por Agustín Blanco Bazán

Glyndebourne - 23/07/2026

En una entrevista rescatada por YouTube, Maria Jeritza, la creadora de las dos Ariadne auf Naxos de Strauss y von Hofmannsthal, cuenta que la primera de ella, precedida de una versión hablada y reducida de Le Bourgeois gentilhomme de Molière y estrenada en Stuttgart en 1912 era tan aburrida que ya de entrada fue claro para todos que había que intentar una segunda, finalmente estrenada en 1916.

En ésta última la acción parisina terminó siendo trasladada a Viena y Molière fue reemplazado por un Prólogo musical “de comedia” sobre el drama de siempre, esto es, las desdichas de artistas encargados de satisfacer a un millionario y sus invitados, que de arte no saben nada. Figura central en esta humillación es un compositor decidido a no ceder nada para terminar cediéndolo todo. Ello cuando las reyertas de bastidor sobre si el drama de la Ariadne abandonada por Teseo en Naxos debe preceder o seguir a un número de commedia del arte son interrumpidas por la orden del anfitrión de juntar comedia y tragedia en un solo espectáculo.

Strauss se comprometió con el rol del compositor hasta el punto de hacerle practicar a Lotte Lehmann, la soprano que terminó estrenándolo, como caminaban los hombres durante varios paseos en un parque vienés. “¿Pero por qué después de Octavian en El Caballero de la Rosa sigue usted con eso de usar mujeres para cantar roles masculinos?”, le preguntó Lehmann a Strauss durante una de las caminatas. Respuesta: “¡encuentre usted un tenor joven que pueda cantar tan bellamente como una soprano o una mezzo!”.

En esta nueva producción de Glyndebourne, Samantha Hankey hizo honor al recuerdo de Lehmann interpretando con un timbre cálido y articulada precisión de ataque este personaje operístico único por la mezcla de rebeldía, desesperación y lirismo que marcan su paso por la escena. Laurent Pelly se resistió a sacarlo de ella durante la ópera propiamente dicha, y por ello lo vimos ocasionalmente espiando y deambulando tímidamente para proteger y admirar a su Ariadne. Gracias a este simple y acertado toque de regie, prólogo y ópera se unieron en una solución de continuidad que no existe en la mayoría de las producciones, en las cuales el compositor desaparece con el prólogo sin aventurarse al árido pedrusco de Naxos donde finalmente tiene lugar la ópera que tantos afanes le ha costado.

También los demás personajes principales fueron de alto nivel. Impecable y luminoso salió el passaggio de Rachel Willis-Sørensen (Ariadna), y vibrante y bien colocada fue la coloratura de la Zerbinetta de Alina Wunderlin. David Butt Philip canto un Bacchus apoyado en firmes y robustas notas de Heldentenor y Michael Kraus sostuvo la cómica mezcla de realismo y desesperación del maestro de música con bien articulados parlando.

También esos cameos esenciales a esta obra fueron interpretados con la requerida convicción: el mayordomo de William Relton hizo rabiar a todos con su insufrible condescendencia. Y la tropa de cómicos, aquí todos de blanco y coreografiados a la Marcel Marceau, interrumpió las desdichas de Ariadne con impactante luminosidad. Sus nombres merecen ser registrados: Mikhail Timoshenko (Harlequin)  Caspar Singh (Scaramuccio) Liam James Karai (Truffaldino) y Liam Bonthrone (Brighella).

A diferencia de esas puestas que tanto insisten en asociar esta obra con circunstancias políticas como la guerra que tenía lugar durante el estreno en la Viena del 1916, la puesta de Pelly fue afortunadamente “a la antigua”: sin videos y encuadrada en dos simples paneles, uno en estilo barroco y el otro una simple cortina de seguridad blanca para cerrar el fondo. Sobre el final, ambos se separan para dejar entrever las sombras de Ariadne y Bacchus contrastando con una gloriosa puesta de sol.

Un cromatismo más variado y luminoso hubiera sido deseable en una Filarmónica de Londres que de todas maneras brilló en acentuación y contraste bajo la dirección de Robin Ticciati.

Agustín Blanco Bazán

 

Michael Kraus, William Relton, Samantha Hankey, David Butt Philip, Alina Wunderlin, Rachel Willis-Sørensen, Mikhail Timoshenko, Caspar Singh, Liam James Karai, Liam Bonthrone, etc.

Orquesta Filarmónica de Londres y Coro de Glyndebourne / Robin Ticciati.

Escena: Laurent Pelly y Massimo Troncanetti

Ariadne auf Naxos de Richard Strauss.

Festival de Glyndebourne, Gran Bretaña.

 

Foto © Tristram Kenton

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