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Críticas seleccionadas de conciertos y otras actividades musicales

 

Crítica / Marvāo, la joya oculta de los festivales europeos - por Jerónimo Marín

Marvāo - 28/07/2026

Esperando que comenzara el acto de inauguración del Festival Internacional de Música de Marvāo (FIMM), Marilu, española bisnieta del Ministro de Educación con Alfonso XIII y casada con  un portugués, nos comentaba que Marvāo era la más bella ciudad de Portugal. En la comarca del Alentejo, en el interior, y cerca de la actual frontera española, está cuidada hasta el más mínimo detalle, y del 24 de julio al 2 de agosto alberga la 12ª edición del FIMM. Toda la ciudad, pequeña, apacible y silenciosa por otra parte, participa en el festival y se afana en distintos menesteres para conseguir que el visitante se sienta acogido.

En esta duodécima edición serán más de 320 artistas los que participen para interpretar obras de más de 100 compositores distintos que abarcan un periodo de mil años de historia de la música, desde Hildegard von Bingen hasta autores aún vivos. El epicentro del festival es el matrimonio formado por la gran soprano Juliane Banse, ahora algo más alejada de los escenarios, y Christoph Poppen, violinista y director titular de la Orquesta de Cámara de Colonia, que es la orquesta residente del Festival.

El visitante despistado no sabe que se enfrenta a un torbellino de actividades diarias que implican la asistencia, afortunadamente no todos los días, a hasta cuatro conciertos.

El concierto inaugural estuvo protagonizado por Poppen con la Orquesta de Cámara de Colonia en el Patio del Castillo, espacio que necesita un reajuste auditivo por parte del oyente para disfrutar de la música al no ser un espacio cerrado. Uno de los numerosos detalles del festival es su originalidad en la programación. Así nos encontramos que la fórmula clásica del formato concierto varía y, en los dos que pudimos escuchar, en lugar del manido Obertura+concierto+sinfonía, nos propusieron comenzar con una Sinfonía, en este caso la 35 de Mozart que fue muy bien ejecutada, tanto en los tempi, como en la belleza del fraseo; seguida de Cuatro lieder de Schubert, en versiones orquestales de Brahms, Reger y Britten, que Juliane Banse cantó de maravilla, con toda la intención poética de los textos presente en su dicción y fraseo, y para los que Poppen supo crear el espacio sonoro en el que la orquesta dialogara sin avasallar con la solista; y para terminar un Concierto, en este caso el de Violín de Mendelssohn, que el desconocido para nosotros Ruifeng Lin interpretó con una facilidad apabullante, con especial mención para el vibrante y bien propulsado tercer movimiento.

Esta primera jornada terminó con un recital en La Cisterna, también dentro del Castillo, de mandolina. Siendo sinceros la expectativa del recital no era muy alta, teniendo en cuenta que una mandolina -cuatro órdenes dobles- da de sí lo que da de sí, y que la hora, las 23h, aconsejaba estar más bien descansando. pero la maestría del israelí Alon Sariel produjo que todos los espectadores estuviéramos encantados de haber asistido. El repertorio para este instrumento consta fundamentalmente de adaptaciones, y aquí las realizadas con música de Bach, que es indestructible, funcionan sin problemas: el Preludio de la Suite nº3 de violonchelo, el Preludio nº1 del Clave bien temperado, y, ahí es nada, el Preludio y Fuga en Rem BWV 565, que pasó del órgano a la mandolina sin perder su esencia. Además, redondeó el programa con música actual: una Jongara para mandolina sola de Yasuo Kuwahara -Japón es el país del mundo con más orquestas de mandolinas- y una Partita para mandolina sola del propio intérprete. También hubo música española en la adaptación para mandolina de Asturias de Albéniz. En definitiva, un intérprete de altísimo virtuosismo puesto al servicio de la música y con muy interesantes explicaciones introductorias a ese alejado mundo de la mandolina.

El sábado 25 fueron tres los conciertos programados. A las 11h de la mañana en la Iglesia de Nuestra Señora de la Estrella que pertenece al Convento franciscano fundado en 1488 Cupertinos, un pequeño coro fundado en 2024 por Pedro Teixeira, desgranó un programa mariano renacentista portugués que tenía como eje la Missa Sancta Maria a 4 de Duarte Lobo de su Liber Missarum de 1621, y que era completado con motetes de Estêvāo de Brito, Pedro de Brito, con una Ave Maria a 8 final que es toda una joya de la música europea del periodo, Estêvāo Lopes Moragom Francisco Garro, y nuestro Francisco Guerrero, del que también sonó un Sancta Maria a 4. Cantando a dos por parte, lo cual es problemático siempre para afinación y empaste, Cupertinos se consolida como una formación renacentista de calidad superior. Pedro Teixeira está muy avezado en estas lides, y su concepto del tempo a la hora de interpretar está música acierta siempre, teniendo en cuenta la acústica estupenda del espacio de la Iglesia. Es ciertamente buena idea poder disfrutar del legado histórico musical portugués en estas condiciones.

Y si hasta este momento, el nivel de los conciertos era bastante alto, la sorpresa estaba a punto de saltar en el siguiente concierto, a las 16h en la Iglesia de Santigo. Nadie nos había prevenido de la calidad de André Baleiro, barítono portugués con amplia trayectoria en teatros alemanes y algos premios en Concurso de Lied. Veinte canciones, diecisiete autores, cinco idiomas que parten del concepto Horizonte-Paisajes marinos de una poesía de Pessoa crearon durante noventa minutos un ambiente de ensueño. Agrupadas en cuatro grupos de cinco canciones, cada uno con una cita poética de Baudelaire, René Morán, Pessoa y Heine, Baleiro demostró poseer un buen manejo vocal que le permitió extraer mil colores de cada poema. Tiene una emisión franca y nada tensa, con una fluidez espléndida y muy buen color baritonal, siendo capaz también de emitir en piano y en susurros cuando era necesario; todo ello con un David Santos al piano atento y buen colaborador, creando el colchón adecuado en todo momento. El hecho de que aparecieran obras de Fernando Lopes-Graça, Luis de Freitas Branco y Fernando Lapa es aún más un tanto a favor, pues el repertorio contemporáneo portugués se debe codear sin pudor con los grandes autores de canciones. Si se lo encuentran en cualquier programa, no duden en ir a su concierto.

Y finalmente, de nuevo en la Iglesia de Nuestra Señora de Estrella, el concierto último al que fuimos el sábado lo interpretó el cuarteto Goldmund, con sus instrumentos Stradivarius, del que tampoco teníamos referencias previas, a pesar de llevar dieciocho años juntos. En los atriles tres obras muy distintas, el jocoso Op.33 nº2 de Haydn, el trágico nº5 de Weinberg, y para cerrar el famoso nº14 “La muerte y la doncella” de Schubert. Quizá el de Haydn sea algo más intrascendente, pero la manera de tocar el estilo clásico del cuarteto Goldmund, con fraseos bien cincelados y nunca perdiendo la visión panorámica de las formas clásicas en que se inscribían es de manual de estilo. Y aquí ya se mostró una de las características de este cuarteto, su forma de atacar cada melodía o entrada es siempre de un cuidado extremo, nunca hay ‘agresiones’ sonoras. El cuarteto de Weinberg, compositor que afortunadamente ha venido para quedarse, es de una escritura desgarradora. Estructurado en cinco movimientos, dentro de cada uno de ellos habita un mundo, y no se fíen de los títulos, porque el movimiento final Serenata, es más bien la distorsión de la idea de serenata que tenemos todos en mente, llegando algún momento en que es como un grito ante la barbarie que siempre le rodeo. Finalmente su interpretación de Schubert, que precisa algo más de pasión que Haydn, obligó a los intérpretes a ofrecer nuevos colores; por ejemplo, es una excelente idea musical comenzar el segundo movimiento sin vibrato, otorgando a la melodía del Lied sobre el que se basan las variaciones posteriores una distancia, una lejanía cuasi sideral, para poco a poco enardecer el espíritu en las siguientes variaciones. Todo ello explica los calurosos y prolongados aplausos finales.

El menú del domingo día 26 de junio consistía en tres conciertos. El primero muy peculiar, pues en realidad se trataba de asistir a la Santa Misa dominical pero con la participación del Coro Ricercare, cuyo director es también Pedro Teixeira, la Orquesta de Cámara de Colonia y un cuarteto solista, todos bajo la dirección de nuevo de Christoph Poppen para interpretar la Missa Brevis KV194 de Mozart, eso sí, cada movimiento en su momento exacto dentro de la Eucaristía, a la antigua usanza y justo recreando la situación histórica en que se interpretó en tiempos del autor. Centrándonos en la parte musical del acto, no es ninguna novedad el afirmar que este Mozart es uno de los mejores de la actualidad; y nos remitimos a la integral en seis volúmenes que ha grabado para Naxos Poppen donde se aprecian estas virtudes: transparencia de líneas, fraseo atento a las inflexiones de los acentos, sonido aterciopelado de la orquesta que deja su propio espacio al coro y a los solistas. Especial mención debemos hacer del Laudate Dominum mozartiano con el que acabó la Misa, cantado por Juliane Banse con una delicadeza memorable,  y que demuestra por qué sigue siendo una cantante mozartiana de referencia. Y un pequeño punto en contra la falta de volumen, color y proyección del barítono Louis de Boncourt en su parte solista, compensado por el buen hacer de la soprano española Carla Isabel, que está empezando a desarrollar una cierta carrera como solista.   

De nuevo nos encontramos a las 16h en la Iglesia de Santiago, con todo el aforo completo, para asistir al recital de Joseph Moog, pianista de Ludwigshafen con una trayectoria dilatada junto a grandes directores y orquestas, donde se enfrentaba a un exigente programa con algún toque moderno, en concreto el Opus 5 de Benjamin Britten, Holiday Diary con cuatro piezas que nos narran un día desde el Early Morning Bathe -iniciado con unos acordes que podrían permitirnos situar la pieza en nuestros días perfectamente por su atrevimiento- hasta la tranquila y acariciante Night. El inicio como aperitivo de una Sonata scarlattiana, la K.380 en Mi mayor, le permitió un toque con menos pedal para asemejar su sonoridad a la del clave original; y con la interpretación de la Sonata nº8 de Beethoven se adentró en un mundo sonoro más robusto, aun con equilibrio, y con algo más de apasionamiento en su ejecución. La segunda parte nos ofreció un Chopin demasiado desmelenado, sobre todo en el Scherzo nº1 que comenzó con poca claridad hasta que lo embridó y asentó el tempo giusto, pero, aun con todo, demostró su alto virtuosismo y expresividad, elementos que prolongó en la trilogía de piezas algo más insulsas que conforman Venezia e Napoli de Listz. El éxito de su concierto le obligó a un par de propinas, la segunda de las cuales, un standard de Gershwin, nos dejó intuir que es capaz de transitar por otros territorios no tan clásicos con comodidad.

Finalmente, el último concierto del día, de nuevo en el patio del Castillo, tuvo múltiples protagonistas: la Orquesta de cámara de Colonia, tres solistas, y Roc Fargas, joven director catalán. El programa, de nuevo, nada habitual, pues dos conciertos románticos enmarcaban una pieza central, la Sinfonía nº1 “Clásica” de Prokofiev. Estos dos conciertos fueron el Doble concierto para violín y piano de un joven Mendelssohn de 14 años, no una gran obra, algo farragosa, pero que obligó a los dos solistas, Niek Baar al violín y Ben Kim al piano, a demostrar una técnica de gran calidad para superar los escollos que plantea, y el Concierto para clarinete nº1 de Weber en el que Horácio Ferreira consiguió elevarla de calidad y hacerla parecer como una obra imprescindible del repertorio de clarinete con su interpretación. Roc Fargas pudo demostrar su buen hacer en la sinfonía de Prokofiev y gustó mucho su manera de llevar a la orquesta, con delicadeza y como si fuera un colaborador más entre los músicos. El movimiento final, de endiablada dificultad para todos, fue interpretado sin problemas, como si fuera lo más normal del mundo hacerlo así.

Cuando escribo estas líneas el FIMM se encuentra en su ecuador. Es un festival multicolor, con variedad de propuestas. Y dejamos a la imaginación del lector el rellenado del espacio entre los conciertos, pero solo añadimos que, tras ir viéndose concierto tras concierto, los espectadores comentan entre sí andando en las callejas del casco histórico sus impresiones de cada concierto, de ahí pasan a presentarse, a preguntarse el uno al otro, a indagar con educación en los motivos que le han hecho ir a Marvāo, y, por qué no, a tomar un café. Esto es lo esencial de Marvāo, la sensación de amistad que se esparce en el ambiente.

Jerónimo Marín

 

Ocho conciertos dentro del Festival de Música Internacional de Marvāo.

Diferentes intérpretes y diferentes obras.

Juliane Banse y Christoph Poppen, directores artísticos.

Patio del Castillo, Iglesia de Nuestra Señora de la Estrella, Iglesia De Santiago, Marvāo.

24 al 26-07-2026.

 

Foto: El concierto inaugural estuvo protagonizado por Poppen con la Orquesta de Cámara de Colonia en el Patio del Castillo, junto a Juliane Banse / © Luis Dias Branquinho

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