Planteado en lo estético y formal, como una moderna tragedia griega (con todo lo que ello conlleva, formal y conceptualmente) a partir de una obra teatral con la que compartía su sencilla pero eficaz estructura, La clausura del amor, ópera de cámara “... a quemarropa” con que se cerraba este ciclo en el Teatro Auditorio de San Lorenzo de El Escorial, fue una incisiva descripción, corrosiva en su planteamiento (y en su sensación de conjunto a la postre), de una escena de ruptura de pareja.
— El dolor es tan grande que todo se vuelve blanco.
Dos mundos, frente a frente, sin diálogo, sin empatía ni abogados donde, al menos sobre el papel de esta trama, el trabajo (“tripalium…”) aparece, surge en cada monólogo, como única… salida natural (?). Extraña resolución/disolución convenida (sobre el papel…), con su dosis existencial.
— Aquí vivía el “Dasein”; sí, el “Dasein”.
Ostentando la privilegiada y expectante vitola en programa de estreno absoluto, su incisivo libreto de Pascal Rambert, en traducción de Coto Adánez, se arropó de una música flexible, acogedora en cierta medida y heterofónica, ajustada al clima y al singular desarrollo de aquel libreto, de Reyes Oteo.
Con direcciones de escena de Ricardo Campelo Parabavides y musical de Juan Bautista Carmena, el reparto tuvo en la soprano Ruth González y el barítono Enrique Sánchez-Ramos, sus papeles estelares. Dos papeles equilibrados, simétricos en su respectiva aportación, donde desplegaron ambos, con convicción e intensidad, precisos y mantenidos recursos vocales y dramáticos. Un dominio de la tensión en escena en el que el foco estaba centrado, precisamente, en su expresividad corporal y facial en las medias y cortas distancias, con una pantalla que separaba la escena, de una “tramoya” instrumental apenas vislumbrada que participaba, activa, del sucinto decorado.
Una imagen que magnificaba esta desgarradora propuesta teatral en una sencilla pero eficaz puesta en escena. Un marco un tanto aséptico, individualizado, psicológico, donde se incidía ya desde la definición del propio entorno, en la trascendencia del aislamiento de los dos ”puntos de vista/puntos de fuga” encontrados. Un imaginado decorado que se nutre de esta tragedia y, vive y explota su impacto.
— Las palabras a veces también mueren en charcos de sangre.
Un planteamiento compacto donde, por otro lado, en lo que concierne a la instrumentación, una elaborada y determinante percusión en las manos de Juanjo Guillem adquiría, en la partitura de Reyes Oteo, un rol a la altura de la pareja sobre las tablas (como… una especie de personaje “en off”), junto al sonido primordial, casi atávico, del oboe de Pilar Fontalba Jimeno, o el aire de misterio que aporta un acordeón y sus variadas técnicas con Ander Telleria, junto con la electrónica y una sucinta elaboración electroacústica por la propia Reyes Oteo y grabaciones incorporadas, todos ellos totalmente engranados, subrayando, dirigiendo, amparando, complementando… configurando el drama.
Fue una coproducción de Ópera de Tenerife, Comunidad de Madrid y Teatro Xtremo, sólida y convincente, como ocurriera en producciones anteriores a las que hemos asistido en este interesante ciclo de “Ópera a quemarropa”, aquí en San Lorenzo de El Escorial. Un abanico de proyectos escénicos consumados, con notable entidad y atractivo para un público amplio, sin demasiados estiramientos ni excluyentes capillas estéticas, tanto por su particular enjundia, su multidisciplinariedad, su renovación y arriesgados planteamientos de partida, su diversidad de temáticas y enfoques, su calculada ambición (siempre peligrosa, pero imprescindible de esta guisa) y la oportuna modernidad, actualidad o relativa puesta al día de géneros dramático-musicales del pasado.
Luis Mazorra Incera
Dirección de escena: Ricardo Campelo Parabavides. Dirección musical: Juan Bautista Carmena
Reparto: Ruth González, soprano; y Enrique Sánchez-Ramos, barítono.
Ensemble: Pilar Fontalba Jimeno, oboe; Ander Telleria, acordeón; Juanjo Guillem, percusión; y composición y electroacústica: Reyes Oteo.
Ruy Martín, colaboración música urbana; Pedro Fragüela, realización de electroacústica / RIM; Alicia Soriano, iluminación; Rhina, vestuario; y Ricardo Campelo, espacio escénico y vídeo.
La clausura del amor, de Reyes Oteo, con libreto de Pascal Rambert (traducción de Coto Adánez).
Coproducción de Ópera de Tenerife, Comunidad de Madrid y Teatro Xtremo.
Teatro Auditorio de San Lorenzo de El Escorial. Madrid.