La cita musical La Rioja Festival se ha celebrado por quinto año consecutivo y repite su éxito entre el público llegado de todos los rincones del mundo entre el 14 y el 24 de mayo. La iniciativa del guitarrista Pablo Sainz-Villegas aúna música y experiencias alrededor de su lugar de origen, que se convierte así en epicentro de la cultura bajo el evocador lema de “Crisol”. Asistir a un festival de música se ha convertido en una forma de ocio recurrente en este siglo que vivimos; cada edad y cada estilo tienen el suyo. Por eso, es importante encontrar un matiz diferenciador que otorgue esa distinción y que provoque que un determinado festival sobresalga del resto. Y ahí es donde la Rioja Festival tiene su baza ganadora.
La iniciativa surge de la Asociación Cuerdas en Común, cuyo objetivo es la inclusión a través del poder unificador que tiene un instrumento como la guitarra. Pablo Sainz-Villegas y Sara Illana conforman la cabeza visible de esta asociación al amparo de la cual se desarrolla La Rioja Festival y bajo la que se han organizado diez conciertos y varias experiencias en torno al patrimonio cultural, natural y gastronómico que ofrece esta región.
La columna que vertebra esta propuesta se asienta en varios soportes fundamentales. De un lado, los conciertos. Allí se ha podido escuchar en esta edición al Cuarteto Quiroga, la vihuela de José Miguel Moreno, el arpa de Sara Águeda junto a la voz de Pepe Viyuela, el dúo de piano formado por Alessio Bax y Lucille Chung, el grupo coral Voces8, el dúo formado por la trompeta de Pacho Flores y la guitarra de Jesús “Pingüino”, las voces de Xavier Anduaga, Plácido Domingo, Sabina Puértolas y Lucero Tena, la batuta de Josep Vicent junto a la ADDA Simfónica y el cuarteto Agarita acompañado de Pablo Sainz-Villegas, protagonista a su vez de un concierto como solista. Todos ellos han presentado originales propuestas de una excelente calidad, lo que eleva el interés del público que asiste y agota las entradas días antes de cada evento.
De otro lado, los lugares y experiencias que rodean cada cita musical. La Rioja Festival ofrece varios escenarios para que la música se convierta en protagonista, pero no solo. Junto al arte de las musas, la belleza de disfrutarlo en un espacio como el Monasterio de Yuso o el de Valvanera, la Colegiata de San Miguel Arcángel o la fuerza que proyecta el mágico enclave de Enciso, aportan a la vivencia un valor añadido. Y más si cada espacio, cada rincón de La Rioja donde suena la música, se acompaña con las tradiciones que le dan entidad; por poner un ejemplo, pasteles rusos antes de entrar a la Colegiata de San Miguel Arcángel en Alfaro para escuchar al dúo Alessio Bax y Lucille Chung o una exhibición de los danzones de Anguiano a la salida del concierto de Voces 8 Scholars Ensemble en el Monasterio de Valvanera. Así, cada concierto queda prendido en el oído, en la retina y hasta en las papilas gustativas, y de ahí, va directo al alma.
Y por último, las charlas y masterclass que completan la oferta desde un punto de vista pedagógico. Charlas previas a los conciertos, que en esta edición han corrido a cargo de Eduardo Aísa, Sara Illana, Cuarteto Quiroga, Agarita, Plácido Domingo y Pablo Sainz-Villegas; conciertos pedagógicos como el de Pacho Flores y la masterclass de Andrea Casarrubios.
Precisamente, la compositora y violonchelista hispano-estadounidense fue la encargada de poner el broche de oro con la obra de encargo que cierra cada edición. En esta ocasión, tanto el guitarrista Pablo Sainz-Villegas como la compositora Andrea Casarrubios tuvieron la oportunidad de trabajar conjuntamente en la elaboración de Itinerante, para guitarra y cuarteto de cuerda, una forma de creación que ya fue utilizada en el pasado con excelentes resultados (bastaría recordar ejemplos como el de Beethoven y Kreutzer, que trabajaron codo con codo en la Sonata para violín nº 9 o el de Gil Evans y Miles Davis en Porgy and Bess).
El compromiso de la Rioja Festival con la música contemporánea, sumado al resto de propuestas organizadas bajo su dirección, denotan un interés fidedigno por mantener la calidad de todas las profesiones que ofrece la música clásica en el siglo XXI y desarrollar un discurso coherente alrededor de ella. Estos objetivos le permitirán mantenerse como una propuesta de ocio cultural de calidad y atraer la atención del público a lo largo del tiempo; público que, edición tras edición, ha creado comunidad, se reconoce y va tejiendo una fuerte red de vida alrededor de la música que suena en la Rioja Festival.
Esther Martín
La Rioja Festival, edición 2026
Foto © Rafa Lapuente