Tenemos el privilegio de vivir en un país de una riqueza patrimonial desbordante. La geografía española atesora por doquier soberbias joyas musicales que deben ser recuperadas de un olvido peligroso que pone en riesgo su supervivencia y su escucha. Una de nuestras fortalezas culturales más originales y ricas que poseemos, los archivos musicales de nuestras catedrales, fue la protagonista absoluta de esta cita musical que les narro y que pone de manifiesto su belleza, calidad y unicidad.
El concierto que nos ocupa aconteció en la nave principal de la Catedral de Burgos, uno de los marcos más idílicos y bellos que podamos imaginar. Por si esto fuera poco, la totalidad de su música consistió en recuperaciones en tiempos modernos de obras que su extenso archivo musical alberga, de algunos de los autores de mayor calidad de los siglos XVII y XVIII. Además, tanto su dispar temática como sus estilos musicales contrastantes confeccionaron un programa tan ameno como interesante.
Unos de los aspectos que más llaman la atención de toda esta propuesta cultural son sus protagonistas, tanto artísticos como de organización. Burgos Baroque Ensemble es una de esas rara avis que merece la pena descubrir. Todos sus integrantes, coro y orquestra -de 29 y 15 miembros respectivamente- son oriundos de Burgos o de sus poblaciones limítrofes, y uno de sus fines primordiales es la recuperación, interpretación y difusión de la música que posee su ciudad, en este caso el vasto archivo de su catedral.
En su parte organizativa debemos destacar la implicación de las más destacadas instituciones culturales de la ciudad, tanto eclesiásticas como de la administración. Así, el Cabildo Metropolitano de la Catedral de Burgos es una de las partes fundamentales de este proyecto, sin olvidarnos de otro actor primordial, el Ayuntamiento de Burgos, así como de la Fundación Círculo Burgos. Debemos destacar, además, que gracias a todos ellos los asistentes pudieron disfrutar de un evento gratuito, previa retirada de la correspondiente entrada.
En una catedral repleta de público, la entrada procesional de la primera obra, Himnis in corpore Christi, de Juan García de Salazar y Juan de Urrede, estableció el carácter solemne y ceremonial de la velada. Esta primera pieza dio paso a un crisol de piezas en cuanto a estilo, temática y afectos, llevando a cabo un concierto que atrapó de inmediato a un respetuoso, atento y divertido público.
Las voces solistas que participaron en el evento fueron fundamentales para el óptimo desarrollo de este complejo programa, repleto de continuos contrastes estilísticos y de intricadas formaciones barrocas a dos y tres coros. Hubo composiciones desde una formación sencilla, a dos voces y bajo continuo, pero que fueron continuamente cambiantes, llegando a espectaculares orgánicos de hasta tres coros en doce voces.
La soprano Beatriz Lafont fue quien desempeñó el papel de tiple primero, en nomenclatura moderna, soprano primera. Pudimos disfrutar de su preclaro timbre de gran calidez y de límpida afinación, de escaso vibrato, pero de una expresividad excelente, además de un potente volumen sonoro que permitió su escucha en todo momento, aun en los masivos tuttis policorales. Destacó su labor de cálida expresión especialmente en Yo canto, yo lloro, delicada composición a dos voces y continuo.
Quien denotó su alta capacidad técnica para conformar un papel de tiple segundo excelente fue el contratenor Bruno Campelo, puesto que este su labor, por su aguda tesitura, fue especialmente exigente. Su vocalidad, de igualdad intachable en todo el registro, se combinó con una dulce emisión vocal y con un dominio del fiato, que no desdeñaron las de su compañera tiple primera.
Jorge Enrique García, también contratenor, se ocupó de un complejo registro que fluctuó desde el riguroso papel de alto hasta una parte situada en la frontera de tenor, obligando a desempeñar una labor de continuo cambio del registro de pecho al falsete, superándola muy satisfactoriamente dada la experiencia que atesora el contratenor gaditano.
El barítono Víctor Cruz debió de asumir asimismo una variedad extrema de su registros vocales, que fluctuaron, debido al heterogéneo programa, de tenor a bajo. Dada la capacidad vocal de barítono granadino su desempeño fue excelente, tanto en el aspecto técnico como en el expresivo. Su cálida voz brilló en el registro más agudo y alcanzó una profundidad rotunda en los graves de verdadero bajo. A ello debemos destacar el gran arrojo vital y expresivo en todo el repertorio interpretado en donde destacaremos su soberbio desempeño en la pieza cómica Ello es que Gil ha de Haber Navidad de Diego de Arcedo, demostrando una vis cómica y una expresividad excelentes.
Burgos Baroque Ensemble, tanto coro como orquesta, destacó especialmente en las complejas composiciones a diez y a doce voces en dos o tres coros, exhibiendo una segura y compacta emisión, que aseguró cada composición. Debemos destacar la característica de primeras interpretaciones de todas estas composiciones, que aumentan el valor de estudio y preparación de cada una de ellas. La obra que dio título al programa, Torre metropolitana, anónima, fue una de las piezas de más complejidad, por su estructura y por el número de voces y coros, con una infinidad de recursos de una originalidad tan bella como elaborada, incluidas unas onomatopeyas que imitan la construcción de la catedral, lo que hicieron que fuera uno de los momentos más especiales de la velada. La pieza que cerró el concierto, Festivo el júbilo, de Antonio Abadía, nos permitió descubrir una sensibilidad muy distinta al resto del programa, con un lenguaje formal avanzado que contiene una elaborada instrumentación que se acerca al lenguaje sinfónico coral.
Debemos destacar a varios de sus componentes, tanto por su labor individual como por su alto aporte al conjunto. Así, la arpista Laura Puerto consiguió dotar de un férreo bajo continuo tanto a las piezas más sutiles como a las más sonoras, aunque su labor en las sencillas composiciones como los villancicos y tonos humanos permitieron escuchar el bello sonido del arpa tan característico del barroco hispano. Además, la concertino María Hernandez fue un líder preciso e inspirador que dotó de unicidad a la cuerda. Ana Nicolás exhibió su alta capacidad interpretativa en una gran cantidad de instrumentos de percusión histórica, concibiendo a cada pieza de un distintivo y peculiar ambiente, tan inspirador como rico. Roberto Alonso en el violonchelo fue el dúctil y seguro elemento que configuró una base armónica impecable.
En el concierto pudimos disfrutar asimismo de uno de los conjuntos historicistas de instrumentos de viento más activos y comprometidos de nuestro país, Ensemble La Danserye, cuarteto fraternal de multiinstumentistas tan compenetrados y seguros que confieren ese colorido tan esencial y especial a estas piezas. Los bajones, bajoncillos chirimías, sacabuches, cornetas y clarines fueron todo un lujo en esta velada, interpretados por la saga Pérez Valera: Luis Alfonso, Juan Alberto, Eduardo y Fernando.
El director musical de todos estos elementos, Ulises Illán, fue el verdadero cohesionador de esta infinidad de piezas tan dispares como novedosas, mostrando siempre un gesto en la dirección tan enérgico como disciplinado. Su expresividad, verdaderamente excelente, y su contagiosa emoción conformaron un empático discurso musical presente tanto entre los músicos del escenario, así como en el entregado y emocionado público. La labor de Illán es doblemente meritoria al conseguir dotar de una naturalidad y de un dinamismo ejemplares a unas piezas interpretadas por primera vez desde su composición, hace siglos.
Una buena noticia que les adelanto es que este repertorio va a ser accesible a todos los melómanos que no pudieron disfrutar del concierto, y es que en fechas inminentes todos estos músicos inmortalizarán este repertorio en la primera grabación de un disco de Burgos Baroque Ensemble.
No podemos terminar esta reseña sin antes mencionar la fundamental y apasionada labor de quienes han hecho posible esta labor. En la parte musicológica de transcripción, edición y selección de las composiciones, asombrosamente son los propios miembros de Burgos Baroque Ensemble quienes concienzudamente lo confeccionan. María Yolanda Pérez, Francisco Javier Sariot y Roberto Alonso son quienes desarrollan esta meritoria, ardua e infatigable labor. En cuanto a la labor organizativa, desde dentro del propio Cabildo de la Catedral de Burgos, su vicario general Carlos Izquierdo Yusta organiza estos conciertos de un modo tan activo como impecable.
El público que atiborraba la catedral, puesto en pie, demostró con sus acalorados vítores y sus prolongadas ovaciones, la enorme empatía que este repertorio tan único como propio despertó en todos ellos. Como propina Burgos Baroque Ensemble les ofreció de nuevo un fragmento de Torre metropolitana.
Simón Andueza
Torre metropolitana. Música en la Catedral de Burgos (ss. XVII y XVIII).
Obras de Juan Antonio García de Salazar, Johannes de Urrede, Diego de Arcedo, Juan de la Madrid, Blas de Cáseda, Manuel de Egüés, Francisco Hernández y Llana y Antonio Abadía.
Beatriz Lafont, soprano, Bruno Campelo, contratenor, Jorge Enrique-García, contratenor, Víctor Cruz, barítono. Burgos Baroque Ensemble, Juan Gabriel Martínez, director del coro, Roberto Alonso, director.
Ensemble la Danserye. Ulises Illán, dirección.
31 de mayo de 2026, 20:30 h. Catedral de Burgos.
Foto © Rodrigo Mena Ruiz