El decimo primer concierto de temporada de la orquesta ADDA-Simfònica Alicante ha estado dedicado en su primera parte a la Suite de concierto para violín y orquesta, Op. 28 de Sergey Ivanovich Taneyev, obra concertante muy apreciada del repertorio romántico ruso que no suele ser muy frecuente en las salas de concierto. Para su interpretación se contaba con la intervención del violinista ruso Andrey Baranov, todo un ganador del Concurso Internacional de Violín Reina Isabel de Bruselas, uno de los certámenes más importantes del mundo, en su edición del año 2012, y la participación desde el pódium de Rossen Milanov, muy vinculado al mundo orquestal norteamericano y, actualmente, titular en Lubliana de la Orquesta Sionfónica de RTV de Eslovenia. El apasionamiento del solista y la serenidad del director búlgaro hicieron un buen tándem para que dicha suite, la obra más llamativa de la velada, tuviera ese equilibrio necesario para ofrecer adecuadamente el exigente sentido contrapuntístico de su discurso.
Así, ambos asumieron un ponderado criterio desde su Preludio, realzando el interés del autor por la música antigua al respetar con claridad formal el modelo de la suite barroca que adopta, imprimiendo grandiosidad a sus pasajes muy contrastados por los cadenciosos sones de la Gavota que le sigue. Al tercer movimiento, Cuento de hadas, le aplicaron con serenidad su aire andantino y, siguiendo el carácter de éste, desarrollaron una narrativa que recordaba al Schumann de mayor calado romántico. Con el Tema y variaciones se desataron las tensiones entre el solista y la orquesta destacando la segunda y la quinta, en las que el director impulsó con gran equilibrio la energía que encierran, compensando el arrebatador proceder del solista, más moderado en la tercera, escrita en Tempo di valse y en la doble fuga que presenta la cuarta. El sentido danzante dado a la rápida Mazurca que contiene la sexta variación sirvió para anticipar, después de la Variación final y coda, la premura rítmica de la Tarantella que cierra la obra en la que el violín volaba hacia su registro sobreagudo, realzando el sentido elegíaco de su melodía. Mientras, el maestro Rossen Milanov se acercaba a la concnclusión con elegante técnica estimulando la expresividad de las cuerdas, al generar un murmullo en tremolo que extinguía el movimiento en una paz absoluta y mística. El público reaccionó con un cerrado aplauso a lo que respondió Andrey Baranov con una curiosa versión resumida y transformada de las once variaciones del famoso último Capriccio del Op. 1 de Niccolò Paganini, precipitando su final, que dejó impactado al auditorio a la vez que sorprendido.
Hasta ese momento el concierto tuvo más de lucida exhibición del solista que otros valores estéticos más determinantes, situación que cambió con la llegada de dos obras de Antonín Dvořák: My Homeland, Op. 62 y A Hero´s Song, Op. 111. Como si tanto director como la orquesta se desperezaran de la música de Taneyev, iniciaron la lectura de la primera generándose una transparencia de sonido y cambio de vitalidad en su ejecución que significó poder disfrutar de las excelencias de ADDA-Simfònica en toda su magnitud. Rossen Milanov utilizó sus experimentados recursos técnicos para desarrollar toda la enjundia que contiene su partitura, haciendo que la orquesta fluyera con el distintivo esplendor que la caracteriza, pudiendo el público disfrutar del carácter de cada una de sus dos partes, destacando la coda, que con el tiempo terminó convirtiéndose en el himno nacional de Chequia, que el director convirtió en un exultante despliegue de júbilo con el total apoyo de la sección de viento metal y las texturas contrapuntísticas que surgían de la cuerda, que recordaban la grandiosidad que contienen las tres últimas sinfonías del gran compositor bohemio. El cierre de esta obertura, con una serie de acordes en Do mayor, sirvió para que la orquesta una vez más transmitiera una sensación de orgullo, triunfo y afirmación de su alta musicalidad.
Esta impresión se mantuvo e incluso aumentó en la interpretación del poema sinfónico que cerraba el programa; El canto del héroe que sería a la postre la última creación exclusivamente orquestal que compuso Dvořák en 1897. El maestro Milanov, desde una modélica lectura, inició impetuosamente la dirección del, Allegro con fuoco, haciendo una clara distinción del tema principal en diversas formas. Graduó la dinámica musical para calmar su intensidad en el Poco adagio lacrimoso siguiente, dejando una sección llena de tristeza y anhelo en el héroe que, en la batuta del director venía a recuperarse gradualmente de su dolor, de manera manifiesta cuando la tonalidad se volvió mayor, generándose un ambiente victorioso que desde una serie de alternativas en su desarrollo supo el maestro conducir al triunfo final del protagonista en la coda final, reafirmando una impecable lectura del concentrado pensamiento musical de Dvořák que encierra esta composición, muy bien captado y reflejado por la orquesta, técnicamente impecable y emocionalmente entusiasta en todo momento.
Rompiendo con ese clima triunfalista del final de El canto del héroe el director se despidió del auditorio ofreciendo la segunda Danza Eslava, del Op. 72 también de Dvořák cuya escucha significó todo un remanso emocional en su escucha.
José Antonio Cantón
ADDA-Simfònica de Alicante
Solista: Andrey Baranov (violín)
Dirección: Rossen Milanov
Obras de Sergey Ivanovich Taneyev y Antonín Dvořák
Auditorio de la Diputación de Alicante (ADDA), 29-V-2026
Foto © Christian Warren Ganser