El Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) dio por finalizada, tanto su temporada actual del ciclo ‘Universo Barroco’, como la residencia de Vespres d’Arnadí en sus escenarios, con el merecido homenaje que pudimos disfrutar de uno de los géneros que suelen ser visitados de un modo sesgado por los intérpretes de cualquier velada, los Concerti grossi, género instrumental que siempre hace las delicias de los melómanos por la variedad en su estructura ‘solistas/tutti’ y especialmente por las soberbias e imaginativas composiciones que aúnan. Además, que la agrupación catalana sea la encargada de hacerlo, da muestra de la excelente salud de nuestros grupos históricamente informados.
La velada se presentó con dos de las icónicas creaciones del opus 6 de Arcangello Corelli, considerado el padre de este estilo, y que marcaron la pauta a seguir para cuantos supieron escribir en este lenguaje. Su evolución estuvo representada por fabulosas creaciones de Haendel, Alessandro Scarlatti y Geminiani.
Vespres d’Arnadí se presentó, además del trío solista, como una orquesta de cámara de apropiadas dimensiones para la acústica de la sala de cámara del Auditorio nacional, formada en su tutti global por tres violines primeros, tres segundos, dos violas, dos violonchelos, un contrabajo, archilaúd y clave.
El Concerto grosso en si bemol nº 11 de Corelli, funciono como la perfecta obertura a la velada, tanto por el carácter de su primer movimiento, Preludio, como por ser el ejemplo ideal del género al que los diversos autores tomarían como ejemplo. En él destacó especialmente el violonchelista Oriol Aymat, uno de los tres instrumentistas solistas del concierto, tanto por sus enérgicas interpretaciones, llenas de vida y musicalidad, como por su destreza técnica. Sus precisos, velocísimos y siempre afinados pasajes en los movimientos más veloces descubrieron a un violonchelista que captó al instante toda la atención del público, pero que a su vez nos deleitó con su bellísimo sonido en los movimientos más reposados.
La violinista Farran Sylvan James fue un verdadero líder en las cuerdas altas durante toda la velada, y destacó muy especialmente en el esplendoroso y espectacular Concerto grosso ideado por Geminiani sobre La Folía que cerró el concierto. Sus más de veinte variaciones del afamado motivo español son siempre un desafío para cualquier intérprete que las acometa, pero la violinista canadiense, concertino habitual del ensamble, las interpretó del modo contrastante tan eficaz y asombroso que ideó el compositor italiano para el asombro de la audiencia congregada en la sala. Tanto las endiabladas disminuzioni de sus secciones impetuosas como los delicados y dolces fragmentos estuvieron interpretados del modo más satisfactorio, bien fuera por sus contrastes extremos, bien fuera por la delicadeza de su sonoridad.
El tercer solista de la velada, el violinista Ricard Renart, que desempeñó la labor de segundo violín solista, exhibió una capacidad excelente de convertirse en el compañero ideal de James, tanto por sus imitaciones perfectamente desempeñadas como espejo de James, como por una capacidad técnica y de músico de cámara exquisitas.
Vespres d’Arnadí volvió a demostrar porqué es uno de los grupos historicistas referenciales de nuestro país, y porqué fue tan acertado encomendarles su residencia en la presente temporada del CNDM. Todos y cada uno de sus miembros fueron sabiamente escogidos por su director y han conformado una orquesta de cámara tan solvente como disciplinada. Su disciplina y conjunción, siempre al servicio de la expresividad, y en este caso de respeto a los solistas, confirieron un grupo instrumental de auténtico lujo que daba sentido a cada motivo musical, destacando las constantes argucias de cada compositor o diferenciando el peculiar carácter de cada movimiento. Tanto los violines, primeros y segundos, como las violas constituyeron un sólido y empastado bloque repleto de recursos sonoros y técnicos. El bajo continuo merece una mención aparte, tanto por la riquísima sonoridad de sus instrumentos de cuerda frotada, como por la exuberancia de los polifónicos. Miguel Rincón, en el archilaúd, volvió a ser diferencial por la calidad de la realización de sus arpegios, además de dotar de una vitalidad contagiosa en sus rasgueos.
Quien dotó a todo lo acontecido de un sentido de excelencia musical y del deleite de cada fragmento fue Dani Espasa. Como director de Vespres d’Arnadí, empatizó su disfrute con el resto de la orquesta a la vez que marcó cada fraseo y cada articulación contagiosamente. Asimismo, supo establecer un control férreo de los tempi que puso en orden la multitud de elementos presentes en el complejo entramado de estos concertos. Como clavecinista, Espasa tiene esa capacidad de transformar lo complejo en natural, y de convertir las armonías del bajo continuo en un desbordante entramado con sus arpegios, acordes, rubatos y cambios de articulación.
La selección musical que Dani Espasa escogió para esta demostración práctica de qué es un concerto grosso no pudo ser más aleccionadora. La puesta en valor de todo y cada uno de los compositores presentes en el programa merecen todo el aplauso. Personalmente admito que siento especial predilección por el opus 6 de Georg Friedrich Haendel, que creo que es un corpus al que se debe mostrar mucha más atención, tanto por la belleza de su música como por el atrevimiento de sus armonías y de sus formas musicales.
Tras la merecida ovación del público, Vespres d’Arnadí interpretó el evocador y justamente famoso movimiento navideño del Concerto grosso nº 8 ’Fatto per la notte di Natale’ de Corelli, su Pastorale.
Simón Andueza
Farran Sylvan James y Ricard Renart, violines, Oriol Aymat, violonchelo. Vespres d’Arnadí, Dani Espasa, clave y dirección.
Corelliana.
Obras de Arcangelo Corelli, Alessandro Scarlatti, Georg Friedrich Haendel y Francesco Geminiani.
Ciclo ‘Universo Barroco’ del CNDM.
Sala de cámara del Auditorio Nacional de Música, Madrid. 3 de junio de 2026, 19:30 h.
Foto © Elvira Megías