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Crítica / Andrea Chénier en ABAO: verismo imponente - por Jerónimo Marín

Bilbao - 03/06/2026

Cierra la ABAO su 74ª temporada con las expectativas puestas en los tres cuartos de siglo que cumplirá la próxima con un título poco frecuente en los teatros de ópera, Andrea Chénier de Umberto Giordano. Ya saben que Giordano es autor de una numerosa producción escénica, una decena, pero no hubo manera de que volviera a conseguir el éxito que obtuvo con su cuarto título, Andrea Chénier. Como obra para clausurar una temporada es ideal, por su interesante libreto y música de calidad, y más con el resultado obtenido en el Euskalduna.

En primer lugar, la producción de Alfonso Romero es estilísticamente refinada, sin estridencias ni intentos vacuos de adaptaciones a otros tiempos: el vestuario de la Revolución Francesa es tan icónico que hábilmente el equipo de Romero lo usa en su puesta en escena, al igual que toda la vestimenta barroca recargada de la clase nobiliaria del acto primero. Es excelente la metáfora del paso de tiempo con su destrucción violenta al contemplar el palacio majestuoso del primer acto transformado en ruinas que sirven de cárcel en el último; creíamos que los métodos revolucionarios instalarían un nuevo mundo, mejor para todos, pero en última instancia, como reconoce un Gérard que ha comprendido todo, “ho mutato padrone”, y en esas estamos en este s. XXI. El espacio escénico ha sido sabiamente aprovechado por Romero para dar dinamismo a las escenas de grupo, y siempre el movimiento de cantantes ha favorecido la proyección de la voz, aunque no se entiende qué necesidad había de inclinar el suelo, cuando es sabido que los cantantes sufren lo indecible para moverse y tener buen apoyo.

Musicalmente ha sido espectacular el resultado. Los tres solistas encargados de los papeles principales han estado superlativos. Juan Jesús Rodríguez, la voz ideal de barítono para este papel de ensueño, es un Gérard perfecto por homogeneidad de su voz en todos los registros, la expansión de su canto, y el lirismo de buena ley en su fraseo. Además, escénicamente es convincente su interpretación de este revolucionario que no deja por ello de comprender la tragedia humana que está causando la revolución.

Saioa Hernández, en su debut en la ABAO, cosechó un prolongado y merecido aplauso. Está con una madurez vocal e interpretativa única y confiemos en que siga así muchos años. Su técnica es excelente y al servicio de la música, y fue verdaderamente emocionante el aria “La mamma é morta”.

En cuanto al Andrea Chénier de Michael Fabiano, fue resolutivo y siempre bien timbrado en su emisión, pero se dejó mucha música en el tintero: se le puede sacar mucho más partido a todos sus momentos en solitario empezando por su tarjeta de visita “Un dí all’azzurro spazio”. Mucho más entregado estuvo en sus dúos con Maddalena de Coigny en el segundo y cuartos actos, pero probablemente fue por contagio de la Saioa. No obstante, estuvo a alto nivel.

Pero al éxito de la velada contribuyó también el compacto grupo de coprimarios con voces tan profesionales y expertas como las de Veta Pilipenko como Bersi, Jorge Rodríguez Norton como malvado Incredibile, Fernando Latorre como Mathieu o José Manuel Díaz en diversos roles. De hecho, el primer punto álgido en emotividad de la ópera, y de ahí no bajaría, fue cuando Madelon, interpretada por Nancy Fabiola Herrera, canta su escena en el segundo acto. ¡Brava!

La ópera de Giordano tiene una característica en su escritura, y es la alternancia rápida de estallidos líricos con momentos más prosaicos. El dar continuidad a toda la música con progresión dramática es uno de los retos de cualquier directos, y, sin lugar a dudas, Guillermo García Calvo, lo consiguió: esos estallidos líricos - ¡Qué profunda musicalidad tenía el treintañero Giordano cuando escribió esta ópera! - tenían una lógica dramática implacable. Además, el sonido que emanaba del foso era de una terrible belleza acariciante, y el balance entre foso y escena fue impecable. Muy bien también el coro preparado por Esteban Urzelai desde la delicadeza del inicial “O pastorelle, addio!” femenino hasta las escenas de tumulto revolucionario, con buen empaste y volumen.

Con todo esto, no es necesario explicar las ovaciones prolongadas y aplausos calurosos que todo el equipo recibió en sus saludos finales.

Jerónimo Marín

 

Andrea Chénier de Giordano.

Michel Fabiano, Andrea Chénier. Saioa Hernández, Maddalena de Coigny. Juan Jesús Rodríguez, Carlo Gérad. Nancy Fabiola Herrera, Contessa di Coigny y Madelon. Veta Pilipenko, Bersi. Gabriel Alonso, Roucher. Jorge Rodríguez Norton, Incredibile.

Coro de ópera de Bilbao. Orquesta Sinfónica de Bilbao.

Alfonso Romero, director de escena.

Guillermo García Calvo, director.

ABAO, Palacio Euskalduna, Bilbao. 01-06-2026.

 

Foto © E. Moreno Esquibel

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