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Críticas seleccionadas de conciertos y otras actividades musicales

 

Crítica / Maximilian Hornung: Un Elgar testimonial al chelo - por Ramón García Balado

A Coruña - 19/02/2026

Maximilian Hornung fue solista del Concierto para chelo en Mi m. Op. 85 de Sir Edward Elgar, completando programa con las Danzas sinfónicas de Sergei Rachmaninov, un chelista con fundamentos en el Stephan Gymnasium Augsburgo, y que tuvo como maestros a Eldar Issakadze, Thomas Grossenbacher y David Geringas, recibiendo galardones como el Concurso Alemán de Música y el ARD, con su trío, para proyectarse profesionalmente con la Bavarian Radio Symphony Orchestra (Munich) lo que se facilitó obtener un ECHO Klassics Prize y un Kunstförderpreis (2014), y colaborar con maestro como Bernard Haitink y Daniel Harding.

Case Scaglione, el director, fue alumno de Gustav Meier en el Peabody Institut of Music, antes de recibir las consideraciones de la Young Musicians Foundation Debut Orchestra de Los Angeles, mereciendo las atenciones de James Conlon, mereciendo el Conducting Prize, de la American Association at Aspen y la consideración de la Solti Foundation U.S., en su calidad de director, su carrera se consolidó con formaciones como la NDR Elbphilharmonie, la Brusselas P.O.; la Szczcin P.O.; la Dallas Symphony; la Lucerner Sinfonierorchester; la Württenbergerscher Kammerorchester Heilbronn, además de realizar visitas a nuestro país con la Orquesta de Castilla y León y la O. de RTVE.

Elgar -Concierto para chelo y orquesta en Mi m. Op.85-, última de sus grandes obras que se dio a conocer en Londres el 26 de octubre de 1919, teniendo como solista a Félix Saldmon, bajo la tutela del autor, probando con una plantilla más reducida y ligera, para esta composición que se resuelve en cuatro tiempos. Félix Saldmon (1888/1952), fue un chelista inglés con estudios en el Royal College of Music, teniendo como preceptor a Edouard Jacobs, probando ya desde joven como miembro del Cuarteto de Cuerda de Londres, con el que estrenará el Cuarteto en Mi m. y el Quinteto, de Sir Edward Elgar, una prueba de aptitudes técnicas para abordar una obra como el concierto que tuvimos en esta ocasión, con una diferencia de fechas relativamente estrechas, antes de trasladarse a los Estados Unidos en donde realizará lo más fructífero de su carrera, en calidad de solista, fundado entonces en 1937, el conocido New York Trio, con Carl Friedberg y Daniil Karpilovski, al tiempo que será un prestigiado profesor en el Curtis Institute (1925/42) y en la histórica Juilliard School neoyorquina (1924/52). Estamos con este concierto que pertenece a los años en los que culmina la serie del ciclo de songs Sea Pictures o lo más atractivo de sus trabajos camerísticos. Abría el concierto un Adagio moderato en el que el peso pertenecía al solista en forma de recitativo extenso para entregarse a un pasaje en Moderato, que permitió el discurso de una idea resuelta expresada en 9/8, en manos de las violas con respuesta del chelo, un a modo de lied ABA, en el que el detalle intermedio se proponían en 12/8, gracias a la participación del clarinete en Sol M. , preparando la entrada del solista con efectos en glissandi, y que permite el paso al Lento Allegro molto, también en forma libre sobre una orquestación puntillista en acentuaciones precisas sobre un detalle de cuerdas divididas y respuesta de los metales. Un Adagio en Si b M., mostraba un amplio desarrollo que terminaba descansando en la dominante, con un final de extenso melodismo. El Allegro ma non troppo, extenso Rondó distendido, modulaba sobre un detalle en Mi m., que facilitó una nueva idea de escala ascendente, que evocaba un claro sentido del humor, preparando el final en un sencillo episodio que nos traslada a la segunda frase del Adagio, para exaltar el diálogo entre el solista y la orquesta. Un marcado sentido del rubato y el uso del pizzicato tremolado, ayudó a inmiscuirse en la idea de Maximilian Hornung, quien añadió como bis el Prélude de la Suite nº 1 para chelo en Sol M. 1007, de J. Sebastian Bach.

Sergei Rachmaninov- Danzas sinfónicas, Op. 45-, obra con estreno neoyorquino (1941) bajo la dirección de Eugène Ormandy, también obra postrera del ruso, y compuesta tres años antes de su muerte, y que en previsión, otro sería el título que habría de llevar, tan sencillo como Danzas fantásticas resolviéndose en los tiempos: El Día; El Crepúsculo y Medianoche, pero el autor apostará por suprimirlos. Parte de esa música, acabará integrándose en un ballet incompleto, Los Escitas, que se había iniciado en 1915. Las danzas que nos afectaban, mostraron un lenguaje relativamente modernista, a tono con las estéticas de moda en aquel período, marcado por la expansión lírica permanentemente presente en el desarrollo de las obras que entonces firmaba, es decir, una orquestación notablemente nutrida, en la que sobresalía instrumentos que ayudaban a realzar el colorido sonoro impregnado por aspectos tímbricos, con efectos relumbrantes de campanillas y campanas, clarinete bajo, saxofón contralto, contrafagot, complejas percusiones, dos arpas y piano, una paleta de compleja disposición.

Eugène Ormandy (Jeno Blau) (1927/1985), en aquellos años ponía en atriles estrenos como Diversions on a theme, de Benjamin Britten; la Sinfonía nº 4, de B. Martinu o el Concierto para piano nº 3, de Béla Bartók. Había sustituido en 1931, a Toscanini en sus responsabilidades de música de radio, improvisando trabajos con la Philhadelphia Orchestra y la Minneapolis Symphonia. Rachmaninov, vivirían un período afortunado entonces, mientras completaba las Danzas sinfónicas Op. 45, ya que también culminaba las Sinfonías Segunda y Tercera; la Rapsodia sobre un tema de Paganini, para piano y orquesta, consiguiendo una brillante síntesis de su talento sinfónico y el enfoque de la vivacidad rítmica, dentro del colorismo conjunto en un perfecto equilibrio en su evolución que alcanzará puntos de encuentro con el Bartók, que asoma en la cercanía. El maestro Rachmaninov, coincidirá con Igor Stravinski, en Berverly Hills, aunque el entendimiento entre ambos no consiga frutos positivos, por lo que cualquier entendimiento quedará en entredicho. Morton Felman y John Cage, tras asistir a la presentación de la Sinfonía de Anton Webern con la New York Philharmonic, escucharon también las Danzas sinfónicas de Sergei Rachmaninov, en el Carnegie Hall, que completaban el programa con otras obras y de esa experiencia, coincidirán en la opinión propuesta por Feldman: Ha sido maravilloso ¿no?. Había comenzado una amistad que duraría de por vida.

El sinfonismo reencontrado del compositor ruso, deja registros como el que incluye la Sinfonía nº 3, junto a las Danzas sinfónicas, con la Royal Philharmonic, bajo la dirección de Andrew Litton, para la Virgin Classics y que también conocería la versión para dos pianos de Brigitte Engerer y Oleg Maisenberg, que editaría Harmonía Mundi. Tres tiempos desde el Non Allegro al Lento assai-Allegro vivace, con un Andante con moto (tempo di valse), en medio, con el emblema recurrente de una serie de texturas inestables y danzas de evocación ancestral.

Ramón García Balado

 

Maximilian Hornung

Orquesta Sinfónica de Galicia / Case Scaglione

Obras de Edward Elgar y Sergei Rachmaninov

Palacio de la Ópera, A Coruña

 

Foto: Maximilian Hornung / © Marco Borggreve

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