El Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) ha sabido aprovechar una de esas ocasiones realmente extraordinarias para ofrecer en Madrid a los aficionados de la música clásica en general, y de Johann Sebastian Bach en particular, un concierto que alcanzó unas cotas artísticas difícilmente superables, tanto por la calidad de la música interpretada, como por la de sus intérpretes. Y es que en el escenario madrileño tuvimos el privilegio de presenciar aunados los inconmensurables talentos artísticos de tres de las grandes figuras musicales del panorama actual, el flautista Emmanuel Pahud, el violonchelista Jonathan Manson y el clavecinista Trevor Pinnock.
Sobre el escenario de una sala de cámara a rebosar, como bien merecía la ocasión, aparecieron las tres humildes pero legendarias figuras para ofrecer un concierto tan rico, variado y rebosante de matices musicales, expresividad y exquisitez técnica que difícilmente podremos olvidar.
La obra que abrió el programa, la Sonata para flauta en mi menor, BWV 1034, aunó a las tres personalidades en un único e inmejorable trío de cámara. La conjunción alcanzada por los músicos fue tal que no imagino una formación que en directo pueda ofrecernos este nivel artístico. La precisión entre el clave y el violonchelo rozaba lo milimétrico en cuanto a fraseo, articulación, tempo y expresividad, mientras que la flauta pudo comportarse como verdadera pieza solista de un mundo bachiano tan rico como elocuente. Hubo tiempo para los movimientos rigurosos y académicos, en general los rápidos, pero también para la suprema expresión ensoñadora de los tiempos más reposados.
A partir de esta carta de presentación, se sucedió en el concierto la rica y variada, en extremo, demostración de posibilidades que con únicamente tres músicos se puede llegar a conseguir en una misma sesión dedicada a Bach. Así, Trevor Pinnock nos ofreció una de las piezas clavecinísticas más icónicas y complejas del genio de Leipzig, la Fantasía cromática y fuga en re menor BWV 903. A estas alturas, Pinnock no tiene nada que demostrar sobre sus cualidades en el instrumento, pero como si de un joven prodigio se tratara, nos deleitó con una interpretación tan rica como deslumbrante de la pieza. Sus ilimitadas realizaciones armónicas de los acordes bachianos se aunaron con la precisión y virtuosismo de su pulsación, aderezada con una vehemencia total del discurso armónico, de endiablada factura. La fuga fue de una especial maestría en la articulación, demostrando cómo deben ser interpretados los distintos motivos para resaltar su importancia formal.
A continuación fue el turno de Emmanuel Pahud con la Partita para flauta en la menor, BWV 1013. Poder escuchar en vivo esta pieza es algo bastante único, pero si además le sumamos quién fue su intérprete, nos encontramos con una ocasión realmente singular. Con su flauta travesera moderna, escapando de los rígidos corsés que impone el historicismo, Pahud nos dio un apasionante espectáculo tan pedagógico y musical de las posibilidades de la flauta en esta pieza. Su acercamiento a la escritura de Johann Sebastian Bach fue tan rico como expresivo, despojándose de cualquier prejuicio estilístico y demostrando que un talento como el suyo es capaz de afrontar cualquier repertorio. Me resulta imposible resumir en pocas palabras lo que fue este extraordinario momento. Debe vivirse en directo. Realmente impresionante.
El dúo conformado por nuestros queridos flautista y clavecinista concluyó la primera parte con la Sonata para flauta y clave en si menor, BWV 1030. Sus cuatro danzas fueron tan contrastantes como llenas de innumerables recursos. La flauta ejerció de verdadero instrumento solista de una libertad tan asombrosa que pareciera inaudito el modo tan natural y fantasioso con el que Pinnock lo arropó y dialogó con ella. Pudimos aquí también degustar de momentos más académicos, los vivaces, además de los movimientos de absoluta libertad formal y expresiva, los pausados.
La segunda parte comenzó con la pieza que permitió a Jonathan Manson exhibir sus cualidades, la Suite para violonchelo nº 3 do mayor, BWV 1009. La opuesta concepción interpretativa se pudo apreciar en su delicada y exquisita aproximación a esta querida obra. Su academicismo históricamente informado se aunó con la belleza de sonido en el instrumento, además de un dominio técnico abrumador. Raramente podemos escuchar una afinación en este instrumento tan precisa y una sonoridad global de igualdad tan impecable como redonda. El sonido conseguido además con el arco es tan hermoso como natural y ligero. La concepción de la suite nos acercó en muchas ocasiones a las sonoridades de la viola da gamba y de la exquisitez de las danzas francesas de Marais y Couperin. Debemos hacer notar que Manson es asimismo un magistral violagambista. La ejecución de los pasajes de dobles cuerdas fue especialmente impecable.
El concierto culminó con la Sonata para flauta y bajo continuo en mi mayor, BWV 1035, pieza inmejorable para concluirlo de un modo conjunto por estos tres grandes maestros. Belleza musical a raudales y ejemplaridad interpretativa a todos los niveles para conseguir una calurosísima ovación de la sala por parte del público que consiguió una ansiada y placentera propina.
Simón Andueza
Emmanuel Pahud, flauta, Jonathan Manson, violonchelo y Trevor Pinnock, clave.
Obras de Johann Sebastian Bach.
Concierto extraordinario del ciclo ‘Universo Barroco’ del CNDM.
Sala de cámaradel Auditorio Nacional de Música, Madrid.
18 de febrero de 2026, 19:30 h.
Foto © Elvira Megías