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Críticas seleccionadas de conciertos y otras actividades musicales

 

Crítica / Asuntos de familia - por Justino Losada

Madrid - 18/02/2026

La actual edición del Focus Festival 2026, titulada Pioneras y Exiliadas y preparada por la Orquesta Nacional de España bajo el comisariado de la musicóloga Elena Torres, desplegó un necesario ejercicio de incómodo recuerdo en su primera cita. Necesario porque, todavía hoy, en 2026, cabe reivindicar la creación musical de no pocas compositoras que vieron truncadas sus carreras, no solo por la infausta guerra civil, sino también porque con no pocas batallas personales –desdeñadas incluso hoy por quienes hacen de menos su oficio musical- lucharon en su tiempo contra el capital cultural, como apuntaría Pierre Bourdieu, que relegaba su talento por razones de género.

Por otro lado, la espinosa cuestión del exilio, tratado casi siempre en la partida pero muy pocas veces en el encaje del retorno explica como muchos músicos de la época optaron por encaramarse a cierto sosiego, a una estabilidad y, en cierto modo, un cómodo olvido ante el desconcierto de la tímida invitación a regresar al mismo país que los expulsó años antes. EL exilio termina siendo, en buena medida, la cuna de los apátridas, incómodos entre ambas tierras porque su reparación es imposible. Ellos nos lleva a pensar que, quizás, no es tanto el territorio –que siempre está aunque siempre cambie- lo que necesitan, sino el tiempo, su tiempo, robado. Y es aquí donde surge la incomodidad que se nos abre como una fuente posibilista ante lo que compositoras como Rosa García Ascot o María Teresa Prieto, protagonistas de este concierto, hubieran podido crear en otra España más tolerante y menos convulsa.

Resulta así muy de agradecer que la Orquesta Nacional prosiga con su encomiable labor de recuperación y encaje de todo ese patrimonio musical que el tiempo y las distancias dispersaron. Además, el concierto presentó música de Carlos Chávez, Silvestre Revueltas, José Pablo Moncayo y Gabriela Ortiz, que ejemplifican la creación sinfónica de un país, México, que abrazó el talento exiliado español durante el gobierno de Lázaro Cárdenas y dio contexto y cobijo a su magisterio del que se benefició, proyectando su legado hasta nuestros días. Para ello contamos con el mejor guía posible, el director mexicano Carlos Miguel Prieto, sobrino nieto de María Teresa Prieto, quien mantuvo un muy notable pulso ante un complejo y ecléctico programa al frente de la Orquesta Nacional de España. Como es habitual en estos conciertos, el musicólogo Mario Muñoz preparó dos introducciones habladas que se conjuntaron con las intervenciones al micrófono, también, del propio director.

Como bien apunta la musicóloga Elena Torres en sus muy esclarecedoras notas al programa, la neoclásica, muy diáfana y breve Suite para orquesta de Rosa García Ascot fechada en 1930 incluye tanto giros scarlattianos, presentes también en otras músicas del Grupo de los ocho como el ballet Sonatina de Ernesto Halffter, como un lenguaje depurado, al estilo de su maestro, Manuel de Falla, en el Retablo de maese Pedro o el Concierto para clave, que apuntalan el pequeño formato de una obra que recoge, también, el aura de Pulcinella de Stravinsky y los hallazgos de la Sinfonietta de Halffter. Bien planteada y construida por Carlos Miguel Prieto, la reconstrucción de la Suite tuvo una decente interpretación por la Orquesta Nacional que, por su concisión, supo a poco.

Con afabilidad y gracia el mismo Prieto tomó el micrófono para hablar de primera mano de su relación con su tía abuela, la compositora María Teresa Prieto de quien se interpretó a continuación su Sinfonía cantábile de 1954, obra que tras su interpretación en 1982 se perdió hasta su reciente recuperación. El propio director hizo referencia a los logros de la música de la compositora, de un espectro que recorrió desde el postromanticismo lisztiano al dodecafonismo pasando por la inspiración indigenista, como claves para comprender su obra que, a menor escala y parcialmente, evidencia la Sinfonía cantabile, un estudio en suite, en el que escruta diversas posibilidades de encontrar su propia voz mediante un lenguaje cromático, áspero por momentos y de una factura que, siempre desde el marco neoclásico, dejaba traslucir la influencia de Darius Milhaud. Pese a ciertos desajustes en los metales, entendibles por la dificultad de una música que no se interpreta con frecuencia, la autoridad de Carlos Miguel Prieto, que conoce la música de primera mano hizo posible el reestreno la Sinfonía cantabile en la mejor de las lecturas que cabían esperarse.

Concluyó la primera parte con la interpretación de la música de uno de los creadores del panorama musical mexicano del siglo XX, el agitador, organizador, compositor y docente Carlos Chávez de quien sonó su segunda sinfonía, Sinfonía India, obra compuesta en Estados Unidos por encargo de la Columbia Broadcasting Service con cuya orquesta estrenó a la batuta poco después de concluirla en enero de 1936. Posiblemente, la obra más conocida del autor, la Sinfonía India aglutina en un estilo directo, comunicativo, y poco amigo de abstracciones, el interés del compositor por elaborar un discurso nacionalista fundamentado en un telurismo indígena que se entrevera con el sonido del sinfonismo estadounidense, siendo Aaron Copland, la principal y más evidente referencia. Bien explicados quedaron estos aspectos mediante la interpretación de un Prieto bien inspirado, atento tanto al bullicio de la partitura como a su endiablada rítmica, que, al frente de la Orquesta Nacional tradujo con criterio históricamente informado al interpretarse la obra con buena parte de los instrumentos originales indígenas que Chávez requiere.

La segunda parte contó con música estrictamente mexicana interpretándose en primer lugar, Redes, música de Silvestre Revueltas fechada en 1936 y preparada en forma de suite sinfónica por Erich Kleiber en 1943. La partitura versa, rozando el documental, sobre las vicisitudes de los pescadores veracruzanos por medio de una rítmica convulsa, una luminosa y mordaz instrumentación y, también, el empleo de la orquesta con un sonido potente y compacto que impone gravedad a la opresiva atmósfera de la música -en clara sintonía con el film- demostrando los extraordinarios talento e inventiva de Revueltas que bien supo desgranar Carlos Miguel Prieto ante una entregada e impactante lectura ante la Nacional.

Alumna del añorado Mario Lavista, la compositora Gabriela Ortiz, cuyo Antropolis de 2019 sonó justo después, elaboró una alegoría del mosaico musical de cuatro clubes nocturnos de Ciudad de México a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, mezclando de forma episódica y entre cadencias de timbal, ritmos de cumbia, cabaret, bailes de salón, el punk -en unas maneras que recuerdan al Thomas Adès de Asyla- y un rutilante mambo final. Obra ya escuchada en Madrid por Karen Kamensek al frente de la Orquesta Sinfónica RTVE en 2024, la brillante visión de Prieto, quien estrenara la obra y quien es, hoy por hoy, uno de los principales embajadores de la música de Ortiz, reafirmó el carácter festivo y disfrutón de esta creación al conducir con agilidad y, sobre todo, contagiar la rítmica pegadiza a la Orquesta Nacional y al público del auditorio en una luminosa y divertida versión.

Concluyó el concierto con el Huapango de José Pablo Moncayo, creación basada en el arreglo sinfónico de tres sones veracruzanos que surge en 1941 por encargo del propio Carlos Chávez para sus conciertos sinfónicos del Palacio de Bellas Artes de Ciudad de México. Al material original, Moncayo le añade desarrollos propios con los que cierra una obra que ha permanecido en el acervo mexicano por su carácter totémico y nacionalista. Una vez más Prieto ofreció una versión canónica e idiomática de una música que lleva en su ADN y que supo hacer traducir por la Orquesta Nacional de España con rigor y estilo. Muy interesante concierto.

Justino Losada

 

Orquesta Nacional de España

Carlos Miguel Prieto 

Obras de García Ascot, Prieto, Chávez, Revueltas, Ortiz y Moncayo

Focus Festival - Orquesta y Coro Nacionales de España. Temporada 2025/2026

Auditorio Nacional, Madrid

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