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Crítica / Marshall on Gershwin (Real Filharmonía de Galicia) - por Ramón G. Balado

Santiago de Compostela - 22/03/2021

Wayne Marshall siempre se interesó por las obras de Gershwin, Leonard Bernstein o clásicos del jazz, como Duke Ellington. Otra de sus facetas es la dedicada al órgano, al que dedicará atención en la Saint George Chapel, del Windsor Castle. En cuanto a este instrumento, se le pudo escuchar en la Catedral de Notre Dame, en el Rundfunk WDR, de Colonia y en la Abadía de Westminster. Grabó la Sinfonía nº 3, para órgano, de C.Saint-Saëns, aunque las preferencias en sus registros, se centran en el repertorio del propio Gershwin. Estrenó  el Concierto para órgano, de James McMillan, dirigido por Esa-Pekka- Salonen  con  la  Los Ángeles Philharmonic O y la ópera The Great Gatsby, de John Harbison, en Dresde, en 2015.

La Fantasía sobre Porgy and Bess, con orquestación de Ian Farrington, autor también de la realizada sobre Un americano en París, el tráfago cotidiano de una vida acelerada,  músico activo en la Aurore Orchestra, que resolvió con mesura lo que partía de  una posible ópera sobre elementos populares en parte jazzísticos y la típica comedia musical estilo Broadway, de un músico forjado en los ambientes de Tin Pal Alley, en los que se bregó como creador de estilosas songs plugger, en pequeños recitales abiertos. Fortuna fue que conociese a Paul Whiteman, en una pretensión de probar como director de orquesta en las cercanías del jazz sinfónico, presentando entonces un primer trabajo para el Aeolian Hall con Evan Gauthier, un laboratorio de pruebas para la Rhapsody in Blue.

Gran acierto en Gershwin, será la descripción dramática y musical, ubicada en los medios de Catfish Row, convertido en un gueto marginal. En resumen, los temas musicales del trabajo, sobresalen en una cascada de citas musicales: Summertime, My man´s gone now, I got plenty o´ nuttin, Bess you is my  woman now o It ain´t necesarely so.

Aquellos años treinta y su visita europea, con sus pretensiones de estudiar con N.Boulange y M.Ravel, o el encuentro con Igor Stravinsky, de los que se recuerda la divertida anécdota  con la pretensión de  convertirse en alumno del francés, quien le preguntará por su situación  económica y sus beneficios reales y ante la respuesta, concluirá que el maestro debería ser el propio Gershwin. Una intención  de acercarse al Grupo de los Seis y cuyo resultado artístico será Un Americano en París, que dará razones para un poema sinfónico para orquesta, estrenado por la Orquesta Filarmónica de Nueva York, bajo la dirección del prolífico Walter Damrosch, en el Carnegie Hall.

La Rhapsody in Blue tuvo una primera versión para dos pianos en 1924, y Ferde Grofé fue testigo afortunado ya que era arreglista al servicio de Paul Whiteman. Se preocupó de la  orquestación apresurada reteniendo detalladamente el estilo del propio creador, en un trabajo a la par que le ocuparía varias semanas. Queda una orquestación para piano y banda de jazz a modo de prueba nada desdeñable. El primer ensayo general se hizo en el Palais Royal, con asistencia de privilegiados notables: Walter Damrosch, el crítico W.J. Henderos, el pianista y profesor Edwin Hughes y algún agudo editor. Esta vez,  Wayne Marshall tuvo a su servicio una orquesta reforzada con saxofones, trombones y tuba, con un añadido de batería propia de formaciones de  jazz. Su interpretación alla Ellington derivo en cierta manera por esa vía, dejándonos un resultado nada desdeñable, que ampliaría la idea común que de la obra tenemos.

Grofé había jugado un papel fundamental, incluso sobrevalorado por otros músicos. Se dirá, en cuanto a lo que debe al jazz, la  importancia del impacto resolutivo, no debe olvidarse jamás que una orquestación determinada no es más que el vestido capaz de multiplicar los encantos de una dama. Considerando la Rhapsody in Blue en los múltiples arreglos a que se ha sometido, sigue siendo, por sí misma, una obra musical de gran fascinación. Tampoco cabe suponer, como hicieron algunos, que porque Gofré hizo la orquestación, Gershwin fuera incapaz de hacerla. A esas alturas, el autor había recibido lecciones en instrumentación de Kilenyi y en 1924, disponía de suficiente destreza para dominar los instrumentos orquestales.  Grofé era el reconocido arreglista de Whiteman y conocía a fondo su orquesta.

Ramón García Balado

Wayne Marshall (director y solista). Real Filharmonía de Galicia.

Obras de G. Gershwin.

Auditorio de Galicia, Santiago de Compostela

Foto © Xaime Cortizo

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