Ampliando la oferta para satisfacer a tanto visitante como acude a la ciudad natal de Mozart por el señuelo del Festival, en las últimas ediciones del mismo parece haberse ampliado en la oferta el número de títulos. Aunque no de producciones, recurriendo para ello a la fórmula de concertante o semiescenificada que, en muchos casos, apenas difieren entre una y otra.
En el caso de Lucio Silla, el título que nos ocupa, poco tuvo que añadir la directora escénica Birgit Kajtna-Wönig, habitual colaboradora en estos menesteres del director musical Adam Fischer en Salzburgo, donde en 2003 iniciaron conjuntamente un proyecto mozartiano con Il re pastore, que tuvo continuidad la pasada edición en la Haus für Mozart con Mitridate re di Ponto.
El marco elegido para esta ocasión ha sido la nada convencional Felsenreitschule donde, para dar una mínima consistencia al drama, se tuvo que devanar poco más los sesos. El sobrecogedor espacio natural que brindan los horadados muros de piedra de la Felsenreitschule se lo daban todo resuelto. Sólo tuvo que añadir sobre una plataforma, la mesa de despacho con un teléfono de baquelita y el sillón, testimonio de poder del tirano que titula la ópera seria que Mozart escribió sobre un libreto en italiano de Giovanni de Gamerra, intervenido más tarde en la redacción por el inefable Metastasio. Era la respuesta a un encargo de Milán, en cuyo Teatro Regio Ducale se estrenó en 1772 con excelente acogida, que se tradujo en 26 representaciones.
A pesar de sus cuatro horas y media de música escritas por un adolescente de dieciséis años que, dos años antes ya había escrito para el mismo lugar Mitridate re di ponto. Entre una y otra, habría que citar, también en el teatro milanés, el Ascanio in Alba, de formato más reducido, encargo a Mozart de la Emperatriz María teresa para festejar el matrimonio de su hijo el Archiduque Fernando.
Ni que decir tiene que la labor primera del maestro Fischer, reconocido especialista en el repertorio mozartiano ha consistido en adelgazar la frondosa partitura, reduciendo su duración a dos horas y media. Sin notarse aparentemente la merma: ahí quedaban las exuberantes arie da capo, la opulenta orquestación o las tres fundamentales apariciones del coro, clausurando cada uno de los actos de esta obra capital. Que permaneció en el olvido hasta 1964, cuando el Festival la programó en el Palacio Arzobispal, para adquirir carta de naturalidad desde 1993 por iniciativa de Mortier que, en su decenio al frente de la cita estival, la programó en dos ocasiones.
En un intento de ayudar al espectador a poner en pie el enredoso argumento, sobre la pared, en alemán e inglés, se proyectan los textos cantados con caligrafía similar a la de un comic, después de resumir en un resumir en un cuadro la relación entre los dramatis personae: un plantel de voces jóvenes, con alguna limitación en determinadas coloraturas. Cinco cantantes en total, siguiendo la plantilla designada por Mozart, y un solo papel masculino para el tirano Silla, asignado al tenor Giovanni Sala, que resolvió cómodamente sus dos arias.
Los cuatro restantes correspondieron a mujeres, con la mezzo australiana Xenia Puskarz como convincente Cecilio, escrito por Mozart para su contratenor de cabecera Venanzio Rauzzini, a quien dedicaría el famoso Exultate Jubilate. Excelente resolución como Celia -especialmente en su aria del último acto- de la soprano armenia Lilit Davtyan, así como su homóloga italiana Martina Russomano en Lucio Sinna.
Mención destacada, la desenvoltura en su debut salzburgués de la joven soprano rusa Nina Solodovnikova, capaz de asumir en un corto espacio de tiempo el papel de Giunia inicialmente ofrecido a la española Sara Blanch, que en la pasada edición conquistó al público de esta ciudad como Aspasia en el citado Mitridate, con el que acababa de triunfar en el Teatro Real de Madrid. Solodovnikova colocó muy alto el listón junto al Cecilio de Xenia Puskarz Thomas en el duo conclusivo del primer acto, secundados por el coro.
El maduro Adam Fischer, que llegó hasta el podium apoyado en dos muletas, se olvidó de ellas desde que ocupó el estrado. Enérgico, vital, desde el primer movimiento de la batuta. Moviéndose con soltura, animando con dinamismo a la orquesta con la que colabora desde hace años, se convirtió en el gran protagonista del programa. Lo demostró el público con grandes ovaciones a su labor, así como al resto del elenco, coro incluido, premiando su juventud y su entrega.
Juan Antonio Llorente
Giovanni Sala, Nina Solodovnikova, Xenia Puskarz Thomas, Martina Russomanno, Lilit Davtyan.
Orquesta del Mozarteum / Adam Fischer.
Coro Salzburgo / Michael Schneider.
Lucio Silla, de Mozart.
Felsenreitschule (02.08.36) Salzburger Festspiele 2026.
Foto © Marco Borrelli