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Críticas seleccionadas de conciertos y otras actividades musicales

 

Crítica / Lucidez y rigor - por Juan Manuel Ruiz

Madrid - 23/02/2026

La Orquesta Sinfónica de Londres, dirigida por su director Principal invitado Gianandrea Noseda, y con la violinista Patricia Kopatchinskaja, fueron los protagonistas del concierto del pasado jueves de Ibermúsica. En programa: Nuages y Fêtes, de C. Debussy, el Concierto para violín “A la memoria de un ángel”, de A. Berg, y la Sinfonía nº 1 en Re menor, Op. 13, de Rachmaninoff.

Noseda, dirigiendo sin batuta en Nuages, reveló con extrema sutileza sus vaporosas atmosferas cambiantes, con intervenciones destacadas del corno inglés, flauta, violín y chelo. Las tenues texturas en pianissimo y colores armónicos logrados mostraron las mejores cualidades en las cuerdas y maderas de la orquesta.  Fêtes resultó vibrante rítmicamente, incisiva en la articulación, dinámica en matices y radiante en los metales y percusión en su sección central, aportando intensidad y contraste con su predecesora.  La acertada versión de los dos nocturnos hizo echar de menos la inclusión del tercero, Sirenes, en el programa.

El Concierto para violín “A la memoria de un ángel”, de Berg, tuvo como solista a la violinista moldava Patricia Kopatchinskaja. Como suele ser habitual en sus actuaciones, la artista rompió con lo convencional: sobre una textura de glisandi de armónicos en las cuerdas, la intérprete apareció en escena, delante del director, cantando una melodía popular de Carintia, que enlazó con el concierto de Berg en el momento en el que Noseda alcanzó el podio.  Maestro y solista se mostraron en plena connivencia desde el inicio de la obra, entendiendo tanto el rigor constructivo como la profunda expresión propios de Berg. El tenue inicio del Andante-Allegretto, con el violín apoyado por arpas y clarinetes, fue progresando hasta introducirnos con naturalidad en el mundo sonoro expresivamente intrincado de Berg. Noseda, atento al mínimo detalle de textura y color, exhibió con suma claridad y continuidad la caleidoscópica escritura del concierto en sus cambiantes bloques sonoros. Kopatchinskaja enfrentó la obra con maestría técnica y matizada expresión. La claridad en la articulación, precisión de afinación y control del vibrato de su instrumento, los cambios súbitos de registro, las dobles cuerdas y los sutiles sobreagudos, fueron puntos destacados en su interpretación, junto a la desgarrada intensidad dramática o los líricos fraseos en los pasajes que lo requerían. Su interactuación con la orquesta fue fluida y balanceada, a pesar de cierta pérdida de peso sonoro del violín en los tutti orquestales.

Los vibrantes y prolongados aplausos del público fueron correspondidos con una original propina: el coral de Bach Es ist genug (Es suficiente), motivo temático de la obra de Berg, entonado y tocado por los miembros de la orquesta.

La Sinfonía nº 1 de Rachmaninoff rezuma pasión juvenil y ciertos rasgos que caracterizarán su manera compositiva posterior. La obra presenta una rica orquestación y un motivo cíclico que aparece en sus distintos movimientos. Audaz en su búsqueda de un lenguaje propio, Rachmaninoff juega con la forma en bloques yuxtapuestos, contrastantes en ritmo y carácter, alejándose del tradicional desarrollo temático. Noseda abordó la sinfonía con convicción, dando unidad y continuidad al discurso musical pese a la evidente fragmentación constructiva. El dramático inicio del Grave-Allegro non troppo dio impulso vital a la sinfonía, seguido del delicado motivo del clarinete para desembocar en los vertiginosos episodios posteriores. La formación inglesa respondió con precisión y brillantez en todas sus secciones orquestales a la dirección de Noseda en los amplios fraseos melódicos y los cambiantes bloques sonoros del Allegro animato. El Larguetto fue sutilmente expresivo en los inspirados solos de las maderas o el concertino, así como en los dilatados motivos de las cuerdas, que ya exhiben el melodismo característico de Rachmaninoff. La sinfonía terminó con un poderoso Allegro con fuoco desplegado en paneles rítmicos y temáticos confrontados. Tras la amplia resonancia del tam-tam en su sección final, Noseda logró llevar la obra, a través de las densas cuerdas y el remate de la percusión y los metales, a un cierre contundente y dramático que arrancó sonoros aplausos del público.

Los tres compositores solapados en su tiempo, con tan dispares visiones compositivas, nos fueron revelados con rigor y lucidez, mostrando los distintos caminos que llevan a la más alta música.

Orquesta y maestro ofrecieron como bis la Polonesa de Eugenio Onegin, de P. I. Chaikovski, en una versión vivaz aplaudida con entusiasmo por el público.    

Juan Manuel Ruiz

 

Orquesta Sinfónica de Londres, Gianandrea Noseda.

Patricia Kopatchinskaja, violín

Obras de Debussy, Berg y Rachmaninoff.  

IBERMÚSICA. Auditorio Nacional de Música. Madrid.

 

Foto © Rafa Martín/Ibermúsica

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