De nuevo una cita triunfante en la que está resultando la mejor temporada de las programadas en el Círculo de Cámara del Círculo de Bellas Artes de Madrid.
Dentro de esta temporada, bautizada Música para un centenario (en alusión a los cien años que cumple el edificio ideado por el arquitecto Antonio Palacios en la calle Alcalá de Madrid), hay una línea recurrente: la atención dedicada a la música vocal de Franz Schubert, con la programación de sus tres grandes ciclos de canciones, más dos recitales dedicados a sus lieder.
En esta ocasión, el domingo 15 de enero, tocaba escuchar La bella molinera, D. 795, ciclo de veinte lieder de Franz Schubert, en la voz del barítono Konstantin Krimmel, y el pianista Ammiel Bushakevitz. Respecto a la música, escrita por Schubert en 1823 sobre poemas de Wilhelm Müller, poco original podríamos escribir. Se trata de uno de los ciclos más populares del repertorio lírico, y debe su fama, entre otras cosas, al hecho de que a lo largo de las veinte canciones se narra una historia con argumento propio y coherencia interna. Ello le da una personalidad de la que carecen otros ciclos de canciones reunidas bien por afinidades más musicales que temáticas, bien por intereses editoriales, o por cronología en la composición. Müller narra en sus poemas la historia de un joven que se enamora de la molinera del título, y que, a lo largo de los poemas, va pasando de la exaltación del amor juvenil, a los celos frente al rival, para llegar al dolor del desengaño.
Es lugar común reconocer que, en muchísimas ocasiones, adaptar una obra maestra artística a un género que no es el original no suele dar buen resultado, ya que la base de partida es tan elevada que da poco margen al creador posterior para mejorarla y aportar un nuevo plus de genialidad. En cine, un gran libro no siempre da como resultado una gran película, y los mejores guiones adaptados no siempre han elegido obras maestras. En música podemos asumir la misma idea. Por un Falstaff de Boito hay muchas óperas ‘literarias’ con libretos casi imposibles, y en el género lírico, la musicalidad de un poema perfecto es muy difícil transcribirla a verdaderas notas musicales.
Schubert eligió los poemas de este poeta ’menor’, para crear una obra maestra. Como si nos encontráramos frente a una obra de teatro, el protagonista ‘canta’ sus sentimientos en las sucesivas canciones mediante una perfecta caracterización musical. Sus estados de ánimo, más que la acción narrada por el texto, son los que definen la música de Schubert. Como en muchos lieder schubertianos, la Naturaleza se erige también en protagonista, y donde en el texto es metáfora literaria, en el pentagrama se transforma en el paisaje que refleja los sentimientos del enamorado.
¿Cuándo podemos decir que, independientemente del gusto personal del crítico de turno, un concierto o un recital han sido un triunfo? Cuando al terminar la última nota del mismo se hace un silencio sepulcral en la sala, como si todos los asistentes contuvieran el aliento ante la perfección de lo escuchado, un instante con el tiempo detenido, más decisivo aún que los unánimes aplausos que suelen sonar a continuación. Es una de las experiencias musicales más emotivas que se pueden vivir y los asistentes el pasado domingo al recital de Krimmel y Bushakevitz así podemos atestiguarlos.
Podríamos escribir sobre la indiscutible calidad vocal de un cantante que maneja a la perfección todos los elementos de su instrumento: un hermoso timbre de voz, una musicalidad delicada pero firme, unos pasajes y una media voz sin fisuras, más una amplitud de registro admirable; y pondríamos en igualdad de condiciones a un pianista templado y riguroso, dotado también de la sensibilidad exigida por la música de Schubert, así como del oído atento necesario para ser el partenaire perfecto de una gran voz. Sería una reseña como muchas otras, pero, antes que eso, que también, y mucho más que no escribimos para no aburrir al lector, preferimos dar prioridad al sentimiento, a la sensación inigualable de haber asistido a un recital que se recordará durante mucho tiempo.
Blanca Gutiérrez Cardona
Círculo de Camara 25-26. Teatro Fernando de Rojas, CBA Madrid
15-02-2026
Konstantin Krimmel, barítono y Ammiel Bushakevitz, pianista
Franz Schubert: La bella molinera, D. 795