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Críticas seleccionadas de conciertos y otras actividades musicales

 

Crítica / Lluvia, Amor y Esther Yoo, violinista extraordinaria - por José M. Morate Moyano

Valladolid - 23/02/2026

El undécimo programa de abono de la OSCyL en su sede de Valladolid, trajo un programa que no podía estar más al día. Comenzaba con el estreno en España de Rainphase (2015), de la compositora y violinista neozelandesa Salina Fisher (1993), la más joven en ganar con élla el Premio Contemporáneo SOUNZ, que fue Residente en la Orquesta Nacional Juvenil de la NZSO y concertino desde 2012, que coincidía con esa pertinaz Lluvia que tanto ha azotado nuestro País en estos días. Vino después la Serenata para violín, arpa, percusiones y orquesta de cuerda (1954) de Leonard Bernstein, que se basa en el diálogo “El banquete” (“Symposium” en griego) de Platón, cuyos oradores celebran la naturaleza del Amor, que la semana pasada festejaba a su patrono comercial actual, Valentín. Y como gran pieza, esa suite sinfónica sobre los cuentos árabes de tragedia amorosa que son “lLas mil y una noches”, que Rimski-Kórsakov tomó como base para su Sheherezade, op. 35, (1888), que la OSCyL abordó por undécima vez.

Para conducir este repertorio, se invitó a Gemma New (Wellington, 1986), segunda presencia entre nosotros, Directora Principal de la Sinfónica Nacional de Nueva Zelanda, tras su paso por las de San Luis y Dallas donde fue Residente y Principal invitada; Premio Sir Georg Solti 2021 de la Solti Foundation USA. Como solista invitada para la Serenata de Bernstein, actuó Esther Yoo (1994), violinista coreana-estadounidense criada en Europa, ganadora del X Concurso Sibelius (2010) y del “Reina Isabel”, desde 2025 Profesora del Royal College de Londres, que hizo aquí así su presentación.

De la Directora Gemma New hay que decir ya, que confirmó la buena impresión que causó en su debut, aumentada por dos años más de experiencia. Su esbelta figura le posibilita un gesto muy amplio que, unido a su expresividad, entrega y buena técnica, le permite marcar todo con claridad meridiana y “hacer su versión”, que transmite a sus músicos con efusividad, logrando su  colaboración y concentración total. Así, la observación de la gestación, desarrollo y calma de una fuerte tormenta en los Jardines Botánicos de Wellington, que llevó a Salina Fisher a reflejarla en sonidos que rindieran homenaje a la Naturaleza y a la atmósfera que genera el golpear de las gotas según el piso donde caen, hicieron de Rainphase una grata experiencia sonora, bien leída y tocada por Directora y músicos en cada una de sus 4 fases: el sol se oculta por nubes grises oscuras; caída de las primeras gotas; arrecia la lluvia con violencia; el agua se va recogiendo en surcos y charcos, recurriendo a “suspiros fantasmales” de maderas y metales, flexiones de tono (pitch bending), compleja orquestación, constantes cambios de compás que describen el caos de la Naturaleza y empleo de percusiones como tambor de agua, crótalos frotados con arco dentro de agua, bloques de madera, vibráfono, tam-tam y otras más frecuentadas. Todo bien medido y ajustado como los pizzicati de la cuerda y riqueza de matiz. El público, que volvió a llenar la Sala, acogió el estreno nacional con satisfacción y aplausos para todos.

La Serenata de Bernstein (no se tocaba desde la 1993-94) fue un encargo de la Fundación Koussevitzky en memoria del matrimonio que le dio nombre, y ha coincidido esta vez con el lanzamiento este mes del nuevo álbum para el “sello amarillo”, “Love Symposium”, de la violinista Esther Yoo, que la incluye junto a otros temas de Amor y su relación con la Música. Seña del conocimiento que tiene de la obra. Fue seguida y acompañada por la OSCyL y Gemma New, sabiendo dar a cada orador interviniente en el Banquete, la apropiada personalidad y filosofía platónica. Desde Fedro (el dios más antiguo de fuerte virtud), apertura en Lento que la solista hizo intenso, lírico, expresivo, homogénea en el sonido de su Stradivarius “Príncipe Obolensky” 1704, afinación perfecta, técnica absoluta y volumen plenamente competitivo, a la transformación en sonata con Pausanias (que marca diferencias entre crítico y filosófico); siguiendo por Aristófanes (rítmico y divertido con “el mito del andrógino” donde Amor ayuda a buscar las mitades complementarias que Zeus separó en origen); Erixímaco (scherzo veloz donde como médico armoniza los opuestos Medicina, Música y Naturaleza); Agatón (centro emocional de la obra por las virtudes de Eros, donde Esther hizo espléndida cadencia y la OSCyL brilló en el detalle de violas, cellos y bajos); Sócrates (de nuevo excelente Adagio de cuerdas graves y juego solista-cello-dos violas), serio razonamiento interrumpido por los ecos de jazz que acompañan la entrada del ebrio Alcibíades, que acaba por alabar la virtud interior socrática aún en el festejo que él ha provocado. El magnífico Presto vivace final completó la labor del trío: Solista-OSCyL-Directora en una versión modélica que arrebató al público, en particular Esther Yoo, obligada a añadir el tema “Yankee Doodle” y siete variaciones que integran Recuerdos de América, op. 17 de H. Vieuxtemps, pieza apreciada por todos los violinistas, que la coreana hizo relampagueante, salvando sin fallar una nota todos los escollos técnicos que encierra, provocando el entusiasmo general de una audiencia insaciable, que obligó a un nuevo encore exquisito, tranquilizante e ineludible: J. S. Bach, nuevo éxito.

No todas las secciones que integran los cuatro movimientos de Sheherezade fueron irrefutables en tempi, pero sí lo fue la versión total de esa orgía de colores orquestales que escribió Rimski-Korsakov, planteada por Gemma-New, con articulaciones, acentos, contrastes dinámicos, precisión de ataques y claridad, con el tema de la Princesa tan hermosamente lírico, que sirve de nexo entre éllos y que el concertino hizo con perfección técnica, incluso mejor aún en el cuarto final. (Justo recordar lo bien que en esta obra rendía, con sonido bello y cálido la concertino-fundadora Wioletta Zabek). Toda la orquesta y sus solistas, se entregaron con calidad a las directrices de la Directora, completando una interpretación sólida, con una cuerda maciza de grato sonido, incluidos arpa y soli de cello; maderas sutiles con fagot sorprendentemente bueno y flautín musical; metales robustos y unidos con nota para el segundo trombón y trompa; y percusión acertada, en particular los timbales. Pero insisto, fue la OSCyL al completo y la convicción de Esther Yoo para sacar adelante su idea de conjunto, quienes nos brindaron una Sheherezade cautivadora, sí digna de perdurar en vida.

José Mª Morate Moyano

 

Esther Yoo, violín

Orquesta Sinfónica de Castilla y León (OSCyL) / Gemma New

Obras de S. Fisher, L. Bernstein y N. Rimski-Kórsakov

Sala sinfónica “Jesús López Cobos” del CCMD de Valladolid

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