La programación de ‘Universo Barroco’ del Centro Nacional de Difusión Nacional (CNDM) en una abarrotada sala de cámara del Auditorio Nacional nos propuso una velada con una de las músicas más exquisitas de la historia de la música: los Conciertos de Brandemburgo BWV 1047-1051 de Johann Sebastian Bach.
Creo que es innecesaria una introducción que sitúe a estas queridísimas obras del repertorio bachiano en su contexto. Solamente diré que siempre es un inmenso placer escucharlas en vivo a través de una interpretación como la que vivimos en Madrid la pasada noche, con músicos de notable o sobresaliente destreza y que emplean criterios históricamente informados.
No fue posible escuchar el ciclo completo de estos conciertos, ya que el BWV 1046 requiere de un orgánico muy distinto al resto y de mayores dimensiones, que seguramente fue descartado por motivos económicos. Además, fuimos avisados de que el orden de las obras que figuraba en el programa de mano fue finalmente modificado, seguramente para una mayor vistosidad del concierto, ya que la primera y la última obra la plantilla orquestal, numerosas en el tutti, añadieron brillantez sonora al conjunto.
Fundada en Friburgo en 1995, la Orquesta Balthasar Neumann funcionó como un verdadero conjunto de cámara, carente de su carismático director. Al tratarse de una formación orquestal que desarrolla incursiones musicales de muy diversa naturaleza, el resultado de la interpretación de estas piezas de elevadísima complejidad técnica y musical fue de desigual resultado, puesto que no hay que olvidarse que la verdadera naturaleza de estas composiciones es, mayormente, de un reducido grupo de solistas virtuosos que dialogan con la orquesta.
La primera obra que escuchamos fue el Concierto nº 2 en fa mayor BWV 1047. Entre sus solistas, los vientos fueron quienes más destacaron. Es conocida su dificultad extrema, tanto técnica como de registro, escrita para el trompetista. En esta ocasión Moritz Görg demostró su virtuosismo y su destreza técnica en el trompeta natral, logrando una ejecución brillante en todas sus intervenciones, a través de una concisa, ágil y natural conexión musical especialmente con Hester Groenleer en la flauta de pico, quien demostró a lo largo del concierto ser una de las solistas más destacadas del conjunto alemán, tanto por su pericia en el instrumento como por su habilidad de conjunción con todos sus compañeros. Quizás este concierto fue el que más dificultad entrañó para los instrumentistas que conformaron el ripieno, con evidentes desajustes de tempi y con un elevado volumen sonoro que debió ser más sutil, seguramente debidos a la novedosa acústica para ellos de la sala. A cambio, su vitalidad y disfrute conformaron una masa sonora de rica calidad en esta espectacular creación de Johann Sebastian Bach.
A continuación, el Concierto nº 5 en re mayor BWV 1050 supuso la que fue la más sutil y evocadora de todas las piezas interpretadas, tanto por sus solistas como por el reducido grupo de músicos que actuaron como conjunto de cámara. El clavecinista Jeremy Joseph demostró unas cualidades técnicas excepcionales, especialmente visibles en la espectacular y afamada cadencia para su instrumento, que en sus manos sonó natural, de una musicalidad realmente inspiradora y de un dominio técnico total, consiguiendo que la arriesgada y vertiginosa creación bachiana sonara siempre espléndida y orgánica, a pesar de las limitaciones técnicas y expresivas del instrumento proporcionado. Asimismo, deliciosas fueron las intervenciones del tándem conformado por Michael Schmidt-Casdorff en el traverso junto al violinista Daniel Sepec, ambos con un manifiesto amor a esta evocadora música que sonó siempre delicada y con multitud de afectos, en un sobresaliente ejercicio de diálogo musical y de extrema igualdad en la articulación y en el plano sonoro de ambos.
La primera parte de la velada concluyó con el Concierto nº 3 en sol mayor, BWV 1048, que fue un fastuoso ejercicio de precisión, conjunción y de verdadero disfrute de esta obra maestra. Todos y cada uno de los componentes de este peculiar grupo de cuerda que entremezcla la tradicional formación orquestal de cámara con unas intervenciones solistas exigentes de cada miembro del conjunto. Así, debemos nombrar a todos y cada uno de sus integrantes, que así lo merecen. A Daniel Sepec se le unieron Verena Sommer y Henriette Otto-Dierßen en los violines, mientras que las violas estuvieron conformadas por Pablo de Pedro, Donata Böcking y Christiane Bruckmann-Hiller. La sección grave fueron Christoph Dangel y Lorenzo Meseguer en los violonchelos y Ena Markert en la viola da gamba, quienes conformaron una única sección de espléndida vitalidad acompañada de una riqueza sonora de gran belleza. Creo, además, que el tercer movimiento de este concierto encontró un tempo realmente adecuado, huyendo de la extrema velocidad, recurso frecuentado por algunos.
La segunda parte incluyó las dos piezas faltantes entre las que destacaremos por su brillantez la que cerró el programa, el Concierto nº 4 en sol mayor BWV 1049. En él, los instrumentos solistas estuvieron francamente inspirados, aunque también el numeroso tutti fue de una sobresaliente conjunción, tanto interna como en sus diálogos con los instrumentos solistas, a pesar de que en el segundo movimiento estos salieron del escenario, situándose en la zona de vestuarios, ejercicio que obligó a una férrea disciplina entre todos los instrumentistas fabulosamente conseguida en todos los aspectos obteniendo un resultado de especial y bello conjunto que dialoga en eco. A los ya mencionados Daniel Sepec y Hester Groenleer se les sumó Hannah Voß en la flauta de pico, quienes fueron un trio de solistas delicioso.
Simón Andueza
Orquesta Balthasar Neumann.
Conciertos de Brandemburgo, Johann Sebastian Bach.
Ciclo ‘Universo Barroco’ del CNDM.
Sala de cámara del Auditorio Nacional de Música, Madrid.
5 de noviembre de 2026, 19:30 h.
Foto © Elvira Megías