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Críticas seleccionadas de conciertos y otras actividades musicales

 

Crítica / Comodidad sin excelencia - por Justino Losada

Madrid - 07/11/2026

Estimulante y ambicioso concierto que, con el título de Coreografías Sinfónicas, desplegaba en torno a la diversidad de la danza en el continente americano un ramillete de músicas que presentaron la Orquesta de la Comunidad de Madrid con su actual titular Alondra de la Parra el pasado martes de 3 de noviembre. Contó con la suite del ballet Estancia del músico argentino Alberto Ginastera, el estreno en España del Concierto Tap del francés Thomas Enhco, la primera interpretación por parte de la ORCAM de las  Cuatro danzas negras americanas del compositor del afroamericano Carlos Simon y, para finalizar, las Danzas Sinfónicas de West Side Story de Leonard Bernstein. El solista en el Concierto Tap fue el bailarín Caleb Teicher.

Tras un minuto de silencio en recuerdo a  los fallecidos en el trágico accidente ferroviario de Urda y, en especial, a la compositora Marisa Manchado, Premio Nacional de Música 2024, a quienes se dedicó el concierto, la velada se abrió con música de quien fuera el compositor más ilustre de Argentina y uno de los creadores más interesantes del pasado siglo, Alberto Ginastera. Siempre sensible a las raíces populares de una telúrica música que, filtrada y ribeteada de un vigor stravinskiano, supo organizar con rotundo éxito desde sus obsesivos ritmos con coloristas y brillantes orquestaciones. Es el caso del ballet Estancia de 1941 del que extrajo una conocida suite en cuatro movimientos dos años más tarde plasmando, posiblemente, uno de los mejor trabajados encuentros entre la música popular y sinfónica.

Con vigor y precisión rítmica pero cierta frialdad inicial sirvió Alondra de la Parra la suite yendo de menos a más y mejorando notablemente el balance entre las cuerdas de la ORCAM -apenas audibles en el primer número- con el resto de secciones instrumentales, para deplegar un sonido general mate, poco bruñido y con tendencia a los decibelios de más que, prácticamente, se extendió por todo el concierto. Se echaron también de menos más depuración sinfónica y una proyección sonora más espaciada. El público no ayudaba tampoco a una mayor concentración ni a un desarrollo más orgánico de las obras al aplaudir de forma sistemática tras cada número. Tras una correcta interpretación de una música tan mineral como la de Ginastera, que podría haber dado mucho más, De la Parra tomó el micrófono para presentar el Concierto Tap de Thomas Enhco. 

Como bien apunta Carmen Noheda en sus estupendas notas al programa, no son habituales los conciertos para claqué, siendo el primero el que compusiera el nunca bien ponderado músico norteamericano, Morton Gould firmó en 1952 para el bailarín de musicales y coreógrafo Danny Daniels y que sentó las bases para posteriores creaciones semejantes. Así, la orquesta debe estar atenta a los sutiles cambios de gestos, timbres y ataques de los pies, que en una música así, funcionan como otro instrumento de percusión que, además, se desplaza por el escenario.

Estrenado por Steven McRae y  la Orquesta Imposible dirigida por Alondra de la Parra el pasado 2025 en el Festival PAAX de la Riviera Maya, el Concierto Tap es una obra de gran agilidad y gestualidad jazzística al servicio de las características del solista. Así, entre registros escénicos y cinematográficos Enhco narra con buen oficio un elíptico viaje desde la infancia al mundo de los adultos en el que un melódico motivo, a modo de leitmotiv, resurge en diversas ocasiones arropando no solo el claqué del solista sino su carácter performativo. Bien delineado por la directora mexicana y siempre al servicio del bailarín Caleb Teicher, un virtuoso de primer nivel y verdadero héroe del concierto quien bailó con extraordinaria maestría y musicalidad, el Concierto Tap tuvo un buen estreno en España. Tras los merecidísimos aplausos, Teicher salió al escenario de nuevo para bailar de nuevo y cantar una versión muy libre del estándar del jazz, pop y hasta country, Blue Skies escrito por Irving Berlin en 1926.

Tras el descanso se ofrecieron las Cuatro danzas negras americanas del compositor norteamericano Carlos Simon. Obra que también articula la danza, si bien desde la reivindicación identitaria e histórica desde el imaginario afroamericano, sus cuatro movimientos representan desde el trance ancestral expresado mediante percusión sobre madera y pasajes rápidos en maderas y cuerdas, al vals de imitación aristocrática de los sofisticados bailes de debutantes de los años 30. Igualmente, el claqué con su zapateado percusivo, los staccati en las cuerdas y el sonido jazzístico en los metales se suman a la final alegoría del fervor litúrgico que alterna texturas medio improvisadas con un cierre festivo en el que ecos de Gershwin y Copland, con un envoltorio sinfónico más actual, se dan la mano.

Bien servidas por la ORCAM y Alondra de la Parra, la interpretación de las danzas evidenció el buen hacer instrumental de los solistas de la Orquesta de la Comunidad de Madrid aunque se echó de menos una aproximación más idiomática y brillante y, una vez más, ante un público ávido por aplaudir entre los diferentes números que volvió a complicar de nuevo la concentración en aras de lograr una interpretación más orgánica y, en definitiva,  exitosa. 

Leonard Bernstein, músico integral y personalidad tan inconfundible como irrepetible cuya carrera musical como compositor despegó con el éxito del musical West Side Story en 1957, extrajo en 1960 sus conocidas nueve Danzas Sinfónicas en forma de suite de concierto con la ayuda de Sid Ramin e Irwin Kostal que ampliaron la orquestación. Hijo del jazz y la academia clásica, en West Side Story, Bernstein emplea su educación formal para establecer formas clásicas que encapsulan una música de gran poder cinético, sincopada, para mostrar su personal visión de la tragedia romántica en forma de conflicto entre bandas con un discurso de intenso gesto dramático de vivaz y colorista orquestación.

Cómoda en este repertorio, De la Parra obtuvo un mejor balance instrumental de la Orquesta de la Comunidad de Madrid y logró con buen swing una lectura notable que proyectó un sonido más expandido, de ataques precisos y entradas definidas, bien articulado, sí, pero también exagerado en dinámicas y, de nuevo, falto de brillantez pese al muy buen desempeño de las familias instrumentales de la formación regional.

La sensación final es que el concierto había resultado correcto pero que, años antes, cuando José Ramón Encinar, Víctor Pablo Pérez, o Marzena Diakun eran titulares de la formación madrileña, el sonido tenía más lustre y profundidad, habiendo perdido parte de esas características. No sé si quizás el programa, pese a interesante, resultó redundante y se debió complementar de otra manera o si, quizás, la música no tuvo el verdadero protagonismo que debiera. Se puede agradecer una breve alocución sobre el concierto ante la clara ambición de De la Parra en sus programas y en hacer de ellos un espectáculo integral y vibrante, pero no sé hasta qué punto la directora mexicana está al servicio de la música o al de su propio protagonismo. 

Justino Losada 

 

Caleb Teicher, bailarín

Orquesta de la Comunidad de Madrid / Alondra de la Parra 

Música de Ginastera, Enhco, Simon y Bernstein

Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid. Temporada 2026/2027

Auditorio Nacional, Madrid

 

Foto © Jed Cabrera

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