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Crítica / Lírico pianismo de Javier Perianes - por José Antonio Cantón

Murcia - 04/06/2021

Para el cierre de temporada, la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia (ÖSRM) ha contado con la participación del pianista Javier Perianes que, por esencia, potencia, presencia y creciente auto-compromiso, se encuentra en un momento dulce de su carrera, hecho que había suscitado una gran expectación, propiciándose así que se llegara a ocupar la totalidad del aforo permitido. El otro gran aliciente de la velada era el contenido del programa dedicado monográficamente a Mozart, con dos composiciones muy singulares de su catálogo escritas en la misma tonalidad de Do, como son el Concierto para piano y orquesta, Kv 467 y la celestial Sinfonía “Júpiter”, Kv 551, muestras del pensamiento más sustancial del genial músico de Salzburgo.

Después de una clara y a la vez contenida exposición del movimiento inicial de la obra concertante por parte de la directora, surgía el canto del solista que, con gran claridad de articulación, se adentraba en su discurso acentuando el efecto lírico que iba a ser la señal más significativa de su interpretación, mostrando en todo momento una estimulante capacidad de diálogo con la sección de viento-madera con ese detalle y perfección que requiere una ejecución camerística. Este enfoque permitía que se percibiera el particular virtuosismo creativo de este Allegro maestoso, asumiendo Perianes esos determinantes efectos de coloratura de naturaleza cuasi-vocal que Mozart proyecta en el teclado.

El planteamiento del Andante se sustentó en un lirismo arrollador que el solista fue modulando en función de la naturaleza expresiva que pide cada pasaje, reflejando en todo instante esa luminosidad interior que tiene esta magistral pieza que requiere una muy alta concentración en la creación de sonido, que ha de dejar siempre la sensación de una naturalidad de canto sólo comparable a la singular locución canora de este compositor. Desde un control de pulsación sólo patrimonio de selectos pianistas, que le permitía liberar esa imaginada voz, transmitió con raro encanto por el apasionado y a la vez extraño dolor que contiene esta página sublime que, en todo momento, supo envolver en una espiritual resonancia de vaporoso efecto, teniendo su momento culminante en la proyección de su diminuendo final.

Un sentido jocoso se hizo dueño de la exposición del último allegro en una manifiesta intención de distensión emocional, como natural respuesta a la densidad de recogimiento manifiesta por solista y orquesta en el movimiento anterior. La fluidez de diálogo entre ambos elementos concertantes realzaba la inspiración de esta especie de rondó que destila alegría, refrendándose el buen entendimiento mutuo en concepto y forma experimentado a lo largo de toda la interpretación. Ante el insistente y cerrado aplauso de un público entregado a su arte, ofreció de bis la Mazurca Op.63 nº 3 de Federico Chopin que vino rubricar el lírico pianismo de Javier Perianes, músico especialmente dotado en tan exigente y selecta expresividad.

Para terminar esta pandémica temporada, pocas obras mejor elegidas que la Sinfonía nº 41, “Júpiter” portadora de un incomparable aliento reparador. Con un gesto de gran concentración que se veía reflejado en la orquesta, Virginia Martínez hizo un planteamiento en el que supo administrar la energía expositiva que requiere esta obra hasta llegar a la locura de su Molto allegro en el que hay que poner a prueba todos los recursos técnicos disponibles para lograr definir la difícil transparencia que requiere la revelación de su desarrollo contrapuntístico de asombroso cuño clásico, que Mozart convierte en una especie de liberación emocional a través de la paradigmática estructura que significa su culto entramado musical. Su modo de indicar los contrastes temáticos, su manera de estimular el protagonismo instrumental de cada pasaje y su condensada gestualidad favorecieron la claridad del fugato final como clímax de este ejemplo de la más elevada interacción instrumental habida en una formación orquestal clásica. Culminaba así un concierto donde los sonidos se transformaban en belleza y ésta ocupaba en plenitud la sensibilidad del oyente.

José Antonio Cantón

Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia (ÖSRM).

Solista: Javier Perianes (piano).

Directora: Virginia Martínez.

Obras de Mozart.

Auditorio y Centro de Congresos ‘Víctor Villegas’.

02-VI-2021.

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