La sala sinfónica del Auditorio Nacional contempló su primera noche de la nueva temporada 2026-2027 de uno de los ciclos más populares del Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM), ‘Universo Barroco’, que supuso en nuestro país, entre otros factores, el empuje definitivo a la popularización y a la estandarización de la interpretación históricamente informada. Este evento inicia la última temporada de las programadas desde 2018 por Francisco Lorenzo y marca el comienzo de la nueva dirección del CNDM a cargo de Joan Cerveró, a quien deseamos una fructífera y excelente andadura en su incipiente incorporación hecha efectiva el día 1 de octubre.
La noche auguraba una velada exquisita, tanto por el repertorio que contenía como por sus intérpretes. La escucha en exclusiva de los deliciosos Concerti Grossi op. 3 de Georg Fiedrich Haendel es realmente una ocasión singular que sucede en rarísimas ocasiones, a lo que se añadió la expectación por degustarlos interpretados por Les Musiciens du Louvre junto a su creador y director, Marc Minkowski.
La colección de los denominados Concerti Grossi por su editor, John Walsh, en 1734 es una rareza excepcional en el catálogo haendeliano, puesto que las obras que contienen este corpus ni pertenecen a este género ni fueron creadas como una entidad propia. Lo que realmente aconteció en el Londres dieciochesco fue que la inmensa popularidad que poseía el genio de Halle impulsó a este editor y melómano inglés que confeccionar una recopilación de fragmentos existentes de Haendel y juntarlos en una colección de piezas para su interpretación y difusión con su consiguiente beneficio económico.
Sea como fuere debemos agradecer a Walsh su compilación que permite disfrutar de veladas tan apasionantes por la música que contienen como la que pudimos disfrutar en el Auditorio. Este pasticcio instrumental se aproxima más a las colecciones que Antonio Vivaldi denominó Concerti con molti strumenti o a las Suites orquestales del período que contienen danzas además de los movimientos habituales de un concerto.
Les Musiciens du Louvre se mostró como una orquesta conformada por excelentes instrumentistas con un desempeño irregular en la velada. Comenzaron de un modo radiante en el Concerto número 1 en un soberbio ejercicio tanto de música de cámara como de conjunto. La intervención de los dos solistas de oboe, Daniel Lanthier y Robert de Bree fue especialmente inspiradora por su calidad sonora y el empleo de un fiato formidable y de un aterciopelado sonido, que sumados a las espléndidas cualidades técnicas de Alice Piérot, se combinaron con el apasionado ejercicio de la orquesta que ejercía de tutti impecable con una exquisitez sonora. En el Allegro final los dos fagotes, David Douçot y Florian Gazagne, exhibieron un virtuosismo y una musicalidad fascinantes, a la par de su poderío sonoro. Esta primera aproximación a este repertorio nos permitió disfrutar de las extraordinarias virtudes de los integrantes de la orquesta francesa, que se convirtieron en destellos de excelencia durante el concierto. A estas particularidades que en ocasiones conformaban verdaderos momentos de excelencia musical se le sumaron otros de desajustes dinámicos y agógicos que evidenciaron el desacuerdo o la falta de coordinación del conjunto.
Marc Minkowski mostró sus cualidades como gran músico en sus indicaciones dinámicas logrando grandes contrastes sonoros y sobre todo consiguiendo un buen equilibrio entre los solistas y el tutti. Además, su desbordante pasión y vitalidad en los movimientos ágiles conllevaron casi siempre unos frenéticos movimientos rápidos que no siempre estuvieron conjuntados. Los aportes de su musicalidad fueron una delicia, consiguiendo momentos verdaderamente radiantes entre los que destacaron fraseos exquisitos o una viveza espectacular de la música, cuestiones que debieran haber sido contantes.
El director francés se mostró desde el primer momento como una persona cercana al público con quien mantuvo un contacto constante con sus explicaciones y anécdotas interesantes y jocosas sobre cada concerto.
Para concluir la velada, la generosidad de los músicos se volvió palpable, al responder con hasta tres propinas a los calurosos aplausos del público. Su irregularidad fue también seña de éstas, ya que escuchamos desde una arrebatadora interpretación del mejor Rameau hasta una versión de música del grupo sueco ABBA.
Simón Andueza
Les Musiciens du Louvre, Marc Minkowski, director.
Concerti grossi, op. 3. Georg Friedrich Haendel (1685-1759).
Ciclo ‘Universo Barroco’ del CNDM.
Sala sinfónica del Auditorio Nacional de Música, Madrid, 4 de octubre de 2026, 19:00 h.
Foto © Elvira Megías