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Crítica / Fantasía e imaginación al servicio de Chopin - por Juan Carlos Moreno

Barcelona - 05/10/2026

El 2 de octubre, la Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya (OBC) dio inicio a una nueva temporada, la quinta ya con Ludovic Morlot como director titular. Dada la pasión de este por la música moderna y contemporánea, el programa escogido no podía ser más clásico. La excepción fue el Concertino para cuerdas de Robert Gerhard, una partitura acabada en 1928, cuando el compositor se hallaba estudiando con Arnold Schönberg.

El influjo del maestro se aprecia en la aproximación que la obra muestra hacia la atonalidad, su búsqueda de sonoridades nuevas y su densidad contrapuntística, aspectos que conviven con una luminosidad inequívocamente mediterránea y una concepción formal clasicista. La versión que ofrecieron Morlot y la sección de cuerdas de la OBC fue impecable a nivel sonoro y expresivo, especialmente el segundo movimiento, un Andante espressivo e con moto de gran intensidad emocional.

A continuación, pudo escucharse el Concierto para piano n. 2, op. 21 de Chopin, una de esas obras en las que parece imposible aportar algo nuevo. Pues bien, eso es lo que consiguió el solista, el canadiense de origen polaco Jan Lisiecki. Su familiaridad con esa página es total, no en balde le acompaña desde que, en 2008 y con tan solo trece años, la interpretara en Varsovia.

En su aproximación a ella no hubo nada que revelara rutina, sino una inventiva constante en el fraseo, los ataques, las dinámicas, el color… Y todo ello fluyendo como si Lisiecki estuviera improvisando, más que interpretando una partitura escrita. Fue, en definitiva, una lectura diferente, enriquecedora, tan poética como elegante. La orquesta y Morlot, por su parte, supieron ceder todo el protagonismo al pianista, quien, como propina, regaló una versión del Vals, op. 39 n. 15 de Brahms de una etérea delicadeza.

El programa se cerró con la Sinfonía n. 7 de Beethoven. La de Morlot fue una lectura vitalista, planificada en todo detalle y no exenta de expresividad en el segundo movimiento, Allegretto, a pesar de un tempo un tanto más vivo de lo que suele ser habitual. En los dos últimos movimientos, el director pisó a fondo el acelerador hasta conseguir imprimir a la música una energía fulgurante y de indudable efecto.

Juan Carlos Moreno

 

Jan Lisiecki, piano.

Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya / Ludovic Morlot.

Obras de Gerhard, Chopin y Beethoven.

L’Auditori, Barcelona.

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