Música clásica desde 1929

 

Críticas seleccionadas de conciertos y otras actividades musicales

 

Crítica / Leonor templando al destino - por Ramón García Balado

A Coruña - 05/09/2022

Verdi en San Petersburgo, en una comunicación mantenida con Ricordi, que se ampliará con la de su editor ruso, preparaba la publicación de una selección de piezas, sugiriendo algunos números como la romanza de la  soprano en el primer acto; la ballata del barítono, en el segundo; los pareados de Preciosilla, en la escena del campamento; el duettino, entre el tenor y el barítono después de la batalla y el Rataplán. Optimista para la première, pues contaba con Tamberlinck, en el rol de Don Álvaro, Carolina Barbot, como Leonor quien ya había triunfado en Un ballo in Maschera; Gian Francesco Angelini, un joven bajo, como Pater Guardiano, el barítono-bajo napolitano Achille De Bassini, como Fra Melitone; su amigo  Ignazio Marini; Nantier- Didée, como Preciosilla y el italiano Signor Meo, como Machese di Calatrava.

Verdi, mientras trabajaba a destajo en La forza del destino, se gratificaba por los consejos de Piave para las sugerencias para el Rataplán, pidiendo que le trajeran un arpa de piano para su Pleyel, pero rechazó la oferta de su colega quien le ofreció una colección de canciones españolas que le habían prestado: No traigas las canciones; devuélvelas a quien te las ha dejado. No tengo por costumbre estudiar música, de ahí que no tenga una sola partitura en casa ni busque a nadie para prestármelas.

Un Verdi que aborda una escritura más densa y personal, superando dependencias  del pasado, reafirmándose  en la propia Obertura, siguiendo en las arias las ideas de Un ballo in maschera, subidas de tono y talante trágico, definidas por un melodismo contagioso que se reafirma en los pasajes corales como punto de apoyo y contraste, destacando en su acentuación los dúos florecientes e impactantes, con una pizca de humorismo en detalles sencillos y sin trascendencia. Ciertamente, busca poner coto a los belcantismos enervantes, todavía en plena vigencia y en esa disputa, se entremezclan con mediana claridad los ariosi,  la importancia del recitativo y el aria, en sus dominios expresivos. Una búsqueda devenida por la urgencia de cincelar la personalidad psicológica de los protagonistas, en medio de ambientaciones posiblemente sórdidas auspiciadas por un complejo libreto que contribuye a la confusión de la propia trama.  

La forza del destino estuvo dirigida por Giuseppe Finzi al frente de la Orquesta Sinfónica de Galicia y su coro- primeras experiencias de Carlos Mena, como su director-, un Finzi enfrentado a una ópera que ya desde la obertura, habría de entendérselas por  inevitables limitaciones de espacio para una versión  de concierto,  fiable por su  escuela  del Conservatorio Verdi de Milán  y de la Acc. Chigiana de Siena, para seguir en  la del Teatro alla Scala, contando con una importante experiencia en la Ópera de San Francisco, en donde fue artista en residencia (2011/5) tras dejar credenciales con La Bohème y optar a clásicos verdianos, desde Rigoletto a La Traviata.

En  el cuadro de solistas, la soprano Angela Meade, en una  Leonora, notable en exigencias de agilidad y portentosa proyección, una dramática apreciada por un centro carnoso  y un grave consistente, a la que también seguimos como Elisabeth de Valois, de Don Carlo.  Soberbia en el aria Me pellegrina ed orfana, para enervar el ánimo en los dúos con Don Álvaro  Ah per sempre  y Fra Melitone  Or siami soli. El climax estremecedor, llegó a partir de aria Pace, pace, camino del desenlace final.  El tenor Alejando Roy,  Don Álvaro, en las cumbres de un spinto con garantías, al que escuchamos  hace un par de temporadas en una gala lírica compartida con Sondra Radvanovsky, Carlos Álvarez y Simón Orfila. Decidido en el recitativo y aria La vida é  inferno…Oh, tu che in seno.

El barítono Borja Quiza, valor de garantía de la casa, fue Don Carlos, para entregarse  al personaje oscuro en ese descarnado enfrentamiento, ratificado en el dúo con Don Álvaro Sollene ,in questa hora. Quiza se fue convirtiendo cita a cita y en distintos certámenes, en un valor imprescindible.

Casi similar al de Luiz Ottavio-Faria, esta vez como el Padre Guardiano, rol de trapío y casi despótico para el bajo consistente al que nos acostumbramos como en Attila, de Verdi, junto a Ekaterina Metlova, J.J. Rodríguez , dirigidos por Keri- Lynn Wilson.

También y de nuestro entorno profesional, Alejando Baliñas, en el papel del Marqués de Calatrava, otro episodio para arropar esta ópera de continuados recovecos; Luis Cansino, en Fra Melitone, tintes bufos y esquivos con un gracejo contradictorio; Mónica Redondo, una Curra, en voz de soprano, y claramente secundario al que secunda en parecidos condicionantes la Preziosilla de Ginger Costa-Jackson, cantinera coqueta entre la tropa de relleno, en Al suon dil tamburo,  completando Moisés Marín, Trabucco, el vendedor de baratijas inapreciables , un tenor al que volveremos a escuchar en Norma de Bellini, crecido de pertrechos como Pollione.

Ramón García Balado  

 

LXX Festival de Amigos de la Ópera, A Coruña

La forza del destino / G. Verdi (Versión de concierto)

Angela Meade, Moisés Marín, Borja Quiza, Alejandro Roy, Mónica Redondo, Luiz- Ottavio Faria, Ginger Costa Jackson, Luis Cansino, Alejandro Baliñas y Gabriel Alonso.  

Orquesta Sinfónica de Galicia y Coro / Giuseppe Finzi

Teatro Colón, A Coruña

 

Foto © Alfonso Rego

217
Anterior Crítica / El sonido de la guitarra sobre los rumores de la mar - por Luis Suárez
Siguiente Crítica / Gala Lírica para un aniversario - por Ramón García Balado