En la Sala Argenta del Palacio de Festivales de Cantabria, no cabía un alfiler ni falta que hacía: cuando el barrio se junta, aunque sea entre butacas de terciopelo, siempre hay sitio para un chascarrillo más y una copla mejor dicha. Y así, entre abanicos imaginarios y vecindad alborotada, volvió a levantarse el telón para La Revoltosa, sainete con música que, como buena criatura del género chico, vive tanto de lo que suena como de lo que se cuchichea.
Y si hubo anoche quien puso orden y concierto en aquel patio de vecinas fue la Oviedo Filarmonía, llevada de la mano firme y despierta de Lara Diloy. No era empresa fácil, que la partitura de Ruperto Chapí no abunda en páginas; pero la maestra supo estirar el hilo hasta convertirlo en tapiz, sacando brillo a cada número, dando vuelo a cada frase y, en suma, engrandeciendo lo que otros, menos aplicados, despacharían con prisa. Hubo ritmo, hubo intención y hubo, sobre todo, música de la buena.
En lo vocal, la cosa anduvo con sus más y sus menos, como tertulia de corrala. El Felipe de César San Martín, de voz bien proyectada y dicción cristalina, llevó con desparpajo ese celoso querer que tanto gusta al respetable. Y junto a él, la Gorgonia de Milagros Martín, dueña del escenario, con ese decir castizo que no necesita traducción. Entre ambos sostuvieron no pocos momentos de la función, que no es poca cosa cuando el resto titubea.
También dejó buen sabor de boca la Soledad de Lucía Beltrán, con timbre fresco y esmaltado de soprano lírico-ligera, como recién salido de fuente clara. Menos redonda resultó la Mari Pepa de Rocío Ignacio, a quien algunos recordábamos —¡cómo pasa el tiempo!— en una lozana Gilda de Rigoletto allá por hace más de dos décadas. La voz, anoche algo tremolante, no fue la de entonces; mas déjese constancia de su buen gusto en el fraseo y de sus tablas de actriz, que en su romanza supieron sacar el tipo con dignidad.
Cumplió con holgura el Coro Lírico de Cantabria, bien regido por Elena Ramos, y no desmereció el resto del vecindario: Luismel Guerra (Atenedoro), José Luis Gago (Candelas), Polo Falcón (Cándido), Alberto Porcell (Tiberio), Pilar Tejero (Encarna) y Martina Feito (Chupitos), todos ellos cantantes-actores más que solventes, aunque sin llegar a encender la chispa del todo.
Y es que, si la música voló, la escena se quedó en el portal. La dirección de Federico Figueroa, escasa de imaginación, y unos decorados e iluminación que parecían pedir permiso para existir, no supieron insuflar vida a una obra que la reclama a voces. No deja de ser sintomático —y hasta un poco irónico— que el momento más aplaudido fuera aquel diálogo entre Gorgonia y Cándido… ¡a telón echado! Cuando la palabra, desnuda de aparato, convence más que todo el artificio, malo.
Y sin embargo —o por eso, vaya usted a saber— sigue latiendo en La Revoltosa algo más que la anécdota. No olvidemos que, un año antes de su estreno en el Teatro Apolo de Madrid, Giacomo Puccini hacía lo propio en Turín con La Bohème; y desde entonces, como quien no quiere la cosa, se libró en España una pequeña gran batalla: la de quienes defendían a ultranza una música nacional, con Chapí al frente, y la de quienes abrían la ventana para que entraran aires de fuera. Quizá por eso, cada reposición de este sainete tiene algo de reivindicación, de “aquí estamos nosotros”.
Con todo, el público salió satisfecho, que no es poco, y ya se oye en los corrillos que la temporada lírica del Palacio pondrá su broche el próximo mes de mayo con una gala encabezada por Plácido Domingo. Veremos si entonces hay más brillo que anoche; de momento, quede esta Revoltosa como lo que fue: una velada de música bien servida y teatro a medio cocer, con más verdad en el foso que sobre las tablas, pero con ese sabor castizo que, para bien o para mal, siempre nos acaba conquistando.
Darío Fernández Ruiz
César San Martín, Milagros Martín, Lucía Beltrán, Rocío Ignacio, Luismel Guerra, José Luis Gago, Polo Falcón, Alberto Porcell, Pilar Tejero, Martina Feito.
Coro Lírico de Cantabria, Oviedo Filarmonía / Lara Diloy.
Escena: Federico Figueroa (dirección), Jesús Cordón (escenografía), José Luis Gallego (iluminación).
La Revoltosa de Ruperto Chapí.
Palacio de Festivales de Cantabria
Santander