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Crítica / Inmensa Turangalila - por Juan Manuel Ruiz

Madrid - 27/04/2026

La Orquesta Sinfónica de Barcelona i Nacional de Catalunya, dirigida por Jonathan Nott, con Pierre-Laurent Aimard al piano y Thomas Bloch a cargo de las ondas Martenot, fueron los artífices de la excelente interpretación en Madrid de la Sinfonía Turangalila de Oliver Messiaen.

Jonathan Nott realizó una vigorosa versión de la obra desde los primeros compases de la Introducción, con poderosas intervenciones de la amplia sección de percusión y el viento metal. La enorme orquestación requerida por Messiaen para su sinfonía, que incluye como solistas al piano y las ondas Martenot, necesitó refuerzos añadidos en la plantilla de la OBC. Nott logró en todo momento el balance adecuado entre todas las secciones, exponiendo con suma claridad la compleja arquitectura sonora de la obra y las ricas texturas rítmicas y melódicas desarrolladas en sus diez movimientos. El pulso rítmico, motor interno de la sinfonía, fue articulado por Nott con el rigor y flexibilidad adecuados, dando fluidez y variedad a los sucesivos bloques sonoros yuxtapuestos propios de la escritura de Messiaen.

Fue destacable el lirismo contrastante de las cuerdas, apoyadas sutilmente por Thomas Bloch en las ondas Martenot, en el Chant d’amour I, en frontal oposición a los bloques en tutti -con reminiscencias de Varèse y Stravinski-, resuelto con contundencia en su descendente precipitación final. Nott creó una sugerente atmósfera irreal en Turangalila I, a través de los delicados fraseos del clarinete solista sobre las resonancias del vibráfono, las campanas y ondas Martenot, así como en las posteriores intervenciones del violín, oboe y flauta solistas, con el piano como colchón sonoro, siendo éstas interrumpidas por las coloristas e incisivas texturas orquestales.

Pierre-Laurent Aimard brilló en el solo de piano del Chant d’amour II, abordando con resuelta seguridad, y con un gran sentido del gesto sonoro y de la tímbrica, los intrincados pasajes de la cadencia. La OBC exhibió un alto nivel en el implacable Joie du sangue des étoiles, logrando, junto a un magnífico Jonathan Nott en el control rítmico y dinámico, uno de los momentos más climáticos de la sinfonía. El Jardin du sommeil d’amour resultó hipnótico, siempre sutil en las puntillistas y coloristas intervenciones instrumentales de las variadas secciones yuxtapuestas que lo configuran. En Turangalila II, Pierre-Laurent volvió a mostrar su excelencia en la rítmica introducción solista del piano, convirtiéndose en el impulsor motriz del movimiento en sus interacciones con la orquesta.

Las tres últimas partes: Développement de d’amour, Turangalila III y Final, fueron desplegadas sin perder un ápice de intensidad y coherencia estilística, en un verdadero tour de force en el que el maestro Nott, los solistas y la OBC llevaron el devenir musical de la sinfonía a un contundente y luminoso desenlace final.

 Obra inmensa por su proporción temporal, masiva orquestación, complejidad compositiva y sustrato poético, Turangalila muestra su vigencia como canto al amor y a la vida, a lo espiritual, y también a la muerte, siendo en sí misma una cosmogonía.

La obra fue recibida con genuina entrega y entusiasmo por el público. Esperamos que Ibermúsica siga abriéndose a la programación de las grandes obras del siglo xx y xxi al quedar más que comprobado que la excelencia interpretativa es el mejor vehículo para garantizar y exponer los valores de este repertorio, generando interés y admiración a los oyentes que lo enfrentan.

Juan Manuel Ruiz

 

Orquesta Sinfónica de Barcelona i Nacional de Catalunya, Pierre-Laurent Aimard y Thomas Bloch / Jonathan Nott.

Sinfonía Turangaglila de Oliver Messiaen.

Ibermúsica.

Auditorio Nacional. Madrid.

 

Foto © Rafa Martín/Ibermúsica

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