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Crítica / Un gran interprete - por Francisco Villalba

Madrid - 25/04/2026

Regresaba al Teatro Real Gerald Finley, en el que obtuvo un tremendo éxito hace un par de años como Hans Sachs en Die Maistersinger von Nürnberg, este gran barítono canadiense haciendo una vez más gala de su enorme versatilidad. No vaciló en incluir en el mismo recital a Mozart, Rossini, Johm Adams, Verdi y Wagner. Y hay que decir que a todos ellos los salvó más por inteligencia y técnica que por la voz.

Finley es considerado un bajo barítono pero en realidad este gran cantante es un barítono y más bien lírico, pero este hándicap no le impide abordar con excelentes resultados el más variopinto repertorio. Pero no todo con igual fortuna.

Comenzó con Mozart, el músico con el que comenzó su carrera. Su Fígaro de las Bodas lo resolvió sin problemas al igual que su Conde, pero a la voz le faltó la ligereza, siempre desafiante, del compositor de Salzburgo. Más acertados su Leporello y su Don Giovanni, de la opera de este título. Pero así como en el catálogo estuvo eminente, en el “Deh vieni” le faltó, no el arrojo,  pero sí la sensualidad que el aria requiere.

Con “Sois immobile” del Guillaume Tell rossiniano para mí logró los mejores resultados. Tratándose de una pieza con una tesitura poco comprometida pero muy exigente dramáticamente, Finley consiguió, en mi opinión, el mejor momento de la velada.

De una intensidad fuera de serie su interpretación de “Batter My Heart” del Dr. Atomic de John Adams,  transcripción exacta del Soneto Sacro del poeta del siglo XVI John Donne.  En esta ópera expresamente creada para Finley, pudo demostrar cuan poderoso es en el repertorio contemporáneo, aunque la partitura de la obra no pretenda ser rompedora y sea fácilmente asimilable por los aficionados de siempre. Hay que tener en cuenta que Finley es una autoridad en ópera contemporánea; ahí su Jaufré Rudel en “L’amour de loin” de Kaija Saaariaho, etc. Pero creo que por ello ha tenido que pagar un tanto con la pureza de su voz.

Después vino Verdi. Qué difícil es Verdi. Finley lo interpreta a niveles teatrales magníficamente, pero tanto Iago como Macbeth piden ese timbre oscuro especial de barítono verdiano del que Finley carece.

Algo similar le ocurre con el Hans Sachs de los Meistersinger, con el que todas las innegables virtudes del cantante quedan empañadas por una voz sin el peso específico que requiere el personaje. Finley adquirió renombre con su Hans en los Festivales de Glyndebourne, si no recuerdo mal, en 2012. Allí fue el cantante apropiado en el lugar apropiado, pero el Teatro Real es harina de otro costal; su voz se diluye en espacio tan grande.

El barítono despojado de su condición de cantante de ópera nos ofreció dos versiones inolvidables de las bellísimas composiciones de Richard Rodgers “Some enchanted evening” de South  Pacific y “Edelweiss” de The Sound of music (Sonrisas y lágrimas)

Bien en sus solos con la orquesta Leo Hussein, aunque comenzase con ciertos desajustes en Mozart; luego se repuso con Rossini e incluso con el infumable ballet de las brujas del Macbeth verdiano, para concluir airoso con el sublime Preludio del Acto 3 de los Meistersinger.

Francisco Villalba

 

Gerald Finley, Bajo-Barítono

Leo Hussain, Director de orquesta / Orquesta Titular del Teatro Real

Escenas de Le nozze di Figaro y Don Giovanni de W.A Mozart; Guillaume Tell de Gioachino Rossini; Doctor Atomic de John Adams;  Otello y Macbeth de Giuseppe Verdi; Die Meistersinger von Nürnberg de Richard Wagner

Teatro Real de Madrid

 

Foto © Javier del Real | Teatro Real

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