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Crítica - La modernidad de Berlioz

Barcelona - 27/11/2018

El pasado 16 de noviembre, la OBC reunió a dos intérpretes que pueden considerarse antitéticos: Sylvain Cambreling, una batuta que inmediatamente se asocia con los grandes nombres de la vanguardia de hoy y de siempre, y Garrick Ohlsson, un pianista cuya forma de tocar límpida, pausada y elegante remite a la más clásica de las tradiciones. La inquietud, el buscar horizontes nuevos del primero debía unirse, por tanto, a la pausa del segundo, y lo cierto es que la mezcla funcionó en la versión que ambos dieron del Concierto para piano n. 4 de Beethoven. Fue así gracias a la inteligencia de Cambreling, quien supo adaptarse a un Ohlsson que despoja a la partitura de todo dramatismo romántico para concentrarse en sus valores más abstractos. Y todo ello sin prisas, con un tempo sorprendentemente lento, pero que permitía disfrutar de cada fraseo y detalle pianístico.

Abriendo y cerrando programa, dos especialidades de Cambreling: si Les offrandes oubliées de Messiaen no sonó todo lo trabajada que debiera, quizá por falta de ensayos, la Sinfonía fantástica de Berlioz sorprendió por la capacidad de la batuta de mostrar el carácter revolucionario de la obra jugando con sus contrastes dinámicos y rítmicos o con su asombrosa paleta tímbrica, sin dejar de lado la pesadillesca excusa narrativa aportada por el compositor. La OBC estuvo a la altura del reto.

Juan Carlos Moreno

OBC / Sylvain Cambreling. Garrick Ohlsson, piano. Obras de Messiaen, Beethoven y Berlioz.
L’Auditori, Barcelona.

Foto: Sylvain Cambreling.

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