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Críticas seleccionadas de conciertos y otras actividades musicales

 

Crítica / La inteligencia sonora de Iván Fischer - por Gonzalo Roldán Herencia

Granada - 06/07/2026

La Budapest Festival Orchestra regresa al Festival de Granada bajo la dirección de su fundador Iván Fischer. El director lleva cuatro décadas perfeccionando el sonido de una orquesta que, desde sus inicios, ha ocupado un lugar de privilegio entre las grandes orquestas europeas. Más allá de la excelencia técnica de sus profesores, lo que distingue a esta agrupación es una identidad sonora perfectamente reconocible, fruto de un concepto interpretativo donde el equilibrio tímbrico, la transparencia de planos y la respiración común prevalecen sobre cualquier tentación efectista. El programa, integrado por la tercera sinfonía "Renana" de Robert Schumann y la escena final de Die Walküre de Richard Wagner, ofrecía un marco idóneo para poner de manifiesto esa concepción orgánica del discurso musical.

En la primera parte del programa, la lectura de la Sinfonía núm. 3 en mi bemol mayor op. 97 "Renana" de Robert Schumann se construyó desde una comprensión profunda de la arquitectura interna de la obra. Fischer evitó acentuar en exceso los contrastes episódicos para privilegiar la continuidad del flujo musical, articulando cada transición con una naturalidad que hacía percibir la sinfonía como un único organismo en permanente transformación. Su gestualidad, amplia pero extraordinariamente precisa, modeló el fraseo con eficacia ejemplar, administrando cuidadosamente las tensiones sin romper nunca la unidad del discurso.

El primer movimiento Lebhaft reveló desde el comienzo la extraordinaria calidad de la cuerda, cálida y flexible, perfectamente integrada con unas maderas de refinadísima personalidad tímbrica. La disposición sonora permitió apreciar la riqueza contrapuntística de la escritura schumanniana sin perder nunca la densidad característica de su orquestación. Particular relieve adquirió el cuarto movimiento Feierlich, cuya atmósfera de solemne gravedad fue construida mediante un admirable control de la dinámica y del color antes de desembocar, sin solución de continuidad, en el allegro final, de carácter luminoso y expansivo, donde la orquesta desplegó toda su capacidad de articulación y empaste.

El comportamiento de las distintas secciones confirmó el extraordinario nivel alcanzado por la formación húngara. Clarinetes y oboes brillaron por la nobleza del sonido y la naturalidad del fraseo, mientras los metales aportaron una presencia siempre perfectamente integrada en el conjunto, evitando cualquier exceso de protagonismo. Especialmente significativa resultó la manera en que Fischer trabajó la circulación de los motivos entre las diferentes familias instrumentales, resaltando la lógica interna de una escritura donde cada célula participa activamente en la construcción del discurso.

La segunda parte trasladó el centro de atención hacia el universo dramático de Richard Wagner. La Escena final de Die Walküre demanda una integración absoluta entre canto y orquesta, pues la escritura vocal, de enorme exigencia, debe proyectarse sobre un tejido sinfónico de extraordinaria densidad sin perder inteligibilidad textual ni continuidad expresiva. En este sentido, Fischer contempló hábilmente la amplitud del registro, la constante alternancia entre declamación y canto sostenido y la necesidad de mantener la tensión dramática durante largos arcos para articular esta compleja escena siendo fiel al espíritu wagneriano.

Anja Kampe confirmó plenamente el prestigio que la acompaña desde hace años como una de las grandes Brünnhildes de nuestro tiempo. Su interpretación combinó una emisión sólida y homogénea con un fraseo de amplia respiración, resolviendo con aparente naturalidad una escritura que exige permanentes cambios de intensidad sin perder la línea vocal. La construcción psicológica del personaje surgió siempre desde el propio canto, evitando cualquier afectación teatral y apoyándose en una dicción clara y una proyección perfectamente integrada con el conjunto orquestal.

Frente a ella, Hanno Müller-Brachmann ofreció un Wotan de notable autoridad musical. Su instrumento, de timbre noble y bien apoyado, encontró el equilibrio preciso entre la dimensión heroica y la humanidad del personaje, resolviendo con solvencia el extenso monólogo de la despedida mediante un fraseo flexible y una cuidada atención al texto.

La Budapest Festival Orchestra desempeñó un papel decisivo en la eficacia dramática de la interpretación. Iván Fischer convirtió la orquesta en auténtico sujeto narrativo, subrayando con extraordinaria claridad el entramado de leitmotivs que vertebra la escena y graduando con admirable precisión el crecimiento de la tensión hasta la aparición del Fuego Mágico. Particularmente destacables resultaron las trompas, auténtico emblema sonoro del universo wagneriano, junto a la rotundidad controlada del metal y el refinamiento de unas maderas que mantuvieron siempre la claridad del tejido contrapuntístico. Mención especial merecieron también las cuerdas, dispuestas con los violines enfrentados y los contrabajos al fondo; resolvieron con enorme maestría los numerosos pasajes motívicos en los que Wagner dejó escrita una escritura imitativa en continua evolución, dotando a toda la escena del necesario sustrato semántico que la orquesta wagneriana aporta a menudo a la dramaturgia del canto.

La prolongada ovación del público reconoció una ejecución del repertorio que trascendió el virtuosismo para situarse en un plano de auténtica inteligencia musical. Fischer volvió a demostrar que la excelencia orquestal no depende únicamente de la perfección técnica, sino de la capacidad para transformar esa perfección en un discurso coherente, expresivo y profundamente orgánico. La Budapest Festival Orchestra ofreció en el Festival de Granada una de esas interpretaciones que, más que impresionar por el brillo sonoro, convencen por la solidez de su pensamiento musical.

Gonzalo Roldán Herencia

 

75º FESTIVAL DE GRANADA

Programa: Robert Schumann, Sinfonía núm. 3 en mi bemol mayor op. 97 "Renana"; Richard Wagner, Escena final de "Die Walküre" (acto III, escena 3: Despedida de Wotan y Fuego mágico).

Budapest Festival Orchestra

Solistas: Anja Kampe, soprano (Brünnhilde) y Hanno Müller-Brachmann, bajo (Wotan)

Director: Iván Fischer

Lugar y fecha: Palacio de Carlos V (Granada), 04 de julio de 2026

 

Foto © Fermin Rodriguez

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