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Crítica / Debut poco afortunado de Roderick Cox con la Filarmónica de Gran Canaria - por Juan F. Román Rodríguez

Las Palmas de Gran Canaria - 06/07/2026

Penúltimo concierto de abono de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria dirigido por Roderick Cox en lugar de James Conlon, que declinó por motivos personales. El Adagio para cuerdas de Samuel Barber, versión para orquesta de cuerdas del movimiento lento de su Cuarteto para cuerdas, realizada a instancias del famoso director Arturo Toscanini, fue interpretado con pulcritud por la sección de cuerdas, bajo las indicaciones del estadounidense Rodwerick Cox, poco definido en el fraseo y sin lograr plasmar los grandes arcos de sonido que conforman la pieza, incluido el clímax que sonó cohibido sin el desahogo de tensión esperado.

Las Variaciones sobre un tema de Haydn de Brahms, es la culminación orquestal de un especialista en el arte de la variación. Sobre un tema de origen popular inicialmente atribuido erróneamente a Haydn, Brahms desarrolla ocho variaciones enmarcadas por la presentación del tema y un final en forma de Passacaglia, donde puede exhibir su maestría en el arte de la variación y el contrapunto de raíz bachiana.  La lectura de Roderick Cox plasmó el contorno de cada variación sin una definición clara de sus perfiles. Faltó clarificación de texturas y  equilibrio entre las distintas secciones instrumentales. En demasiadas ocasiones la voz principal quedó oculta bajo la compleja textura instrumental, de forma que se hacía muy difícil seguir el desarrollo de cada variación.

La Décima Sinfonía de Shostakovich es una de las grandes obras de su catálogo, en la que el autor soviético plasma de manera sublimada sus terroríficas vivencias en el régimen soviético estalinista. Su basamento autobiográfico se ve ratificado por el conocido empleo como tema recurrente de la transposición de sus iniciales, D S C H a notas musicales.

El primer movimiento, en forma sonata con exposición, desarrollo, recapitulación y coda, es el más extenso y ofrece una sucesiva acumulación de tensiones que alternan con momentos de relajación que no terminan de disipar una atmósfera opresiva y ominosa, para desembocar en un desgarrador clímax, seguido de una doliente coda. Cox ofreció momentos de gran plasticidad que no terminaron de cuajar en una lectura coherente, alternando pasajes de indudable tensión con otros alicaídos, a lo que se sumó su incapacidad para graduar dinámicas dentro los extensos pasajes en fortisimo que prodiga la sinfonía, con lo que el resultado   monolítico terminaba por saturar la capacidad del oyente. Excelentes en todo caso la cuerda grave, cellos y contrabajos con un sonido denso y profundo.

El segundo movimiento, un allegro de apenas cuatro minutos, constituye uno de esos scherzos endiablados en los que Shostakovich era un maestro, donde los temas del movimiento inicial son sometidos a distorsiones en medio de un ambiente siniestro y alucinado con momentos cercanos al histerismo que la batuta ventiló en un instante, nuevamente con dinámicas en fortísimo poco contrastadas, salvo el pasaje central en piano, lo que echó por tierra el sentido de progresión del movimiento

El tercer movimiento Allegretto, puede considerarse otro scherzo aunque de carácter más relajado, con amplios pasajes cantables, en donde el tema autobiográfico basado en las iniciales del autor adquiere toda su rotundidad. Excelente el trompa solista y toda sección de trompas lo mismo que los solistas de madera. Cox estuvo aquí más acertado, permitiendo que la música respirara con mayor desahogo.

El cuarto movimiento, como tantos movimientos finales de su autor es un Andante – Allegro donde a un inicio doliente en tempo lento le sucede una sección más viva, por momentos ácidamente jocosa, para volver al tempo lento inicial y finalizar en un estallido de energía. Cox expuso machaconamente el carácter obsesivo de las sucesivas reapariciones del tema principal, mientras el tránsito del andante inicial al allegro resultó excesivamente rígido, con una coda final atronadora que no terminó de sonar sincera, aunque esto seguramente se debe tanto a la propia obra como a la batuta.  

Buena parte del éxito de la velada se debió al espléndido trabajo de la Filarmónica de Gran Canaria, que en estos momentos finales de temporada mantiene un gran estado de forma en todas sus secciones, que le permite atender las demandas de los diferentes directores, dejando en el oyente la sensación de poder ir siempre más allá. 

Juan Francisco Román Rodríguez

 

Orquesta Filarmónica de Gran Canaria / Roderick Cox.

Obras de Barber, Brahms y Shostakovich.

Auditorio Alfredo Kraus. Las Palmas de Gran Canaria.

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