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Críticas seleccionadas de conciertos y otras actividades musicales

 

Crítica / Stile Antico, cuando la música basta - por Mercedes García Molina

Granada - 05/07/2026

Existe hoy una tendencia a convertir la interpretación históricamente informada en una exhibición del propio método. La propia interpretación acaba desplazando el foco desde la música hacia el procedimiento: la lectura a facistol, la reconstrucción de prácticas vocales o la ornamentación hipotética. Stile Antico elige exactamente el camino contrario. Nada en su forma de cantar invita a pensar en el proceso. Todo conduce directamente a la música. La emoción parece entenderse como algo que la partitura ya contiene.

No era una propuesta cualquiera dentro de esta edición del Festival Internacional de Música y Danza. Su presencia suponía la recuperación de una de las tradiciones más apreciadas del Festival de Granada: la visita periódica de grandes conjuntos vocales británicos. En una ciudad con una intensa vida coral, aquellos conciertos llegaron a convertirse en una de las citas más esperadas de cada edición. Esa línea se había ido perdiendo en los últimos años y el regreso de Stile Antico devolvió al Festival una seña de identidad que muchos aficionados echaban de menos.

Esa misma concepción presidía también el programa, construido en torno a la figura de Carlos V y su universo musical. Resultó ejemplar tanto por su coherencia histórica como por su planteamiento musical. No se limitó a ilustrar un episodio histórico, sino que construyó un recorrido de extraordinaria calidad, alternando obras de Josquin, Pierre de la Rue, Nicolas Gombert, Cristóbal de Morales, Rodrigo de Ceballos, Thomas Créquillon y Jacobus Clemens non Papa, cuya belleza hacía innecesaria cualquier otra justificación. Ese mismo criterio musical se trasladó también a las decisiones interpretativas.

El grupo completo apenas apareció de forma continuada. Los cambios de plantilla respondían siempre a la lógica de cada obra y daban al recorrido una constante variedad de texturas. Las combinaciones cambiaban según las exigencias de cada obra: cuatro voces femeninas bastaron para el Virgo Sancta Katherina, el atribuido Absalon fili mi se redujo a seis cantantes, una desnudez que multiplicó su intensidad, y otras piezas recuperaron la plenitud de las doce voces. La disposición de los cantantes reforzaba esa idea. Lejos de agruparse por cuerdas, cada línea polifónica quedaba repartida por el espacio, permitiendo que quienes compartían voz pudieran mirarse continuamente. No era un detalle escénico, sino la expresión visible de una manera de entender la polifonía como verdadera música de cámara. La comunicación entre ellos era constante y se traducía en un fraseo común que surgía de la propia escritura.

Bastaron las primeras obras para confirmarlo. En la Salve Regina, Stile Antico dejó que la claridad excepcional de la escritura de Josquin se manifestara sin interferencias: cada frase nace, alcanza su punto de tensión y concluye exactamente donde debe. En el Magnificat Primi Toni, esa misma claridad hace plenamente inteligible la densa trama imitativa de Gombert, mientras que el Hortus conclusus de Rodrigo de Ceballos encuentra un lugar natural dentro del recorrido, tanto por la belleza de la obra como por la relación del compositor con la Granada de Carlos V. Del inicial Carole magnus eras, con sus atrevidas disonancias, al jubiloso Jubilate Deo final, el programa mantuvo siempre una clara unidad musical. El punto culminante llegó con el atribuido Absalon fili mi. Sobre las palabras del rey David —«¡Absalón, hijo mío! ¡Quién me diera morir en tu lugar!»—, la música avanza inexorablemente hacia el abismo. En sed descendam in infernum plorans, una sucesión de quintas descendentes traslada ese descenso desde las palabras a la propia armonía.

El espacio desmereció una interpretación de este nivel. El abierto patio del Colegio Mayor Santa Cruz la Real, con piedra porosa y suelo de grava, apagaba el sonido allí donde un recinto de mayor reverberación habría permitido a esta polifonía desplegar toda su resonancia. En lugares como el Monasterio de San Jerónimo, ligado además a la estancia granadina de Carlos V e Isabel de Portugal, la relación entre historia, acústica y repertorio habría encontrado una coherencia mucho mayor. Pese a ello, la limpieza de la emisión, la claridad de la dicción y el equilibrio entre las voces llegaron incluso a crear la ilusión de una resonancia que el recinto apenas ofrecía. Fue la interpretación la que terminó compensando lo que el espacio negaba.

Mercedes García Molina

 

75 Festival Internacional de Música y Danza de Granada

Stile Antico

Obras de Clemens non Papa, Josquin, De la Rue,  Gombert, Ceballos, Morales y Crécquillon

Colegio Mayor Santa Cruz (Granada), 1 de julio de 2026

 

Foto © Alex Camara

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