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Crítica / Klaus Mäkelä inaugura la temporada de la Orquesta del Concertgebouw - por Agustín Blanco Bazán

Amsterdam - 25/09/2026

La Orquesta Real del Concertgebouw y su director designado Klaus Mäkelä abrieron la temporada 2026-2027 con un concierto de excepcional calidad interpretativa en la legendaria sala de Amsterdam, tal vez la mejor entre las tradicionales europeas por la lubricada redondez de una acústica exenta de la menor sequedad que permite una inigualada combinación de calidez y diferenciada claridad sonora.

Sus características de reverberación prolongada (2.2 segundos a sala llena) la hacen particularmente adecuada para el repertorio romántico, algo que ayudó a una modélica interpretación de la Sinfonía n. 1 de Schumann en la primera parte. El inicial despliegue de metales en el andante un poco maestoso fue seguido por el difícil cambio de ritmo al allegro molto vivace ejecutado con espontánea fluidez. El larghetto fue interpretado con pulso más bien urgente, algo que facilitó otro pasaje difícil, el del segundo movimiento sin solución de continuidad al Scherzo del tercero. En el movimiento final el poco a poco acelerando de la coda fue graduado como un gigantesco sforzando hacia un implacable y exuberante punto final.

En la segunda parte, Mäkelä y la que es ya su orquesta (asumirá oficialmente su titularidad en 2027) conmovieron a un público catapultado a un aplauso de pie no bien terminada la ejecución con una antológica Sinfonía Fantástica de Berlioz. Una grabación en vivo en la Concertgebouw de esta obra dirigida por Bernard Haitink en 1979 exhibe una interpretación más compacta y germánica que la de Mäkelä, que es rebosante por su afrancesada transparencia y su agilidad y brillantez cromática.

Ello desde el interrogante de los crescendos de violas en el canto espressivo de “Rêveries – Passions” hasta los trémolos, pizzicato y sfozando de cuerdas que apoyaron el expresionismo extremo de la famosa danza de clarinete en la “noche de Sabat” del último movimiento. El vals del segundo fue de una intensidad a la vez sutil y bien marcada y de una transparencia que permitió descubrir la inquietante premonición dramática en las cuerdas bajas.

De similar transparencia fue, en el tercer movimiento, el contraste de segura nitidez entre las cuerdas y el diálogo de cor anglais y oboe que en medio de una inquietante pastoral pareciera anunciar premonitoriamente la "Marche au supplice" del cuarto movimiento. Aquí Mäkela se diferencia del enérgico pesante que imponía Haitink con algo totalmente distinto, esto es, con una incomparable combinación de intenso marcado y levare. Fue en este punto, la ejecución su cima interpretativa por riqueza rítmica y contraste de dinámicas.

El próximo mes de febrero las audiencias de Barcelona, Madrid, Sevilla, Valencia, Zaragoza, Gran Canaria y Tenerife tendrán oportunidad de apreciar a Mäkelä y la Orquesta del Concertgebouw en estas dos obras y otras de Sibelius y Beethoven. Ello en circunstancias acústicas diferentes a la de Amsterdam pero con similar excelencia artística.

Agustín Blanco Bazán

 

Orquesta Real del Concertgebouw / Klaus Mäkelä.

Robert Schumann: Sinfonía n. 1 “Primavera”; Hector Berlioz: Sinfonía Fantástica.

Amsterdam, viernes 18 de septiembre de 2026 (Concertgebouw)

 

Foto © Eduardus Lee

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