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Crítica / Buenas intenciones y mejores resultados - por Justino Losada

Madrid - 28/09/2026

Tras un apabullante comienzo de temporada con una proverbial interpretación de la Sinfonía No. 2 de Gustav Mahler, proseguía Kent Nagano con el segundo de los programas de conciertos como director titular de la Orquesta Nacional de España. Con un diverso plantel de músicas que bien ejemplifica su versatilidad como director y sus intenciones en torno a la programación, la ONE y Nagano propusieron una primera parte dedicada al Concierto para violín de Sibelius junto a la violinista alemana Veronika Eberle, y la presentación en Madrid de Nostalgia of Light, Yearning for… de la gerundense Núria Giménez Comas junto a la Sinfonía No. 7 de Beethoven en la segunda parte ante un lleno absoluto de público en la sala sinfónica del Auditorio Nacional este pasado viernes.

Estrenado con indiferencia en Helsinki en 1904 y con rotundo éxito en Berlín, tras una completa revisión en 1905, el Concierto para violín de Jean Sibelius, se ha convertido en una de las cimas del repertorio concertante. Obra compleja, no solo por las demandantes capacidades técnicas de los instrumentistas sino, también, por el amplio rango emocional que precisa, fue defendido por la violinista bávara Veronika Eberle, que con extrema concentración –apenas levantó la mirada del suelo durante toda la interpretación- nos regaló una lectura rica en matices expresivos gracias a su potente y bruñido caudal sónico, algo oscuro y de buena proyección, escaso legato y, eso sí, de un rubato elegante sobre una notable articulación.

Así, Eberle pasó de un lírico e intimista -no generosamente arrebatado- primer movimiento a un ensoñador Adagio di molto, y a la diabólica danza final junto a un empático Kent Nagano que se esforzó en crear la atmósfera que permitió llevar a la violín solista en volandas con un acompañamiento de enorme rango dinámico y un hondo, cálido y flexible fraseo. Ello permitió, también, una coloración más terrea del sonido por parte de la Orquesta Nacional, dispuesta de nuevo de forma antifonal en la sección de cuerdas para resaltar contrastes tímbricos además de sus notables prestaciones. Tras las merecidas ovaciones, Eberle salió del escenario sin ofrecer propina alguna.

Como apunta Pablo Rodríguez en las notas del concierto, la búsqueda de una idea luminosa de sonido es la generatriz de la música de 2021, Nostalgia for light, Yearning for…de la compositora gerundense Núria Giménez-Comas. Música que, inspirada remotamente en The sorrow of Love del irlandés William Butler Yeats, y de proyección, creemos, metasinfónica, al advertirse la influencia de la electroacústica que bien domina la compositora llevada aquí a la formación orquestal, deviene en una creación plasmada como continuo sonoro de naturaleza espectral. Trazada mediante cuidadosas transiciones entre iridiscentes juegos tímbricos que proceden del sonido frotado del crótalo, la obra crece y decrece de murmullos a constelaciones de texturas ricas en registros agudos, acusando numerosos glissandi que se concatenan con burbujeantes respuestas de metales y percusión temperada. Tras un clímax sinfónico en el que el violín y la trompeta son protagonistas, el atisbo melódico y unos acordes, claramente reconfigurados y provenientes de la Sinfonía No. 4 de Brahms, concluyen una obra de ascético sonido no lejos del mundo sonoro de Messiaen, como apuntara Ismael González Cabral en las notas de la grabación que la OBC realizara de esta música.  La agógica flexible y lírica de Nagano ante Sibelius, adoptó una disposición más precisa, de gestualidad firme y, sobre todo, un claro concepto sonoro que primó la cambiante atmósfera de la afrancesada música de Giménez-Comas en una interpretación de altura con una entregada ONE de maleable empaste.

Mucho se ha escrito sobre la séptima sinfonía que Ludwig van Beethoven terminara en 1812 –en pleno marco bélico napoleónico- y que presentó de forma exitosa en la Viena de 1813, durante un concierto benéfico para soldados heridos en la batalla de Hanau. Partitura de ritmo e ingenio arrollador, la Sinfonía No. 7 es uno de los hitos del repertorio que Nagano presentó en un concepto equiparable al de su registro grabado para Analekta, si bien, se observó un mayor reposo en el Poco sostenuto introductorio que se contrastó con el Vivace lo que, si por un lado restó ímpetu, añadió una lógica conductora que lanzó la interpretación a un objetivismo que, además de incluir todas las repeticiones, no escrutaba la trascendentalidad con la que ha ido creciendo esta música hasta nuestros días.

Hacia esa visión directa se conjugaron las influencias de las interpretaciones históricamente informadas, palpables en la exención de vibrato, la claridad de planos instrumentales y una tendencia a recoger las frases que aviva la precisión rítmica, pero también, un lirismo discursivo que se hizo patente en el Allegretto, construido con firmeza y revelado con cierta tintura gótica por Kent Nagano que fraseaba en su medida para que la música se desenvolviera con orgánica naturalidad. Más musculados y eléctricos fueron el scherzo y el concluyente Allegro con brío, resueltos de un trepidante y ligero trazo que también prestó atención a la lógica interna de sus transiciones y a la riqueza polifónica que los cimenta.

De este modo, Nagano supo extraer matices y detalles a una Orquesta Nacional de España que, respaldada por un público que llenaba la sala sinfónica del Auditorio Nacional, está dando lo mejor de sí en unos conciertos de inicio de temporada que, de una manera u otra, marcan un antes y un después en su historia.

Justino Losada

 

Veronika Eberle, violín

Orquesta Nacional de España / Kent Nagano

Música de Sibelius, Giménez Comas y Beethoven

Orquesta Nacional de España. Temporada 2026/2027

Auditorio Nacional, Madrid

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