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Críticas seleccionadas de conciertos y otras actividades musicales

 

Crítica / Juan Floristán: Béla Bartók, apabullante planteamiento de precisión - por Ramón G. Balado

Santiago de Compostela - 01/04/2026

Espellos sonoros como encabezamiento del programa de la Real Filharmonía de Galicia en el que Juan Pérez Floristán fue solista del Concierto para piano nº 2 de Béla Bartók bajo la dirección de Baldur Brönnimann, en una sesión que incluyó en la serie Cometa, una pieza de J.Mª Sánchez- Verdú, compositor del que suelen programarse obras suyas en convocatorias dedicadas a repertorios de nuestro tiempo, para completar con la Sinfonía en Re m. de César Franck. Juan Pérez Floristán, educado en un ambiente familiar de músicos profesionales, estudió en la Escuela Superior Reina Sofía con Galina Eguiazarova y en la Hochschule für Musik Hanns Eisler Berlin, con Eldar Nebolsin, magisterio que ampliará con maestras como E. Leonskaia, Ana Guijarro o Javier Perianes, obteniendo galardones como el Premio Paloma O´Shea de Santander (2015) o el Arthur Rubinstein (2029). Publicó recientemente un trabajo (Algo) ritmo, modelo de su evolución reciente con obras de G.Ligeti, las Danzas argentinas, de A. Ginastera y los Cuadros para una exposición de Mussorgski.

Sánchez-Verdú es compositor imbuido de una profunda mediterraneidad con evidentes trabajos como Quabiyyat; la incorporación de cuidadas ornamentaciones en Maqbara, procedentes de ancestrales liturgias ibéricas; los ritmos y timbres de raíces islámicas que hallamos en Quasid 7; los acentos trabajados para ocho chelos, en Arquitecturas de la ausencia, forjando un estilo propio desde el signo artístico de las vanguardias y con influencias de las periferias de las mentadas procedencias del Al-Andalus, en las que no están ausentes las tomadas de Luigi Nono o Feldman e incluso de H.Lachenmann. La ópera Aura nació a través de un texto de Carlos Fuentes, con ciertas influencias de Luigi Nono en su obra Prometeo al vertebrarse el drama a partir del comportamiento del sonido en sus múltiples variantes sobre un texto simplificado que se diluye en un resultado casi imperceptible. Esa voz que se transfigura en una especie de Sprechgesang, dejando en un lugar secundario a la propia orquesta. Una idea de acercamiento a este compositor en primera línea de nuestros creadores. Su pieza Cárcel de amor, tomaba como motivo de inspiración a Diego de San Pedro, y se movía en un imaginario elaborado sobre una trama única continua entre fluidez de líneas persistentes que creaban un juego de libertad, apoyado por un ostinato en forma de un breve recorrido que definía la intención de la obra.

Béla Bartók -Concierto para piano nº 2-, completado en 1931 en Suiza, seduce por su entusiasmo y riqueza de invención además de su versatilidad en cuanto al acompañamiento orquestal, obra que se estrenará en Frankfurt dos años después bajo la dirección de Hans Rosbaud y con el autor como solista. Obra que comenzó por el Allegro que se imponía dentro de un esquema clásico que planteaba una desarrollo con recapitulación, sobre primeras ideas rítmicas a veces tensas y cargadas, aunque más contenidas que en el precedente, con seguridad más recargada, apareciendo todos los temas invertidos en la recapitulación y con una coda que se usa de forma retrógrada, un rigor que definía su absoluta originalidad.

El Adagio-Presto-Adagio, elegía nocturna, quedó como ejemplo de su curiosidad creativa por los secretos que aparentemente oculta, distanciándose de imaginables actitudes agresivas en su alternativas, entre ellas ese Adagio que abre el tiempo, con sus quintas superpuestas tratadas en pianissimo, por los instrumentos de cuerda en compases que implicaban un aspecto misterioso y hasta solemne y un motivo melódico al teclado a modo de improvisación de timbres en glissandi, ofreciendo una cascada de aceleradas escalas a veces cromáticas. El Presto, sirvió un aire de tocata sobre un fondo puntillista de la orquesta, merced a los instrumentos de cuerda entre fusas pianissimi con notas picadas. Sutilezas de superposiciones de escalas mayores y pentatónicas que presumían el estilo de los modos magiares.

El Allegro molto, en forma Rondó, se relacionaba con primer tiempo, partiendo de los mismos sujetos que se transforman con el añadido de uno nuevo que les encuadra a todos, siempre el virtuosismo percusivo del solista acapara el absoluto protagonismo de la obra sobre temas que reaparecen en la recapitulación. La escritura de Bartók, apunta a timbres precisos y secos, sin demasiadas concesiones a la variedad del ataque, influyendo de manera decisiva en su técnica: la austeridad extrema de su ataque, se muestra en sus sonoridades simples y depuradas, viendo en el piano un medio de expresión privilegiado para alcanzar esa expresión simple y sin concesiones.

Para el autor, este Segundo concierto en cuanto a su forma, sigue el estilo de la sonata clásica especialmente en los movimientos extremos pero dejando en evidencia que desde los comienzos explotaría su talento multiforme de modo totalmente distinto y apasionándose por la actividad pedagógica ya que estaba volcado en el estudio a fondo de las formas tradicionales folklóricas de su entorno cultural, desde el canto a ejemplos como las dazas rumanas, eslovacas o serbocroatas acercándose sin temor a las tradiciones húngaras y de los países árabes, siempre en busca de una genuina autenticidad de las músicas tanto cultas como populares en riesgo de desaparición, no resultando extraño que su estilo interpretativo rechazase refinamientos pretendidamente aristocráticos que el instrumento había adquirido a lo largo del siglo XIX. Su concepción de la sonoridad, se mostraba en esa voluntad de alejamiento en obras como el Allegro Barbaro o en algunas bagatelas que anuncia un futuro previsible.

Perez Floristán trató la obra con apabullante precisión de concepto dentro de la asunción de matices expresivos y métricos lo que contribuyó a la entrega en respuesta por parte de los asistentes, ofreciendo como bis El abeto nº 5, del Op. 75, de J. Sibelius.

César Franck - Sinfonía en Re m.-, espacio sonoro en la línea de Saint-Saëns, D´Indi y Lalo, en obra que se acepta como testimonia, y de la que la RFG nos ofreció una lectura ciertamente idiomática desde el Lento-Allegro non troppo, forma de sonata compleja con el tema testimonial hacia ese Allegro latente superponiendo el desarrollo del grupo de sus tres secciones claramente determinantes en un enfrentamiento de opuestos y que se decidía en su desarrollo dentro de una respuesta enérgica y contundente, siempre en respuesta a lo presumiríamos como pretensión del compositor, un postrománticismo que basculaba entre las imitaciones wagnerianas menos deseadas en su posicionamiento y el modelo de los impresionistas franceses, una herencia de la que no podía prescindir.

Un compositor organista por oficio, aportaría ideas que encontraremos en su única obra sinfónica, en la que el segundo tiempo Allegretto, se propondría como una especie de cortejo de épocas ancestrales y en el que el solo del corno inglés otorgaría un importante colorido expresivo, preparando la entrada del Allegro non troppo, tiempo que se valoraría por su talante cíclico, que remitía a motivos de ideas precedentes. Un curioso cambio de programa, que por necesidad de equilibro, según Brönnimann, justificaba prescindir de la anunciada Sinfonía nº 2, (Le Double), de Henri Dutilleux.

Ramón García Balado

 

Juan Pérez Floristán

Real Filharmonía de Galicia / Baldur Brönnimann

Obras de J.Mª Sánchez-Verdú, Béla Bartók y César Franck

Auditorio de Galicia, Santiago de Compostela

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