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Crítica / Jader Bignamini, una sustitución bien resuelta - por Juan Francisco Román Rodríguez

Las Palmas de Gran Canaria - 03/11/2026

Jader Bignamini sustituyó al inicialmente previsto Constantinos Carydis al frente del programa de abono de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria, que mantuvo el contenido inicialmente previsto, Sinfonías nº 4 de Beethoven y Brahms.

Históricamente la Cuarta de Beethoven se ha visto perjudicada en la apreciación general por su situación en el corpus sinfónico de su autor, enmarcada entre las monumentales Tercera y Quinta. Su carácter menos rompedor, respetuoso de las formas clasicistas heredadas de Haydn y Mozart, y la atmósfera optimista que desprende, lejos de las tempestades desatadas de sus dos compañeras de catálogo, han impedido durante muchos años apreciar sus innegables bellezas y una cierta subversión del canon clásico que la recorre.

Jader Bignamini optó por utilizar instrumentos modernos, obviando trompetas y timbales de época, en los últimos tiempos inseparables en el Beethoven de nuestra orquesta, con una cuerda no muy amplia: 10/8/7/6/4, junto a parejas de maderas y metales, salvo la solitaria flauta y el timbal, ofreciendo una lectura certeramente articulada, desde unos tempi vivos pero racionales que permitieron el despliegue de los desarrollos sin forzamientos, evitando las retenciones excesivas, haciendo uso de una marcada pulsación rítmica que sustentaba todo el andamiaje sinfónico.

Con estos planteamientos resultaron beneficiados los movimientos extremos, expuestos con energía y cuidado por la claridad contrapuntística, puesta en peligro, especialmente durante el primer movimiento, por las intervenciones del timbal, luego más contenido por la batuta, frente al segundo movimiento, fraseado con intención y sobrio legato, al que no habría venido mal algo más de reposo para desplegar todas sus posibilidades. Aunque el sonido obtenido fue plenamente Beethoveniano, con especial atención a la cuerda grave siempre tan privilegiada por el alemán, eché en falta el componente lúdico que impregna toda la pieza. Bignamini optó por un Beethoven excesivamente ceñudo, sin esa atmósfera hedonista que el de Bonn prodigó en esta obra. 

La Cuarta Sinfonía de Brahms cierra un corpus sinfónico personalísimo, que bajo la mirada de Beethoven, especialmente en su Primera Sinfonía, supo crear un recorrido diferenciado por la forma sinfónica, que al igual que su modelo bethoveniano, respeta y a la vez subvierte el esquema sinfónico y la forma sonata que lo sustenta, privilegiando la forma del tema y variaciones a la vez que aporta unos temas personalísimos y un colorido orquestal de pátina oscura y cálida, inconfundibles.

Bignamini la afrontó desde presupuestos parcialmente similares, tempi más bien movidos regulados por un rubato más amplio, que posibilitaron el libre despliegue de los sinuosos temas, con apreciable claridad en la conducción de las diferentes voces, obteniendo un sonido terso y profundo, especialmente de una sección de cuerdas en plena forma y unas maderas especialmente acertadas tanto en sus solos como en el desempeño conjunto de la sección. Al igual que en Beethoven, resultaron mejor plasmados los movimientos rápidos, especialmente el primer movimiento, donde asistimos a un despliegue progresivo y coherente del tema principal o un Scherzo especialmente contundente, frente a un Andante moderato que habría requerido de algo más de amplitud en los tempi y una mayor delectación en la exposición de sus temas o un cuarto movimiento donde no todas las variaciones fueron expuestas con el mismo acierto. Frente a la adecuada solemnidad inicial de los impecables trombones escuchamos una variación de la flauta que no terminó de calar en el carácter extático que la caracteriza. El punto más discutible lo aportó una sección de trompas en sorprendente baja forma, especialmente en los dos primeros movimientos, lejos del nivel a que nos tienen acostumbrados.

Juan Francisco Román Rodríguez

 

Orquesta Filarmónica de Gran Canaria / Jader Bignamini.

Obras de Beethoven y Brahms.

Alfredo Kraus. Las Palmas de Gran Canaria.

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