El tercer programa de esta AUDACIA de Temporada Orquesta Sinfónica de Castilla y León en su sede vallisoletana, teniendo a Shostakovich y Rachmaninov, protagonistas ambos con obras en La m.: Concierto para violín y orquesta nº 1, op. 77 y Sinfonía nº 3, op. 44 que se jugaban por quinta y cuarta vez, respectivamente, en la ya amplia trayectoria de la OSCyL. Para su Dirección se invitó a Delyana Lazarova (Plovdiv, 1985), en su presentación en Valladolid; Principal invitada de las Sinfónicas de Utah y BBC de Escocia, ganó en 2020 los Internacionales de Dirección “Siemens Hallé” y “James Conlon” en el Festival de Aspen. Y como solista de Violín a la actual Residente en la OSCyL, Midori.
El repertorio elegido presentaba serias dificultades. El La m. en tan dispares visiones de la música rusa, tan sólo 12 años de diferencia entre ambas creaciones, obligaba a la debutante Lazarova a hilar muy fino y escoger criterios interpretativos claros, permitiendo la atmósfera seria e íntima que la tonalidad exige y no caer en lo repetitivo. Felizmente, la búlgara demostró estudio y dominio de las partituras, gesto limpio que le permite anticipar y “dar todo”, expresividad para pedir y obtener variadas respuestas dinámicas y de matiz, buen gusto sin forzar y con sentido del ritmo, produciendo un sonido grato y homogéneo y muchos momentos de auténtica belleza y emoción.
También destacada violinista, halló en Midori excepcional colaboradora para el Concierto nº 1 de Shostakovich, obra de posguerra, que se esperaba triunfal al cantar el heroismo del ejército soviético, pero que planteó como obra casi de cámara, celebrando sí el final del conflicto, pero mostrando además la terrible situación que se había generado para su País. Escrito entre 1947-48 y dedicado a su amigo David Óistraj (colaboró en su factura como excepcional violinista que era), que lo estrenó en 1955.
El Nocturno inicial, breves cellos y contrabajos anuncian la larga línea sombría y meditativa que el violín traza, en la que Midori, con concentración y tensión increíblemente íntimas, sembró ya emoción mantenida en la Sala durante sus tres secciones, con la óptima colaboración de maderas, arpas, timbales y cuerdas graves. Sarcasmo, rítmica y diabluras típicas del autor surgen en el Scherzo, su “motivo DSCH” (Re, Mib, Do, Si, constituyen su firma en notas), con una sección allegro que visualiza la agricultura y llanuras del Volga, para entrar en el mundo barroco, a su manera, con una passacaglia en Fa m., donde cellos y contrabajos introducen un tema noble y solemne de 17 compases hasta el tutti, que se produce fúnebre en los timbales, y la solista, sobre el bajo de la tuba, traza una hermosa melodía, en uno de los instantes más bellos del Concierto, con sus variaciones tristes que subrayan las maderas y el leve redoble del timbal que la cierra.
Y por si Midori no nos hubiese asombrado bastante, la partitura depara la Cadenza más larga escrita para violín solista de Concierto; su energía interior, su sonido natural perfecto de afinación nota a nota aunque las exigencias técnicas sean máximas, su color y gran expresividad, llevaron deslumbrantes a atacar la Burlesca final, con el brío del folk ruso no citado, pero sí presente en sus ritmos de danza marcados por las percusiones y los veloces ostinato, destacado el viento madera y, ¡cómo no!, el virtuosismo de la violinista con sentido musical lejos del puro exhibicionismo, brillante el presto como colofón.
Lazarova y sus músicos, excelentes, concertando con la solista con precisión de tempo y ánimo, provocaron la explosión del público, que llenaba la Sala, en aplausos y ovaciones, recogidos en múltiples salidas de Concertista y Directora y Orquesta en pie, pues todos dieron una versión sobresaliente.
La Sinfonía nº 3 de Rachmaninov (1935-36), última de las que escribió, es obra de madurez que combina el sentir del pueblo ruso con una orquestación más moderna (sus viajes como pianista le ayudaban a escuchar cuanto se producía fuera, aunque le impedían continuidad en la composición), transparente y emocional. En esa línea la leyó adecuadamente Delyana Lazarova, huyendo de todo efectismo posible, procurando dar sentido profundo a sus tres movimientos ficticios pues en el segundo se unen Adagio y Scherzo.
Clarinetes y cellos, más la trompa con sordina, inician el Lento como un canto llano, que se constituirá como lema de toda la obra; hay un lirismo tornado dramático con distintas texturas que proporciona el significativo uso del contrapunto, hasta el retorno del lema en pizzicati de cuerdas, trompeta y trombón bajo. En el Adagio, trompas y arpa cantaron con nostalgia el lema invertido, la concertino el segundo tema con tresillos y el tercero flauta y clarinete bajo, para pasar en el Scherzo, al buen trabajo de cuerdas ágiles bien preparado por Lazarova en la rápida y rítmica sección vivace, cerrada mirando al inicio de este movimiento doble, con arpa y pizzicati de cuerdas en el dulce lema invertido.
El Allegro final presenta una enérgica marcha rusa para cuerdas de ingenioso tema por su contrapunto, uso repetido y sutil del motivo del “Dies irae”, tan querido para el Maestro, una compleja Fuga y la vibrante Coda que deja la oscuridad y escucha un emotivo solo de flauta que se opone al reiterado lema. La versión fue mesurada, repoesada, variada en agógica, ritmo y dinámica y muy del gusto del Auditorio, dadas las ovaciones recogidas por Lazarova en su feliz debut.
José Mª Morate Moyano
Midori, violín
Orquesta Sinfónica de Castilla y León (OSCyL) / Delyana Lazarova
Obras de D. Shostakovich y S. Rachmaninov
Sala Sinfónica “J. López Cobos” del CCMD de Valladolid