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Crítica / Insula Orchestra en una inusual experiencia beethoveniana - por Agustín Blanco Bazán

París - 30/09/2026

La Insula Orchestra, una excelente agrupación de instrumentos de período fundada en 2012 por su directora artística Laurence Equilbey acaba de abrir su temporada 2026 en su lugar de residencia, el modernísimo centro cultural de La Seine Musicale, ubicado en una pequeña isla del Sena cercana al Bois de Boulogne. La agrupación es ya de una fama reconocida por agrupar Importantes solistas vocales e instrumentales en ciclos siempre programados con una narrativa innovadora destinada a introducir a sus espectadores a ángulos de interpretación musical novedosos, aún en el caso de obras archiconocidas.

Por ejemplo, este concierto de apertura es una continuación del ciclo Beethoven extended, un proyecto de reinterpretación de sinfonías y conciertos beethovenianos que agrupa a la Insula con su institución de educación musical paralela, la Insula Camerata en la ejecución de obras con orquesta extendida. Se trata de una alternativa ya existente en la época del compositor consistente en agregar a la dotación orquestal básica un grupo adicional literalmente llamado “de relleno” (ripieno) para incrementar la masa sonora en los tutti y los forte de los pasajes culminantes de un partitura. Es a través de esta adición que instrumentos de período con cuerdas de tripa y metales sin pistones logran incrementar la redondez y expresividad de una obra.

La Insula ya ha emitido una excelente grabación con orquesta extendida de las sinfonías 5 y 7, y espera culminar esta empresa con una grabación integral de las sinfonías beethovenianas el año próximo. En esta velada en vivo con el concierto para piano número 5 y la tercera sinfonía y en medio de las excelentes condiciones acústicas facilitadas por el maderamen total que cubre el interior de este auditorio, las dos Insulas trabajaron su Beethoven con excelente combinación de equilibrio y diferenciación sonora y como una alternativa a los estereotipos de sofisticación y brillantez de las súper orquestas modernas: éstas nos envuelven en una sonoridad a veces tan excelsa como alejada del origen creativo de obra. Una buena orquesta de instrumentos de período como la Insula no cae en la trampa de refugiarse en una teorización académica sobre un “sonido original”, sino que más bien busca penetrar en el pulso vital y el expresionismo a flor de piel inmediatos al proceso creativo del compositor. Con ello nos permite comparar y comprender mejor los orígenes y la evolución interpretativa de una obra.

En esta oportunidad fue posible apreciar la proximidad de ese Beethoven en lucha consigo mismo y su sociedad circundante a través de la intensidad de confrontación de dos de sus grandes obras. En el quinto concierto para piano esta lucha salió clara primeramente gracias a que en lugar de soslayarnos con la brillantez cromática de un Steinway contemporáneo que el compositor nunca pudo imaginar, el excelente pianista David Fray esforzó la relativa opacidad de un pianoforte Pleyel de 1901 hasta límites de expresividad e inmediatez seguramente más afines con la inspiración y expectativas del compositor. Particularmente enfática fue la idea de confrontación entre el piano y la masa orquestal ya a partir de los arpegios iniciales del primer movimiento y el gradual proceso reconciliatorio de solista y orquesta finalmente logrado en las armonías de la coda. La urgencia de tiempos impuestas por Equilbey no ahogó la claridad de contraste requerida para permitir texturas bien diferenciadas, y el adagio un poco mosso se convirtió en el centro fundamental de la obra gracias a un fraseo pausado y enfático, que en esta versión impidió esa tendencia tan común a reducir este segundo movimiento a un simple pasaje entre el allegro del primero y el rondó del segundo.

Es inusual escuchar una orquesta de instrumentos de período ampliada hasta una dotación de 79 ejecutantes en la Eroica, pero, de nuevo aquí, Equilbey lo encausó todo a través de un seguro marcado de tiempos y dinámicas. La doble dotación de cornos sin pistones desarrolló con nitidez y precisión sus difíciles pasajes en el Scherzo y la coda del Allegro Molto final. Y también los demás instrumentos de viento, en particular las flautas, se destacaron por su segura y cálida expresividad frente a los grupos de cuerda.

Equilbey destacó un talento de concertación general para integrar la orquesta de relleno a la principal sin alterar el progreso de volumen con abruptas transiciones del piano al forte. Ninguna amplificación salió forzada, sino por el contrario expuesta como una espontánea progresión de sforzandi hacia tutti acordes con la estructura básica de la partitura. Y en la coda final el contraste entre los piano de flauta fagot y cuerdas y el furioso presto orquestal que cierra la obra fue magníficamente coordinado por esta pletórica agrupación de instrumentistas. Momentos antes, todos ellos habían triunfado con similar asertividad en la marcial última variación que tan vibrantemente define el “heroísmo” de esta gran sinfonía.

La Insula orchestra y la Insula camerata continuarán este ciclo Beethoven con la Pastoral en febrero como parte de una temporada que incluye una integral de los conciertos brandeburgueses en octubre, y varios conciertos sinfónico-corales, por ejemplo, la Messa di Gloria de Verdi y el Stabat Mater de Rossini en enero de 2027.

Agustín Blanco Bazán

 

Insula Orchestra / Insula Camerata / Laurence Equilbey.

Programa Beethoven: concierto para piano número 5 (piano: David Fray). Sinfonía número 3 “Eroica”

Paris, viernes 25 de septiembre de 2026, Auditorium de la Seine Musicale.

 

Foto © Mario Le Sergeant 

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