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Crítica / Ingrid Cusido: sensibilidad al servicio del Mozart más humano - por Laura Galindo

Barcelona - 03/02/2026

El concierto celebrado el pasado 10 de enero de 2026 en el Teatre de Sarrià, en Barcelona, se convirtió en una de esas raras ocasiones en las que la música no solo se escucha, sino que se vive con intensidad compartida.

Bajo la atenta complicidad de la orquesta Ars Simfònica Jove dirigida por el maestro Josep Maria Sauret, la pianista Ingrid Cusidó ofreció una lectura de altísima categoría artística del Concierto para piano nº 23 en la mayor, K. 488, de Wolfgang Amadeus Mozart, confirmando su condición de intérprete excepcional y profundamente madura.

Mozart exige al pianista una cualidad que no todos alcanzan: la capacidad de unir una sensibilidad extrema con un perfeccionismo absoluto. Con tal afirmación significo que la escritura del Concierto nº 23, aparentemente diáfana, es en realidad un terreno minado de sutilezas, equilibrios y riesgos expresivos.

La Maestra Ingrid Cusido lo abordó con una inteligencia musical poco común, dejando claro desde los primeros compases que su propuesta se sustentaba en el respeto profundo al estilo y en una búsqueda honesta de la belleza sonora.

El Allegro inicial se desplegó con una elegancia natural, construida sobre un sonido cuidado hasta el último detalle. El fraseo, reveló una intérprete minuciosa, atenta a cada acento y cada respiración musical. Nada quedó al azar: el control del tempo, perfectamente ajustado a las indicaciones del compositor, evidenció ese perfeccionismo que no se percibe como rigidez, sino como una forma de amor profundo por la partitura. La interacción con las cuerdas de Ars Simfònica Jove fue ejemplar, logrando un balance transparente y flexible, donde el piano se integraba sin imponerse.

Fue, sin embargo, en el Adagio donde Ingrid Cusido alcanzó una dimensión especialmente conmovedora. Esta pieza, una de las más introspectivas de Mozart, exige una sensibilidad capaz de sostener el silencio tanto como el sonido.

La pianista lo entendió desde dentro: su interpretación estuvo marcada por un legato de exquisita continuidad, una dinámica contenida y una delicadeza que rozaba lo etéreo.

El público, absolutamente absorto, respondió con un silencio sobrecogedor, consciente de que cualquier gesto rompería la frágil atmósfera creada. En ese momento, la música parecía suspenderse en el tiempo.

El Allegro assai final devolvió la luminosidad y el carácter juguetón de Mozart, abordado con una mezcla perfecta de precisión y frescura. La digitación, ágil y limpia, mostró una técnica impecable, siempre subordinada al discurso musical. Cada pasaje rápido fue articulado con claridad cristalina, reafirmando esa cualidad perfeccionista que define a la pianista y que, lejos de frenar la emoción, la potencia.

La reacción del público fue inmediata y elocuente. Tras el último acorde, un breve instante de silencio —cargado de emoción— dio paso a una ovación prolongada y sincera, expresión de un reconocimiento que iba más allá del virtuosismo: el agradecimiento por una interpretación auténtica, profundamente sentida y artísticamente honesta.

La capacidad de Cusido para llegar a ese nivel de profundidad emocional no es fruto del azar. Pianista polímata, galardonada con primeros premios como mejor piano solo en más de veinte países europeos y americanos, su trayectoria internacional incluye escenarios de máximo prestigio como el Carnegie Hall de Nueva York. Esa experiencia se traduce en una seguridad interpretativa que le permite asumir riesgos expresivos sin perder jamás el control técnico ni el rigor estilístico.

Con esta actuación, Ingrid Cusidó reafirma su posición como una de las intérpretes más sensibles y rigurosas de su generación. Su lectura del Concierto para piano nº 23 de Mozart fue un ejercicio de equilibrio perfecto entre emoción y precisión, entre introspección y claridad formal. Una noche en la que la música habló sin artificios, guiada por unas manos que entienden el piano como un espacio de verdad.

Laura Galindo

 

Ingrid Cusidó, piano

Josep Maria Sauret, director

Arts Simfònica Jove

Obras de Mozart, Strauss y Radetzky

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