La segunda visita como director invitado de Rune Bergmann llevada a cabo por ADDA-Simfònica ha confirmado las buenas sensaciones que dejó en su presentación con la orquesta alicantina el 13 de abril de 2023 con una excelente lectura de la Sinfonía en Re de Cesar Franck. En esta ocasión ha dirigido un programa Mozart en la primera parte del concierto con la Obertura de la ‘Flauta Mágica’, K 620 y la Sinfonía 38 en Re, K 504, “Praga”, para alcanzar un destacado lucimiento en la segunda con la Primera Sinfonía en Mi menor, Op. 39 de Jean Sibelius, cuya música domina con singular asunción de concepto.
Con todo su bagaje operístico adquirido en sus años en el Teatro de Augsburgo se dispuso a imprimir ese particular aire dramático que tiene la trascendente ópera mozartiana despertando la energía que irradia ese carácter de idealismo simbólico hecho música y canto que tienen sus compases. La orquesta se plegó a sus indicaciones con una eficacia técnica y artística muy destacada llevando siempre el discurso a una tensión dramática determinante especialmente por los tres trombonistas que intervenían, alcanzando un particular efecto sonoro sacro que llevaba a augurar una excelente velada como finalmente resultó ser también en Sibelius, integrados también en el resto de la sección de metales.
Sin perder la tensión que requiere Mozart en su Sinfonía “Praga”, el maestro Bergmann afrontó su interpretación con gran disciplina técnica no exenta de cierta expansión de fantasía cinética en su gesto que la llevaba a mostrarla moderadamente apasionada en sus movimientos extremos, de manera más elocuente en el Presto final en el que hizo que la orquesta alcanzara toda su flexibilidad y capacidad técnica con una precisión de articulación realmente significativa, que llamaba la atención por la locución natural de su proceso discursivo. La corpulencia física del maestro quedó estilizada de alguna manera en el Andante central logrando ese aire de romanza al realzar sus pasajes contrapuntísticos con manifiesta profundidad expresiva.
El concierto subió de interés para el oyente en su segunda parte ante la lectura que hizo el maestro de la obra de Sibelius. Conocedor de la volatilidad emocional del particular carácter nacionalista que desprende el primer trabajo sinfónico del compositor finés, quiso asegurar el complejo concepto de la obra desde una depurada, en detalle, indicación de su contenido, ya puesto de manifiesto en el sobrecogedor solo de clarinete inicial por Jaume Ivorra, como después supuso llegar a la tonalidad que marca su armadura de manera casi sorpresiva en los acordes finales del Allegro energico que cierra el primer movimiento, concluyendo así la inestabilidad cromática que caracteriza esta primera parte de la sinfonía. Como contraste sensitivo, Bergmann acentuó la fantasía que contiene el segundo movimiento, un Andante, ma non troppo lento que sostiene la canción de cuna con la que se inicia, manteniendo ese clima a lo largo de su desarrollo como sustancial secuencia expresiva de su contenido musical que, en su alteración dinámica central, supo sacar lo mejor de los vientos de la orquesta alicantina así como las excelencias del solista de timbal, Salvador Soler, siempre atento en su función de catalizador e impulsor rítmico de la formación.
En el Scherzo este último proceso lo energizó el maestro para en su parte central, a modo de trío, hacer que la sección de viento madera fluyera de modo pastoral de manera destacada hasta llegar al Finale, que lo planteó como una lucha de contrapuestos elementos sonoros que, desde un sentimiento de anhelo y desesperanza quiso transmitir, consiguiendo uno de los momentos más logrados de la interpretación de la obra como es el canto protagonizado por la cuerda, liderada por la concertino invitada, también noruega, Anna Margrethe Nilsen, que se convertía en uno de los elementos sustanciales de esta interpretación verdaderamente idiomática de la orquesta ADDA-Simfònica, volviendo a conseguir un nuevo éxito en su imparable progresión artística.
Ante la emoción del público expresada en una cerrada ovación, el maestro Rune Bergmann, interpretando él mismo con una especie de cuerno hueco noruego conocido como bukkehorn situado en el Palco de la Reina de la sala sinfónica del auditorio, acertó al ofrecer una curiosa versión de canción de cuna que escuchó el gran compositor noruego Edvard Grieg a la joven Gjendine Slålien en una granja del macizo montañoso de Jotunheimen en 1891, y que incorporó como pieza final a su conocida colección Melodías populares noruegas, Op.66 con el título Gjendines Bådnlåt, que hizo las delicias del público. Posteriormente dirigió esta misma melodía a la mencionada concertino, que se prestó a cantarla con una excelente autenticidad estilística y expresiva voz natural, lo que llevó a aumentar la emoción en los asistentes al concierto.
José Antonio Cantón
ADDA-Simfònica de Alicante
Director: Rune Bergmann
Obras de Wolfgang Amadeus Mozart y Jean Sibelius
Auditorio de la Diputación de Alicante (ADDA), 23-I-2026
Foto © Christian Warren Ganser