Uno de los programas que más expectación despertaba dentro de la temporada de abono 2026/2027 de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria es el que nos ocupa. El motivo, que Elina Garanca abordaba por primera vez las emblemáticas 4 últimas canciones de Richard Strauss. La tradición las ha convertido en patrimonio de las grandes sopranos líricas straussianas, por lo que su abordaje por una mezzo es una rara avis. Para encontrar un paralelismo similar habría que remontarse a los años 80 con la gran Jessye Norman.
El principal hándicap para ella no está en tener las notas necesarias, que Garanca las tiene todas, sino en moverse constantemente en una zona más aguda de la que para ella es habitual, sin que el sonido suene forzado ni pierda calidez, homogeneidad y timbre.
Ya desde la primera de las canciones, Primavera, muy complicada por su insistencia en el agudo, se apreció una cierta contención y un cuidado extremo en la emisión, buscando que las reiteradas subidas al registro agudo no rompieran la línea de canto. Septiembre, de tesitura menos escarpada, le permitió recrearse en la calidez de su registro central, con cautelosos descensos al grave resueltos sin forzamientos. En la bellísima Al ir a dormir, con su amplio solo de violín al comienzo, excelentemente interpretado por el concertino invitado Erno Kallai, revolvió acertadamente el progresivo incremento de tensión de la parte final, aunque la amplitud de tesitura exigida y la rapidez en el paso entre registros extremos pudo con la homogeneidad del sonido, una de sus señas distintivas, con graves débiles y un agudo final un tanto seco. En Al ocaso, Garanca recreó las amplias frases legato, con un fraseo de gran aliento que no terminó de calar en el sentido último de la pieza. Con todo, se trataba de un primer acercamiento, la cantante está en el proceso de hacerse con estas canciones, ponerlas en voz y otorgarles todo su sentido: sucesivas interpretaciones deberían despejar la incógnita sin son piezas que vocalmente le van o no, aunque no dejó de sorprenderme que el personalísimo timbre de Garanca fue difícilmente reconocible en esta velada, incluida su participación en Falla.
El maestro Chichon, reputado acompañante, no supo contener a la orquesta, con lo que la voz resultaba frecuentemente sumergida en la marea orquestal. En las dos primeras canciones resultó imposible entender el texto, aspecto que mejoró en las dos últimas con una orquesta más contenida.
El sombrero de tres picos de Manuel de Falla se inscribía dentro de los homenajes que se le tributan al compositor gaditano por el 150 aniversario de su nacimiento. Chichon ha mostrado repetidamente su sintonía con la música española de forma que los múltiples temas de raíz popular estuvieron plasmados con acierto y sin distorsiones, en una lectura enérgica que primó el ímpetu por encima del refinamiento y el cuidado en los detalles, por lo que resultaron beneficiadas las danzas más espectaculares frente a las más recogidas, que hubieran precisado de un mayor reposo. Notable respuesta instrumental de la Filarmónica de Gran Canaria y una Garanca de excelente proyección y diáfana dicción española en su puntual desempeño.
El programa había comenzado con Timepiece de Cindy McTee. Encargo de la Sinfónica de Dallas para la temporada de su centenario y estrenada en el año 2000. La pieza, de unos nueve minutos, se basa en un pulso rítmico continuo, a modo de reloj, que sostiene toda la pieza, de atractiva orquestación, con un importante parte percusión, expuesta con buena mano por Chichon, en un repertorio poco habitual en él.
Juan Francisco Román Rodríguez
Elina Garanca, mezzo.
Orquesta Filarmónica de Gran Canaria / Karel Mark Chichon.
Obras de McTee Slatkin, R. Strauss y Falla.
Alfredo Kraus. Las Palmas de Gran Canaria.