Han coincidido en el tiempo junto al Tristan und Isolde que se publicará en breve en el número de RITMO de mayo, dos representaciones más dignas de mención, lo cual denota el fuerte músculo teatral de la ciudad de Frankfurt.
En la Volksbühne, teatro algo recóndito que tiene una programación variada, han ofrecido La Gran Duquesa de Gerolstein, opereta de 1867 que representó uno de los grandes éxitos de Offenbach en su dilatada y amplia carrera. Los medios con los que cuentan no son para que el dispositivo requerido por Offenbach se pudiera mantener, de manera que se ha transformado en una opereta de cámara para seis instrumentistas -flauta, clarinete-saxofón, trompeta, percusión, violonchelo y piano-, en un arreglo excelente de Rhodri Britton, que dirigió desde el piano, además de reducir los números corales a ser interpretados por dos voces, quizá un sacrilegio musical, pero para nada demeritorio de las intenciones escénicas de Offenbach. La obra se ha planteado escénicamente en clave de guiñol, de ahí que en la obertura ya presentaran un estado de la cuestión y resumen de los personajes en un teatro de marionetas, y que los cantantes tuvieran dos chapetas rosadas como uno de los elementos del maquillaje. La música de Offenbach sonó fresca y alegre, ya sabemos que en la opereta los dramas son siempre de mentirijillas, y el elenco se destacó por su capacidad actoral, siendo capaces de llevar con muy buen ritmo escénico todo el montaje. Si bien es verdad que desde el punto de vista lírico no eran las voces esperables, es decir, que no son cantantes de teatro de ópera, pues cantan sin impostar la voz y suenan a cabaré o teatro de variedades, también es cierto que la opereta aguanta bien este enfoque, partiendo de la base de que se cante con afinación. Además, contaban con un vestuario muy bien pensado para realzar lo estereotipado de los caracteres y muy original. Hay que destacar el trabajo de Sam Michelson como Fritz y de la Duquesa de Susanne Schäfer, que son los que más protagonismo tienen. El grupo de cámara estaba también en el escenario, en el lateral izquierdo, y Britton como director conoce bien los mecanismos de este tipo de espectáculos. Y dejamos para el final lo más importante, el público no paró de reírse desde casi el mismo inicio, y la sensación de que nos habíamos divertido, que es otro fin muy legítimo de la asistencia al teatro, fue cumplida con creces.
Dos días más tarde, la ópera de Frankfurt continuaba con su serie de representaciones de Written on Skin, de George Benjamin, cuya primera representación en Frankfurt ha sido el 1 de marzo de este mismo 2026. La ópera, con una enorme difusión desde su estreno en Aix-en-Provence en 2012, cuenta con muchos elementos de categoría para establecerse en el repertorio, no solo una música contemporánea que acompaña y explica bien la trama, sino un argumento novedoso, de Martin Crimp, capaz de originar diferentes escenas aptas para ser cantadas, quince en concreto, organizadas en tres actos, como el Wozzeck de Alban Berg, y que se interpretan sin pausa en un duración total de una hora y media, en esto también igual que Wozzeck.
La puesta en escena de Tatjana Gürbaca y su equipo es inteligente y caleidoscópica; no muestra solamente el habitual conflicto amoroso de un trío tan tópico de las tramas operísticas desde Trovatore hasta Pelleas, sino que también, partiendo de la base de la leyenda medieval del “corazón devorado” que sustenta la obra, hay una reflexión sobre el control del patriarcado, la sumisión, la sensualidad y la revuelta, la civilización y la explotación del mundo. Además, elude hábilmente una concreción temporal, de manera que nunca sabemos si estamos en el pasado o en el presente, a lo cual ayuda mucho el vestuario. Son solo cinco los personajes de este título y todos estuvieron a una altura considerable. Bo Skovhus es de sobra conocido por su carrera y reflejó muy bien la locura y crueldad de The Protector, aunque quizá el papel sea más adecuado para una voz con unos graves más rotundos. Elizabeth Reiter supo darnos a entender la dualidad de su personaje, Agnès, la mujer de The Protector, desde su indefensión inicial hasta su progresiva transformación en una mujer fuerte. El papel de The Boy, el ilustrador al que le encarga The Protector un libro con sus glorias, está cantado por el contratenor Iurii Iushkevich, el cual canta también el papel de Primer Ángel, y sorprende por su presencia justamente angelical, una presencia digamos asexuada. Pero vocalmente sin falla y con buena proyección. La orquesta sonó con flexibilidad y Erik Nielsen ordenó muy bien todas las texturas de la escritura moderna de esta ópera, acompañando y ayudando siempre a que el canto prevaleciera. El público, que llenaba la sala casi en su totalidad, aplaudió generosamente obligando a repetir varias veces el saludo final.
Jerónimo Marín
La Gran Duquesa de Gerolstein de Offenbach.
Sam Michelson, Fritz. Susanne Schäfer, La Gran Duquesa. Michael Quast, Prinz Paul. Detlev Nyga, Baron Pück. Alexander J.Beck, General Bumm.
Sarah Gross y Michael Quast, directores de escena.
Rhodri Britton, director musical.
Volksbühne im Grossen Hirschgraben, Franfurt.
Written on Skin, de George Benjamin
Bo Skovhus, The Protector. Elizabeth Reiter, Agnès. Iurii Iushkevich, First Angel/The boy. Cecelia Hall, Second Angel/Marie. Michael McCown, Third Angel/John.
Museum Orchester. Tatjiana Gürbaca, directora de escena. Erik Nielsen, director.
Ópera de Frankfurt, Frankfurt.
Foto: La ópera de Frankfurt continuaba con su serie de representaciones de Written on Skin, de George Benjamin, cuya primera representación en Frankfurt fue el 1 de marzo de este mismo 2026 / © Barbara Aumueller