Prosigue la frenética actividad de la presente edición del Festival Internacional de Arte Sacro de la Comunidad de Madrid en dos de sus espacios emblemáticos, la Basílica Pontificia de San Miguel y la Capilla del Palacio Real de Madrid, con dos programas bien distintos, pero igual de deliciosos.
La primera cita, la acontecida en Iglesia de San Miguel, corrió a cargo de uno de nuestras agrupaciones señaras de la interpretación historicista, fundado hace más de dos décadas. Nos referimos a Forma Antiqva, grupo asturiano formado por tres miembros tan necesarios como peculiares en nuestro panorama musical, los hermanos Aarón, Pablo y Daniel Zapico, y que ofreció un programa de concierto tan novedoso como interesante. Titulado Sancta Ovetensis, su música fue todo un merecido homenaje a las fabulosas músicas custodiadas en el archivo musical de la Catedral de Oviedo, y que felizmente rescataron en 2022 con la grabación de un disco que lleva el mismo nombre que el concierto. Las piezas que escuchamos son en mayor parte recuperaciones musicales del siglo XVIII y del interesantísimo autor Joaquín Lázaro (1746-1786). Natural de Aliaga (Teruel), Lázaro, tras ocupar el cargo de maestro de capilla del Pilar de Zaragoza y de la catedral de Mondoñedo. Finalmente obtuvo la maestría musical catedralicia de Oviedo, en donde permaneció hasta su fallecimiento.
La música que disfrutamos fue todo un verdadero tesoro redescubierto para todo el público madrileño. Fueron hasta cinco piezas llenas de hermosas melodías, con textos poéticos sacros y que mantienen un estilo reconocible de su autoría, tanto por la textura orquestal, que carece en la cuerda de la parte de viola, así como por la inclusión de un par de flautas. Asimismo, el tratamiento de los instrumentos, de la voz solista y de sus líneas melódicas, poseen una marcada personalidad propia.
Como música instrumental que situó en su contexto a la conservada en Oviedo, se escucharon autore como José de Nebra, Johann Adolph Hasse, José Castel, Vicente Baset y Nicolás Conforto. Estas funcionaron tanto como si de una obertura introductoria se tratase, bien engarzada por las modalidades escogidas, bien como interludios instrumentales que permitieron la reflexión tras las sacras músicas interpretadas, y que permitieron el merecido descanso de la soprano solista.
Precisamente comenzaremos hablando de las virtudes de Jone Martínez, quien demostró porqué se ha convertido en una figura imprescindible del panorama vocal español. La joven soprano vasca posee un timbre vocal de una belleza absoluta, pero además su impecable técnica vocal le permite un inteligente y poderoso control del aire que le permiten manejar a su antojo tanto los largos fraseos más dulces y reposados, hasta interpretar vivaces pasajes llenos de energía, aportando un generoso volumen sonoro que no empeña en absoluto su delicada y pura emisión. La clara diferenciación de los muy diversos caracteres contenidos en las creaciones de Lázaro tanto por su texto como por su estructura realzaron la variedad y la singularidad de estas partituras.
Forma Antiqva se presentó en la iglesia madrileña con una formación de un instrumentista por parte, esto es, dos violines, violonchelo, contrabajo, dos traversos, un archilaúd y un clave. Destacó sobremanera la enérgica y precisa dirección desde el clave de Aarón Zapico, que fue asimismo delicada o contrastante según lo requiriera la partitura, interpretada siempre según el carácter del texto que contuviera cada aria. Pudimos comprobar asimismo la excelente calidad de sus violinistas, Jorge Jiménez, concertino de la agrupación, y Daniel Pinteño. Ambos, como el resto de la orqueta, respondieron con una férrea y contagiosa disciplina las indicaciones de Zapico y mostraron su pleno y bello sonido en el instrumento. Debemos mencionar asimismo a los dos intérpretes del Traverso, Laura Quesada y Luis Martínez, quienes añadieron unos colores, sutiles y etéreos en cada participación.
El público, que llenó el aforo de la basílica mostró su entusiasmo tras las interpretaciones de esta fabulosa música tan nuestra que debe ser interpretada mucho más a menudo. Forma Antiqva y Jone Martínez se vieron obligaos a ofrecer como propina otra hermosa composición de Joaquín Lázaro.
El segundo de los conciertos que aquí les resumo estuvo a cargo de Hippocampus, experimentada formación que lleva ofreciendo conciertos desde el año 2000. El programa que disfrutamos en uno de los lugares más únicos de nuestro patrimonio arquitectónico, la capilla del Palacio Real, compartió con ella la extrema belleza y singularidad, en este caso musical.
Bajo el título de Jubilet tota civitas, nos deleitamos con delicadas joyas musicales únicas de una belleza simpar, que estuvieron centradas en la música sacra de cámara, para una o dos sopranos y bajo continuo, de uno de los compositores más fascinantes y geniales de la historia de la música, Claudio Monteverdi (1567-1643). El programa incluyó música exquisita de otros autores coetáneos al maestro de Cremona, como Luzzasco Luzzaschi o Sigismondo D’India, que comparten con él estilo, técnica y sensibilidad artística.
Debemos comenzar obligatoriamente por comentar la unicidad y la extraordinaria calidad musical de las dos sopranos partícipes de la velada. Agnieszka Grzywacz actuó como la solista de registro más grave del concierto, demostrando una expresión tan natural como verdadera de los textos, confiriendo con una sincera convicción espiritual la dimensión sacra que estas creaciones poseen. Su pulcra técnica vocal reveló unos graves cálidos, generosos y en absoluta sintonía con el resto de la tesitura. Las melodías sonaron siempre impecables, a la par que el recitar cantando del seicento fue impecable. Para el recuerdo nos queda su interpretación de Exulta filia Sion, de Claudio Monteverdi, una de las joyas para voz solista de la velada.
La soprano Manon Chauvin por su parte, denotó su condición de soprano ligera, que complementó justamente a su compañera. El bello timbre de Chauvin es tan solo una de las cualidades formales de su voz, puesto que la luminosidad de su expresión y la dulzura de la generosa expresividad teatral que posee, convirtieron a este par de sopranos en unas inmejorables intérpretes de este repertorio. Chauvin demostró también su exquisito gusto en el desarrollo melódico de afinación y pulcritud soberbias.
El desempeño camerístico de las dos sopranos fue del mismo modo excelente. Ambas crearon un tándem único en las composiciones a dos voces, mediante un ejercicio de humildad y de generosidad al servicio de la música. En continuo diálogo musical, su equilibrio sonoro junto a la igualdad del fraseo y de la articulación, permitieron el disfrute absoluto de estas joyas de Claudio Monteverdi y de sus contemporáneos sin renunciar a su personalidad artística individual.
Hippocampus en esta ocasión se presentó como un bajo continuo por la propia naturaleza del programa. La calidad y la experiencia de cada uno de sus miembros conformaron un continuo sólido, exuberante y absolutamente respetuoso con las dos solistas. Los múltiples afectos que el texto demandaba fueron captados de inmediato, confiriendo un todo de constantes contrastes dinámicos, agógicos y de articulación. Debemos nombrar a cada uno de sus miembros por la gran importancia que desempeñaron sus aportaciones individuales al todo.
Así, la violonchelista Ruth Verona fue la instrumentista del bajo melódico: Es una absoluta delicia disfrutar del dominio técnico del instrumento, que conjuga belleza sonora con una musicalidad radiante.
En la sección armónica nos encontramos con la arpista Sara Águeda, de luminosidad y transparencia constantes y de una imaginación constante, quien fue el contrapunto perfecto al archilaúd de Ramiro Morales, quien destacó por la profundidad de su sonido y por los bellos sonidos graves, de hermosura realmente inspiradora.
Quien completó el trio de instrumentos armónicos fue Alberto Martínez Molina, fundador y director del ensamble, quien se comportó como un miembro más del bajo continuo, sin dar señales aparentes en la interpretación concertística de su imprescindible labor. Elaborando inteligentemente las armonías tanto en el clave como con en el órgano positivo, Martínez Molina completó la rica sonoridad del bajo continuo que, en constante respeto y diálogo con las solistas de un modo natural, y sin necesidad de un director rígido que limitara el discurso musical, lograron conjuntamente una exquisita conjunción camerística de estas obras.
Como respuesta a la gran ovación del público al finalizar el concierto, todos los intérpretes ofrecieron como propina una de las composiciones más deliciosas y expresivas de la Selva morale e spirituale de Claudio Monteverdi, su Salve Regina para dos sopranos y bajo continuo, que fue el cierre perfecto a esta velada, por la belleza radiante de su interpretación.
Simón Andueza
XXXVI Festival Internacional de Arte Sacro de la Comunidad de Madrid.
Sancta Ovetensis. Esplendor musical en la Catedral de Oviedo.
Jone Martínez, soprano. Forma Antiqva, Aarón Zapico, clave y dirección. 8 de abril de 2026. Basílica Pontificia de San Miguel, 20:00 horas.
Jubilet tota civitas. Salmos, motetes y cantos espirituales en la Italia del Seicento.
Manon Chauvin y Agnieszka Grzywacz, sopranos.
Hippocampus, Alberto Martínez Molina, órgano, clave y dirección.
9 de abril de 2026. Capilla del Palacio Real de Madrid, 19:30 horas.
Foto © Simón Andueza (Hippocampus) / © Enrique Payo (Forma Antiqva)